Hemos cambiado de mes en París y parece que llevemos un año aquí. Pero no, mañana se cumplen dos semanas de la llegada a una ciudad que no sé por qué le llaman la de la luz. París ha estado a oscuras estos días y hoy salvo la victoria de Garbiñe Muguruza, hemos tenido apagón total.

Nos ha tocado digerir hasta cinco derrotas sin tiempo. Unas más sorprendentes que otras, más previsibles, pero derrotas igual. Por momentos, ha parecido que la jornada no iba a salvarse de ninguna de las maneras, hasta que la número cuatro del mundo nos ha dado la única alegría del día.

Este tipo de jornadas son las más difíciles de gestionar. Muchas veces las derrotas no ocupan lugar, solemos centrarnos -cuando hay limitación de espacio- en aquellos que siguen vivos. Los que tienen opciones. Los que no se han ido. Pero al mismo tiempo, muchas de las reflexiones que hacen los que se despiden tienen más importancia que el típico “muy contento de haber ganado”.

Que Roberto Bautista haya salido de su partido ante Novak Djokovic con la sensación de que le ha podido “tratar de tú a tú” en momentos puntuales, es una victoria moral. Que Carla Suárez reconozca que se ha desesperado, ella que es calma absoluta, indica que todos podemos tener un mal día. Y que Albert Ramos todavía no pueda estar contento por sus magníficos cuartos de final aquí, dice mucho de su autoexigencia.

Ha caído también David Ferrer, siempre elegante en la derrota, dando el mérito absoluto a Tomas Berdych. Y también ha dicho adiós Marcel Granollers, que se despide con mejores sensaciones de las que llegó. Al final, de eso se trata. Sólo gana uno, pero que el resultado propio sirva de algo. Aquí pierden cada semana, por lo que una lectura positiva es vital para sobrevivir.

Y hablando de supervivientes, esta Garbiñe me recuerda muy mucho a la de Wimbledon 2015. Cauta pero segura. Ambiciosa pero realista. Y sobre todo, favorita. Aunque haga bien en no admitirlo.

  • Esperanza

    ¡Y los Superlópez, ganando a la pareja nº 1!

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