El gusano ruge como un león

Ángel G. Muñiz desde la ciudad de Madrid

¡Hola, soy Steps! Juego al tenis, pero me hubiese encantado jugar al hockey hielo. ¿Os acordáis de Jaromir Jágr? Es mi ídolo y tengo una camiseta suya que dice “Para mi mejor amigo, Jaromir Jágr 68″. Siempre ha usado ese número: en su camiseta, en twitter, en su autógrafo… Así recuerda la Primavera de Praga, la rebelión que intentó liberar a mi país en 1968, justo el año en el que su abuelo murió en prisión. Pero el mejor, The Great One, es Wayne Gretzky. Soy muy tranquilo y la mano sólo me ha sudado una vez en toda mi vida. Fue en julio de 2007. Fue en los pasillos del torneo de Los Ángeles donde le conocí. No supe qué decirle.

Soy familiar. Me preguntaron hace poco si había jugado algún partido con las gradas totalmente vacías. “Cuando era joven mis padres veían todos mis partidos, así que ¡siempre he tenido por lo menos dos espectadores!”, contesté entre risas. Mi padre siempre llora cuando gano partidos importantes y hoy he disfrutado mucho al abrazarle. Entre lágrimas, cómo no.

Soy irreverente. Algunos dicen que irrespetuoso por momentos. Mi tenis y mi personalidad son como mis camisetas: coloridas, arriesgadas y sin dejar indiferente a nadie. Talento y fiereza en el mismo recipiente. El león de Karvina, suelen llamarme los periodistas. A mí, que me hice famoso por celebrar mis primeras victorias como si fuese un gusano que se desliza por el suelo.

Soy supersticioso. No porque tenga manías, sino por lo que pasa con mis cordajes. No os lo vais a creer, pero siempre rompo la misma cuerda. No soy de los tenistas que cambian de raqueta cada nueve juegos. Al revés, normalmente juego los cinco sets con la misma, salvo que se rompa el cordaje. ¿Y sabéis qué? Siempre es la quinta cuerda, empezando a contar por la izquierda, la que se rompe. Siempre, de verdad.

Soy divertido. Dicen que cuento los mejores chistes del circuito. Y todos se ríen cuando me pongo a imitar a mis compañeros. Soy capaz de clavar a cualquier jugador que me proponga. Djokovic aprendió a mi lado y hasta hemos compartido escena en el vestuario de Adelaida.

Soy despistado. Pierdo mi acreditación casi cada semana y muchas veces he tenido problemas para entrar en los torneos. En cuanto llego al club aviso a los chicos de las acreditaciones para que vayan haciendo una copia de la mía. Por si acaso. Con las llaves de los hoteles lo llevo incluso peor. En el último llegué a perder ocho tarjetas. Cuando me veían acercarme a la recepción, no podían dejar de reírse. Ya sabían a lo que iba…

Soy fiable. Cuando Leander Paes me propuso que volviésemos a jugar juntos en dobles le puse dos condiciones: “Nos vamos a centrar en dos cosas. Primero, ganar el Abierto de Australia, porque nunca lo has ganado. Y segundo, ganar la Copa de Maestros. ¿Por qué? Porque nunca la has ganado”. Fue a principios de 2012 y en 28 días cumplimos la primera condición. Ganamos a los hermanos Bryan en Melbourne y levantamos el trofeo. “La energía que Stepanek tuvo en esa final asustaba. De verdad quería ganar ese partido”, escuché después. La Copa de Maestros se ha escapado de momento, pero ya la ganaremos. Por cierto, se va a enfadar Leander conmigo, pero si vais a la India, su país, tened cuidado al elegir hotel. Yo estuve hace años jugando un Challenger y la puerta tenía un agujero. Cuando me desperté había tres animales debajo de mi cama.

Y soy doble campeón de Copa Davis. Jugando los tres puntos a mis 34 años y formando un doble casi invencible con mi amigo Tomas Berdych. En ambas gané el quinto punto. El decisivo. Ayer en Praga, hoy en Belgrado. Me llaman Steps. Me llamo Radek Stepanek.

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