In Memoriam: Roddick y Ferrero

2012 fue un año épico para el tenis mundial, dotado de copiosas cargas emotivas y legendarias pero salpicado con algunos tintes nostálgicos. No todas las temporadas dos ex número uno del mundo cuelgan la raqueta y abandona el profesionalismo. Y menos cuando se trata de Andy Roddick y Juan Carlos Ferrero, cuyas despedidas han dejado huérfano al circuito de carismas y talentos difícilmente replicables en lustros venideros.

Desde una perspectiva apriorística y distante pudiera parecer que las biografías deportivas de ambos jugadores son antagónicas e incomparables. Sin embargo, las semejanzas son más latentes a medida que vamos acercando una lupa a sus currículos y ojeamos al detalle sus rebosantes vitrinas.

En el ocaso y amanecer del siglo veinte y con un lapso de 365 días de diferencia, los dos jugadores disputaron sus primeros partidos de Grand Slam en las instalaciones de Flushing Meadows. Y ambos perdieron en primera ronda ejecutando partidos de idénticas similitudes. Un combativo y todavía inexperto Ferrero consiguió en 1999 expoliar un set a Greg Rudsesky (octavo jugador del ranking) mientras que el jovencísimo Roddick aprovechó en el 2000 la Wild Card de la organización (era por entonces el 338 del mundo) haciendo sufrir a Albert Costa, al que llegó a arrebatar una manga. En ese momento era complejo vaticinar que poco tiempo después, estos dos impetuosos y talentosos chavales alcanzarían la cima del US Open para disputarse entre ellos la preciada corona neoyorquina.

Roddick y Ferrero disputaron sus primeros partidos de Grand Slam en el US Open

Si su bautizo en los Grand Slam gozó de ciertas similitudes, su fenecimiento profesional fue casi idéntico ya que ambos jugadores musitaron sus respectivos réquiems de despedida en sus hogares y con una diferencia de escasos 48 días. Un conmovido Roddick exhaló su último aliento tenístico en la Arthur Ashe en el día de su trigésimo cumpleaños ante Juan Martín del Potro mientras que Ferrero, turbado por las circunstancias, sucumbió ante su amigo Almagro en el Valencia Open 500

Hasta llegar a ese punto final, las carreras de ambos fueron recorriendo sendas paralelas durante los 12 años en los que compaginaron presencia en los Majors. Mientras el oriundo de Onteniente se desenvolvía con éxito en territorio arcilloso, el de Nebraska demostró una contundente solvencia en las circunscripciones de superficie dura. De hecho, antes de cruzar el umbral de la ATP, los dos Challengers ganados por el español fueron en tierra y los tres conquistados por el americano tuvieron lugar sobre pista rápida.

Ambos se retiraron en 2012, con una diferencia de escasos 48 días

Sus trayectorias se cruzaron en 4 ocasiones, siempre en cemento y siempre con desenlace feliz para A-Rod. Pero nunca las sensaciones fueron como la primera vez. En 2003, uno de los cañoneros más reconocidos de la historia del tenis ajustició con 23 aces a Juan Carlos en Flushing Meadows para adjudicarse el primer y único Grand Slam de su carrera. Aquel 25 de agosto el oriundo de Omaha cerró con un saque directo el encuentro, se llevó las manos al rostro y miró incrédulo y desconcertado a las gradas que con pasión le había llevado en volandas. Andy escaló por el futuro estadio techado, se abrazó a sus familiares y amigos y luego se fundió con la copa en un abrazo vinculante para toda la eternidad. En todo ese proceso, un elemento se mantuvo pasivo e inamovible sobre la cabeza del cañonero: su gorra. Una prenda que haría reconocible su figura durante más de una década en el circuito. Una prenda que fue testigo de sus triunfos en plazas ilustres como Montreal, Cincinnati o Miami y que le vio naufragar hasta en tres ocasiones en la final de Wimbledon ante Roger Federer. La hierba fue siempre un terreno propicio para su estilo de juego, pero las continuas injerencias del suizo en sus metas acabaron por convertirse en un suplicio harto cruento para Andy.

El dolor de la derrota por aquel aquella final del US Open no fue tan punzante para Ferrero, que tres meses antes ya había catado el dulce sabor de la victoria en un Grand Slam. En 2002, el valenciano cuajó en París un torneo memorable dejando en la cuneta a reputados especialistas en tierra como Coria y Gaudio y derrotando a ilustres favoritos como Agassi (cuarto del ranking) y Safin (número dos del mundo). Albert Costa, que ya había sido protagonista en la carrera de Roddick, apareció en el camino de Ferrero para arrebatarle la copa de los mosqueteros en la Philippe Chatrier. Por eso, cuando al año siguiente “El Mosquito” aterrizó en el aeropuerto Charles de Gaulle para disputar Roland Garros, lo hizo con el objetivo de no volver a España sin la preciada copa. Pero Costa volvió a interponerse en su camino en las semifinales. El duelo fue extremadamente parejo y de hecho los dos contendientes ganaron el mismo número de puntos (128). Ferrero supo lidiar mejor los puntos clave y se citó en la final con el desconocido Martin Verkerk. Este gigantón holandés, a quien nadie esperaba en la última ronda de París se presentaba con una hoja de servicios inmaculada, ya que su primera comparecencia en el cuadro final de un Grand Slam había tenido lugar apenas nueve meses antes en el US Open. Allí perdió (avatares del destino) precisamente ante Roddick, que le doblegó no sin apuros. En aquella final de París Ferrero no tuvo piedad y en 129 minutos ganó cómodamente ante Verkerk el único Grande de su carrera. Al igual que Andy, su único Major lo conquistó sin ceder un set en la final.

Al margen de sus vinculantes triunfos en Nueva York y París, el patrimonio y el legado tenístico de ambos es incuestionable. Ahora bien, su herencia y sus perspectivas de futuro parecen haber encaminado derroteros divergentes. Juan Carlos dirige el exitoso Valencia Open 500, sigue implicado en la formación de jóvenes talentos a través de su Equelite Sport Academy y desea ser algún día capitán de Copa Davis. Y de manera simultánea, Roddick observa y analiza desde su nuevo altavoz en la cadena FOX la crisis galopante por la que atraviesa el tenis norteamericano.

Una década después de aquella final del US Open 2003, la gala conmemorativa del 40º aniversario de la ATP volvió a reunir a Juan Carlos y a Andy. Sentados el uno al lado del otro, ambos volvieron a verse las caras y a asimilar el nexo que les une para toda la eternidad: Fueron números 1 del mundo, los mejores del planeta.

Ha pasado un año desde que ambos colgaron la raqueta. Ellos probablemente nunca olvidarán al tenis. Pero lo que es seguro es el que el tenis nunca les olvidará a ellos.

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