Heroínas: Steffi Graf

“Mi pasión fue competir y ser mejor. No necesité ninguna motivación de fuera’’.

Cada heroína del tenis tiene su marca personal y su historia particular. La leyenda de Steffi Graf es diferente al resto, y aunque compartió profesión con compañeras muy brillantes, lo que hizo no lo ha logrado nadie. Consiguió el Golden Slam: el Grand Slam y la medalla olímpica de oro el mismo año. Además, tiene el récord de todos los circuitos en semanas como número uno, 377, 186 de ellas consecutivas. Acabó con un 89% de victorias en su carrera: 900 partidos ganados por 115 perdidos.

Está en el top 4 de prácticamente todos los récords en tenis. Es la quinta y última jugadora de la historia en hacer el Grand Slam, por detrás de Don Budge, Maureen Connolly, Rod Laver y Margaret Court. Además, fue la única tenista, hombre o mujer, que consiguió todos los grandes un total de cuatro veces en dos décadas. Ganó 22 títulos de Grand Slam en individuales (cuatro Abiertos de Australia, seis Roland Garros, siete Wimbledon y cinco Abiertos de Estados Unidos), solo dos por detrás de Margaret Court. Además, consiguió uno en dobles, una medalla olímpica y 118 torneos de la WTA, de los cuales 11 son en la categoría de dupla.  Tiene 16 títulos Tier I en singles y uno en dobles. Es la tercera tenista de la historia que ha ganado más títulos en su carrera, por detrás de Chris Evert y Martina Navratilova. Además, por sus 22 grandes es considerada la mejor tenista en estos torneos desde el inicio de la Era Abierta en 1968. Llegó a otras 29 finales de Grand Slam, de las cuales 13 fueron consecutivas entre 1987 y 1990.

Tenía un gran servicio y una derecha potentísima. Su revés cruzado también funcionaba a la perfección y combinaba con su juego para completarlo. Fue una de las jugadoras más rápidas del circuito. Su excelente estado físico se debió siempre a los duros entrenamientos. Se diferenció del resto de jugadoras por su agilidad, resistencia y potencial para elevar el nivel en los puntos más complicados, pero sobre todo, sus ganas de ganar siempre.

Cuando se sentaba a ver un partido suyo, el público sabía que Steffi no iba a perder, la pregunta era cuánto tiempo iba a tardar en vencer a su oponente. Y casi siempre, la respuesta era poco. Sus mayores rivales fueron Martina Navratilova y Chris Evert, aunque venció a una gran cantidad de tenistas durante sus 17 años de carrera. También se enfrentó en 40 ocasiones con Gabriela Sabatini (29-15), la que fue su compañera en dobles en muchos éxitos. Se enfrentaron en tres finales de Grand Slam. La única que perdió Graf fue la del Abierto de Estados Unidos en 1990.

Otra de sus grandes antagonistas también fue Mónica Seles. En 1993, un fan de Steffi agredió a su rival durante un partido en Hamburgo, lo que la obligó a retirarse del circuito durante un año. Esa temporada, Steffi volvió a hacerse con el número uno.

Con su semblante de piedra, sin inmutarse, no mostraba sentimientos en la pista y jugaba los partidos como si de una máquina se tratase. Hacía su trabajo con precisión y perfección, con un único resultado. La ambición recorría su cuerpo y jugaba con un solo objetivo: ganar, para lo que ponía en la pista todo de lo que disponía, lo cual había conseguido con mucho trabajo previo.

Steffi era rapidez: corría rápido a por la pelota, a donde fuera, ganaba rápido sus puntos, y consecuentemente sus partidos. Tenía ganas de que la victoria llegase cuanto antes. Pero en todo momento disfrutaba de lo que hacía. Le encantaba su juego y amaba el tenis, pero no era cuestión de sus rivales, era cuestión propia. En la pista competía contra otras tenistas, pero en realidad estaba compitiendo contra ella misma. Steffi veía el tenis como algo extremadamente serio, y de ahí su actitud y sus resultados. Cuando perdía un partido, se encerraba en una habitación sin luz durante un par de días para reflexionar. Y cuando ganaba, no se paraba a celebrarlo. No había tiempo. Había que viajar porque empezaba otro torneo.

“Juego, set y partido Steffi Graf’’ fueron las palabras más repetidas en toda su carrera, y las que más atormentaban a sus rivales.

Stefanie Maria Graf nació el 14 de junio de 1969 en Mannheim, República Federal Alemana. Su padre era entrenador de tenis y encontró en ella una alumna brillante. Fue la única que siempre quería jugar. A los tres años comenzó a enseñarle las técnicas durante buena parte de su tiempo. Visto su gran interés por la raqueta, le regaló una de madera. Sus primeros pasos con ella consistieron en lanzar la pelota contra la pared de la sala de estar en su casa. Después, su padre, al salir de trabajar se iba con ella a entrenar. Aprovechó su gran talento y buena disposición para moldear a la campeona que llegaría a ser. Hizo los calendarios de torneos, preparó exhaustivamente los entrenamientos y estuvo cada minuto acompañándola. Quería que se convirtiera en número uno, y sabía que tenía todas las capacidades para lograrlo, por ello emprendió el camino con ella.

Más tarde, aunque Steffi tuvo otros entrenadores como Pavel Slozil y Heinz Guenthardt, él seguía controlando toda su atmósfera alrededor. Se convirtió en su manager, y no se tomaba decisión sin que hubiera pasado por él.

A principios de los años 80, la Federación Alemana de tenis sometió a extensas pruebas de capacidad física a sus deportistas de entre ocho y 12 años de edad. Steffi obtuvo el primer puesto entre todos ellos.

En 1981 ganó el campeonato junior alemán, además del torneo internacional para jóvenes Orange Bowl. En octubre de 1982, con 13 años, entró en el circuito profesional. Antes, había ganado el Campeonato Europeo junior. Su primer torneo en el circuito fue el premio de Filderstadt. Se convirtió en la segunda jugadora más joven de la historia en acumular puntos para la clasificación de la WTA. Entonces, dejó los estudios para dedicarse a tiempo completo al tenis. No ganó ningún título del circuito hasta 1986, aunque antes si llegó a alguna final. Durante sus primeros años como profesional, su éxito más destacado fue en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984. Entonces, el tenis era aún un deporte de exhibición. Este hecho marcó negativamente el hito de Steffi al convertirse en la participante más joven en ganar una medalla de oro.

Ese año llegó a la final del torneo de Stuttgart, pero perdió. En 1985 llegó también a la última ronda de Berlín, Nueva Jersey y Maybelline, pero no fue hasta el año siguiente cuando estrenó su palmarés. Esa temporada ingresó en el top 10 de la WTA sin haber ganado un torneo aún.

En febrero de 1986, con 17 años, se volvió a quedar a un paso de los títulos, esta vez en Cayo Vizcaíno y Miami. Los perdió ante Chris Evert, quien sería una de sus grandes rivales. En 1985 ya había sido derrotada por otra de sus históricas antagonistas, Martina Navratilova, pero las cosas iban a cambiar a partir de entonces. En abril ganó su primer título WTA precisamente ante Evert en Charleston. Seguidamente, ganó los torneos de Amelia Island, Indianápolis, Berlín, Nueva Jersey, Tokio, Zurich y Brighton.  En Roland Garros llegó a la final en dobles, junto a Gabriela Sabatini, pero Navratilova y Temesvari les impidieron coronarse. Sin embargo, ese año estrenó también su vitrina de trofeos en dupla. Ganó en Houston, Berlín, Tokio, Zurich y Brighton, junto a tres compañeras distintas.

Desgraciadamente, ese año sufrió una enfermedad que le impidió participar en Wimbledon y más tarde un accidente en el que se rompió un dedo del pie.

A pesar de tener la fortuna en contra, ganó ocho títulos el año que estrenó su palmarés, una buena manera de augurar lo que venía. Ya estaba formada como tenista y tenía todas las capacidades para llegar a lo más alto. Su concentración en la pista era absoluta. Durante los partidos, no podía existir absolutamente nada externo que distrajera a la que sería la mejor tenista alemana de la historia.

En noviembre, perdió el WTA Tour Championship frente a Navratilova, pero los resultados de las finales de los torneos entre ambas tenistas iban a revertirse pronto. Pasó del número seis del circuito en 1985 a terminar el año 1986 como número tres.

En 1987 comenzó el cambio. El régimen de Graf estaba iniciándose. Ganó 11 de los 13 torneos en los que participó. Hasta su primer Grand Slam se llevó los títulos de Boca Ratón, Miami, Charleston, Amelia Island, Roma y Berlín. En Roland Garros sorprendió a todo el circuito femenino ganando a su gran rival Navratilova en la final. Aún no había cumplido los 18. En dobles, se volvió a quedar en la final con Sabatini.

No pudo con la checa en las finales de Wimbledon y US Open, sin embargo, en agosto se hacía con el número uno mundial, que hasta entonces se habían turnado sus dos grandes oponentes.

Ganó también en Los Ángeles, Hamburgo y Zurich. Para entonces, Steffi ya se podía imponer a Chris Evert a menudo. Más tarde lo haría con Navratilova y el resto del circuito. En dobles, se hizo con el título de Amelie Island junto a Gabriela Sabatini. Para terminar la temporada en la que se coronó como número uno mundial, ganó su primer WTA Tour Championship frente a la argentina, su compañera de dupla. Durante tres años más ostentó el primer lugar en el ranking.

Los datos de Steffi eran más que prometedores. Aún sin cumplir la mayoría de edad auguraba una carrera sobresaliente. Pero lo que hizo el año siguiente superó cualquier expectativa.

Comenzó 1988 con un parcial estremecedor en el primer gran torneo. Tras haber llegado solo a tercera ronda en 1984, se hizo con su primer Open de Australia sin ceder un solo set. Solo perdió 29 juegos en todo el torneo. En la final venció a Chris Evert. Se llevó los títulos de San Antonio, Miami y Berlín antes del segundo Grand Slam. Allí la victoria fue impresionante. Un doble 6-0 en 32 minutos contra Natasha Zvereva le daba su segunda corona de Francia. Sin descanso llegaba a Wimbledon, donde Navratilova defendía seis títulos consecutivos. Si alguien podía frenarla, era la alemana. Y lo consiguió. Se coronó en hierba también, en individuales y en dobles junto a Sabatini, logrando su primer y único grande en dupla. No había tregua para Steffi. Antes del último grande, tuvo tiempo de parar en Hamburgo y Nueva Jersey para poner su nombre en los títulos.

En el US Open se impuso a su compañera de dobles en la final. Era la quinta tenista en toda la historia en acaparar los cuatro grandes en un año. Sin duda, su personalidad en la pista era muy similar a los otros grandes jugadores que lo habían logrado: concentración, esfuerzo, capacidad de sufrimiento y una sola meta.

Por si no era bastante entrar en el selecto grupo de los cinco, Steffi fue un paso más allá y logró lo impensable. El tenis mundial se rendía a sus pies cuando levantó el último grande del año. Había roto el biturno de Navratilova y Evert en el circuito para imponer solo el suyo. Pero quería más. Quería ganar todo lo que se hubiese inventado. La gota que colmó la temporada de Graf fue la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Seúl en octubre, frente a Gabriela Sabatini. Esta vez, el tenis ya era un deporte de competición más y esa medalla la elevó por encima de todo lo que estaba hecho con la raqueta hasta entonces.

Terminó el año con el título de Brighton. Se quedó en las semifinales del WTA Tour Championship, esta vez no pudo ser. En dobles había ganado en Miami en marzo.

Cuatro Grand Slam, uno en dobles, oro olímpico, dos WTA Tier I, cuatro títulos más del circuito, el número uno y un 96% de victorias en la temporada. Desde 1986 y hasta 1990 ese porcentaje no bajaría de 90.

Lo que logró Steffi ese año hizo y respondió a la vez la pregunta de si alguien podría en alguna ocasión ganar todos los títulos más importantes en una sola temporada. Consiguió lo que no estaba cuestionado aún. “Cuando pierdes un par de veces te das cuenta de lo difícil que es ganar’’. Los medios tuvieron que buscar nuevo nombre para el hito: Golden Slam.

En 1990 se quedó a un paso de volver a hacer el Grand Slam, pero le faltó la tercera corona de Roland Garros. Ganó fácilmente en Australia frente a Helena Suková en la final. Después, se llevó los títulos de Washington, San Antonio, Boca Ratón, Charlestón, Hamburgo y Berlín. En Roland Garros llegó a la final, pero Arantxa Sánchez Vicario la superó en el último partido. En Wimbledon sí pudo imponerse a Martina Navratilova en la final. Steffi jugaba más desde el fondo, y esperaba los momentos adecuados para subir a la red, al contrario que la checa, entonces nacionalizada estadounidense, quien sacaba y a continuación voleaba arriba. Así, la tenista alemana conseguía más golpes ganadores desde el fondo, donde encajaba increíbles passings en todas las formas posibles a Navratilova cuando ella estaba en la red.

Ganó en San Diego y Nueva Jersey antes del US Open. En Estados Unidos de nuevo se impuso a Navratilova en la final. Steffi ya le había tomado la medida a sus rivales y eran muy pocas quienes la podían derrotar si estaba al 100%. Ganó en Zurich y Brighton antes de la última gran cita. Se llevó en noviembre el último título de la temporada de nuevo frente a su gran antagonista ese año, Navratilova.

En dobles, ganó un título ese año en Nueva Jersey junto a Pam Shriver. Tercer año consecutivo como número uno. Aún le quedaba uno más en esa racha. Esa temporada se había superado en la efectividad de sus victorias, con un 98%, únicamente había perdido en dos torneos de todos los que había participado.

En 1990 consiguió su tercer título consecutivo en Australia. El único grande del año. Perdió la final de Roland Garros con Mónica Sales y la del US Open con Gabriela Sabatini. En Wimbledon, cayó en una ronda antes. Sin embargo, en el resto del circuito se coronó en nueve torneos más: Tokio, Amelie Island, Hamburgo, Montreal (WTA Tier I), San Diego, Leipzig, Zurich, Brighton y Massachusetts. En dobles no se llevó ningún título.

Ese año Steffi fue acusada de evasión de impuestos, sin embargo, era su padre quien le llevaba los asuntos económicos. Acabó en la cárcel y la tenista llegó a replantearse dejar el tenis. Finalmente no lo hizo y prosiguió con su brillante carrera para su fortuna y la de los espectadores. Era el cuarto año consecutivo que terminaba como número uno. A pesar del bache, firmó un 94% de victorias en esta temporada.

En 1991 llegó a cuartos de final en Australia y semifinal en Roland Garros. En Wimbledon venció a Gabriela Sabatini para revalidar su corona. No eran buenos momentos para la tenista, pero pudo volver a imponerse en el All England Club. Los medios titularon: “La reina vive”. Fue el fin a 18 meses sin grandes títulos. Cuando le entregaron el trofeo, sabedora del esfuerzo que le había costado conseguirlo precisamente esta vez, rompió a llorar. “Necesitaba ganar, sentir de nuevo la sensación del éxito para cambiar mi estado de ánimo. Dudaba de mí. Ahora todo es distinto”. Había sido un punto y seguido para su carrera, a la que todavía le faltaba mucho por añadir.

Completamente recuperada anímicamente, Steffi volvía a competir en el circuito como siempre. “Ahora me siento en paz con todo. Nunca he sentido mejor mi cuerpo ni tan feliz mi mente”.

Ese año ganó los títulos de San Antonio, Hamburgo, Berlín, Leipzig, Zurich y Brighton. Ocupaba el segundo puesto en el ranking mundial, pero volvería a recuperar el primero para poner el listón muy alto del récord de semanas como líder mundial en este deporte.

1992 fue un año parecido al anterior. No participó en Australia, pero llegó a la final de París. Esta vez Mónica Seles no le permitió reinar. En Wimbledon se invirtieron los papeles. Con 5-2 a favor de la alemana en los enfrentamientos, firmó el 6-2 en uno de sus torneos favoritos. Eligió el mejor momento para jugar uno de los mejores partidos de su carrera.

En el US Open solo llegó a cuartos, pero durante la temporada había ganado en Boca Ratón, Hamburgo, Berlín, Leipzig, Zurich, Brighton y Filadelfia. Además, volvió a ganar un título en dobles, el penúltimo, esta vez junto a Rennae Stubbs.

De nuevo se celebraron los Juegos Olímpicos. Esta vez, Steffi se quedó con la medalla de plata. La estadounidense Jennifer Capriati fue la única mujer capaz de vencer a la alemana en esta competición.

En 1993 estuvo a punto de volver a hacer el Grand Slam. Lo único que lo imposibilitó fue la derrota en la final del primer grande. Perdió de nuevo contra Mónica Seles, en Australia. Pero revalidó sus siguientes tres coronas contra Mary Joe Fernández en París, Jana Novotná en Londres y Helena Suková en Nueva York.

Antes de Roland Garros había ganado en Delray Beach, Charleston y Berlín. Después de Wimbledon ganó en San Diego y Montreal, y entre el US Open y el WTA Tour Championship, en Leipzig. En dobles, se llevó su último título en Hamburgo con Rennae Stubbs.

En el último torneo de la temporada, Steffi no había cosechado buenos resultados en los tres años anteriores, aunque antes lo había ganado dos veces. Sin embargo, había dejado patente que había vuelto a ser la mayor amenaza del circuito femenino. Ese año había ganado tres grandes y tres WTA Tier I, su record en estos torneos para una temporada. No iba a fallar en el WTA Tour Championship. Se impuso en la final a Arantxa Sánchez para conseguir su tercera corona en cuatro intensos sets. Esa temporada recuperó el número uno para mantenerlo durante cuatro años más.

En 1994 solo se hizo con Australia en las cuatro grandes citas del año, sin embargo, volvió a igualar el record de tres WTA Tier I, ahora parte de los WTA Premiere Events. Ganó un total de siete torneos contando con Australia: Tokio, Indian Wells, Delray Beach, Miami, Berlín y San Diego.

Llegó a la penúltima final de Grand Slam que no ganaría, en Estados Unidos. Esta vez Arantxa Sánchez pudo con la derecha poco ortodoxa de la alemana.

Las siguientes dos temporadas fueron brillantes. No participó en Australia, pero ganó todos los títulos importantes en los que compitió. Solo le faltó Melbourne en 1995 y 1996 para volver a hacer el Grand Slam.

En 1995 ganó los tres grandes seguidos. Roland Garros y Wimbledon a Arantxa Sánchez y el US Open a Mónica Seles. Se convirtió en la primera tenista en ganar todos los Grand Slam cuatro veces en dos décadas. Además, se llevó los torneos de Open Gaz de Francia, Delray Beach, Miami, Houston y Filadelfia.

Pero faltaba algo. Como broche final a la temporada, un viejo conocido. Era la número uno indiscutible, y el WTA Tour Championship le pertenecía. Esta vez fue ante su compatriota Anke Huber.

1996 fue una copia de la temporada anterior. Ganó los mismos grandes en las mismas finales. Se reafirmaba en su dominio. Se impuso además en Indian Wells, Miami y Berlín. De nuevo, ganó el WTA Tour Championship, esta vez ante Martina Hingis.

Fue el último año que ostentó el número uno. Tenía el récord que nadie había alcanzado ni alcanzaría hasta el momento. 377 semanas en lo más alto, ganándolo todo.

En 1997 las cosas se torcieron. La tenista alemana más brillante de todos los tiempos era atacada por la única arma capaz de detenerla: la lesión. Las rodillas y la espalda de la número uno no estaban de su parte y tras varias recaídas, marcaron la temporada de 1997. Fue el primer año de toda una década en el que no levantó un Grand Slam. Perdió el número uno en favor de Martina Hingis, y terminó el año como número 28. Los datos de esta temporada no le hicieron justicia. Solo ganó en Tokio. Se perdió la segunda mitad de temporada y parte del inicio de 1998, aunque volvió al top 10, tras una operación en la rodilla y ocho meses de recuperación. Se llevó tres torneos: New Haven, Leipzig y Filadelfia.

La siguiente temporada parecía que volvería a ser de Steffi. Ganó su último grande en Francia frente a Martina Hingis, la nueva número uno. De camino al último partido había derrotado a las jugadoras números dos y tres, Lindsay Davenport y Mónica Seles. Llegó a la final de Wimbledon, pero perdió contra Davenport. Fue su última participación en un torneo. Todo indicaba que Steffi había vuelto y podría recuperar el dominio, pero ella consideró que no estaba al nivel óptimo, ni volvería a estar. Entonces, en 1999 se retiró siendo la número tres del mundo. Era la primera vez que una tenista se retiraba ocupando un puesto tan alto en el ranking. “Por primera vez no tenía ilusión por jugar al tenis. Era un extraño sentimiento que nunca había experimentado antes”.

La carrera de una de las mejores tenistas de todos los tiempos se había acabado. Su leyenda había empezado hacía años, y ahora solo quedaban sus récords.

Steffi Graf fue uno de los mejores ejemplos de trabajo y superación desde muy temprano: “Muchas chicas pensaban en otras cosas mientras yo sólo pensaba en tenis”. Fue una niña prodigio con la raqueta y supo llevarla con éxito alrededor del mundo durante muchos años. Compitió contra sí misma y contra las adversidades, hasta que su cuerpo resistió. Prefirió retirarse sabiendo que no alcanzaría el nivel al que había llegado, antes que esperar viendo su deterioro poco a poco durante algunas temporadas más en el circuito. Cuando se retiró, no pensó en lo que había hecho, ni se paró a contar los títulos que tenía. Había vivido para el tenis, lo que había sido su motor durante casi dos décadas y el legado que había dejado superaba muchos otros. Steffi Graf dio un paso más con la raqueta, y enriqueció con su toque personal este deporte.

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