Heroínas: Chris Evert

“Para ser un campeón de tenis tienes que ser inflexible. Tienes que ser terco. Tienes que ser arrogante. Tienes que ser egoísta y egocéntrico. Es como la visión de un túnel”.

Fue otra gran número uno. Una de las mejores tenistas de la historia. Participó en la década de 1970 y 1980 en el traslado del tenis a lugares y momentos donde no había llegado, para deleite de todos los aficionados. Junto a Margaret Court, Martina Navratilova y Steffi Graf, conforma el cuarteto de tenistas más recordadas de la historia.

Ganó 18 títulos de Grand Slam en singles: dos Abiertos de Australia, siete Roland Garros, todo un hito, tres Wimbledon y seis Abiertos de Estados Unidos, de los cuales cuatro fueron consecutivos. Llegó a otras 16 finales de Grand Slam. Perdió la mayoría contra Martina Navratilova (entre 1981 y 1985 únicamente se le escaparon los grandes títulos por la checa), aunque también tuvo tiempo para cosechar rivalidad con Billie Jean King, Margaret Court, Tracy Austin, Evonne Goolagong e incluso Steffi Graf, contra quien perdió la última final de un grande a la que llegó.

Durante años, los partidos entre Navratilova y Evert eran esperados con ansiedad y vividos con total emoción. Protagonizaron una de las rivalidades más famosas de la historia del tenis. Con estilos y mentalidades totalmente opuestas, la combinación en la pista era explosiva, y digna de ver, cualquiera que fuera el resultado. Un total de 80 encuentros las enfrentaron, con un resultado negativo para la norteamericana por 37-43. Sin embargo, ambas también formaron pareja para llevarse algunos títulos en dobles, como el Roland Garros de 1975 y Wimbledon en 1976. En dobles, Chris Evert ganó un total de 18 títulos.

Llegó a 34 finales de Grand Slam, un récord que ninguna otra jugadora en la historia ha logrado. Además, alcanzó las semifinales de un grande en 52 de los 56 Grand Slam en los que participó. Desde el Abierto de Estados Unidos en 1971 a Roland Garros de 1983 fue en 34 ocasiones consecutivas. Nunca perdió en primera ronda de un torneo de Grand Slam en singles.

En Roland Garros, ganó un total de 72 partidos, superada solo por Steffi Graf. En Wimbledon fueron 98, esta vez ocupa la segunda posición tras Martina Navratilova, pero en el Abierto de Estados Unidos sí lidera la lista de máximos partidos ganados, con 103.

Sus 157 títulos en individuales durante toda su carrera la sitúan en los puestos más elevados de todos los jugadores de la historia. Es el palmarés más alto, solo superado por Martina Navratilova. Además, ostenta el récord femenino de coronas en Roland Garros individuales, con siete. Fue tremendamente complicado vencerla en tierra batida.

Su porcentaje total fue de 90,5% en victorias (1.309 por 145 derrotas), con el récord de victorias en una carrera en el circuito femenino. En arcilla se elevó al 94,05% (316-20), un récord histórico.

Entre 1974 y 1981 únicamente perdió el número uno en 1979 a manos de su gran rival, Martina Navratilova. En total lideró el ranking 260 semanas a lo largo de su carrera, 113 de ellas consecutivas. Precisamente el primer año que ostentó el número uno estableció el récord de partidos ganados en el circuito femenino, con 56. Desde ese año y hasta 1986 ganó al menos un Grand Slam por temporada. Por ello, durante toda su carrera se mantuvo entre las tres primeras jugadoras del ranking.

Además, entre 1977 y 1989 consiguió ocho Copas Federación para el equipo americano, conjunto en el que también compitió Navratilova cuando obtuvo la nacionalidad americana a partir de 1981.

Fue considerada la jugadora de fondo más consistente de su época. Su precisión era tan perfecta que parecía artificial. Utilizó el revés a dos manos, introduciendo esta nueva técnica en el circuito. Siempre le fue tremendamente efectivo, pero curiosamente, Chris empezó a usarlo cuando era pequeña como una solución a su problema, pues era incapaz de darle a la pelota de revés con una sola mano. Hoy en día multitud de jugadores emplean esta estrategia.

Billie Jean King dijo de ella que lo que la hacía una gran campeona era que no jugaba juegos o sets, jugaba cada punto. Su capacidad de aislar individualmente cada golpe y desmenuzar el partido en puntos para darle a cada uno la misma importancia, forjó en ella un instinto asesino de principio a fin de los partidos, con una concentración máxima. “En cada momento no hay nada más importante que ganar el siguiente punto’’. Su calma ponía los pelos de punta, sobre todo en las situaciones más difíciles, en las que era capaz de mantenerla con total naturalidad. “El 90% de mi juego es mental. Fue mi concentración lo que me hizo llegar tan lejos”. Por ello fue apodada “la princesa de hielo”. Esta tranquilidad hacía que acertara en los puntos más complicados. Cuantas más dificultades tuviera en el marcador, mejores golpes lanzaría. Además, su actitud en la pista fue correcta siempre.

La regularidad en sus resultados durante 17 años está al alcance de muy pocos. Temporada tras temporada, Chris continuaba con una exigencia altísima y unos resultados óptimos, sin permitirse fallos.

Gracias a ella, el público mundial pasó a tener más en cuenta el tenis femenino. Su carácter atrajo multitud de admiradores, haciendo que la vista se repartiera entre el circuito masculino y el femenino.

Christine Marie Evert nació el 21 de diciembre de 1954, en Fort Lauderdale, Florida, Estados Unidos. Creció en el entorno ideal para llegar a ser una gran campeona de la raqueta. Su padre era jugador y entrenador de tenis en una academia, por lo que tenía acceso a todas las pistas cercanas. Jimmy Evert quiso enseñar a jugar a todos sus hijos. Durante toda su vida, Chris recordó los tres pasos básicos que él le enseño cuando apenas comenzaba a conocer el juego: “raqueta atrás, gírala hacia los lados y métete en la pista cuando golpees la pelota’’. Fue su padre quien se ocupó también del plano mental en su juego: “Es una ventaja psicológica el parecer que siempre está todo bajo control”.

Chris jugaba de pequeña con sus hermanos y creció entrenándose con ellos, lo que asegura que ha tenido que ver en su posterior éxito. “Tener hermanos con los que jugar ayuda a mejorar, por supuesto. Basta con mirar a los McEnroe o las Williams’’. Siempre fue muy competitiva y enfrentarse a su hermana mayor en la pista alimentó este espíritu. Chris odiaba perder contra ella, por lo que se esforzaba al máximo por vencerla siempre. Sin embargo, tuvo que aprender a dejar de pensar quién estaba al otro lado de la cancha, para centrarse en la pelota. Jugar contra su hermana desde niña fue uno de los mejores entrenamientos para olvidar contra quién competía y centrarse en su juego.

Con cinco años comenzó sus pasos con la raqueta y en poco tiempo se convirtió en la mejor jugadora juvenil de su país. Chris mostraba una capacidad de concentración y una inteligencia en la pista nunca vista antes en una niña de su edad. Desde que comenzó, jugar contra ella significaba una dura batalla.

Cuando tenía 10 años acudió a una academia de tenis dirigida por la gran Maureen Connolly. La misma ex jugadora fue quien vio las capacidades de Evert y la puso de ejemplo para todos sus compañeros.

Con tan solo 15 años derrotó a la entonces número uno, Margaret Court, en un torneo de Carolina del Norte, al que acudió por casualidad. Sin duda fue una de las victorias más impresionantes para Chris. Este hecho le permitió darse cuenta de su capacidad, y confiar en sí misma y en el recorrido que tenía por delante.

En el US Open de 1971 se convirtió en la jugadora más joven en llegar a semifinales, con 16 años. No pudo con Billie Jean King en la penúltima ronda. Precisamente allí comenzó a forjarse la leyenda de “la princesa de hielo”, cuando, en el partido de segunda ronda, levantó el marcador en contra con una calma total para hacerse con la victoria. Fue el único grande en el que participó aquel año, en el que ganó el torneo de Fort Lauderdale, San Petersburgo, Tulsa, South Orange, Charlotte y Orange Bowl.

Tras hacer una temporada como amateur muy brillante, el día que cumplió 18 años, en 1972, se convirtió en profesional. Entonces, se dio a conocer en todo el mundo y desde ese momento, la prensa y los aficionados la tuvieron en gran estima. No participó en el Abierto de Australia ni Roland Garros. En Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos llegó a semifinales.

Ese año ganó el WTA Tour Championship, la primera de sus cuatro coronas. Había ganado también en Fort Lauderdale, San Juan, Indianápolis y Queens.

En 1973, sin pasar por Australia, llegó a las dos primeras finales de Grand Slam de su carrera. En Francia peleó con Margaret Court en la final, pero esta vez no venció. En Wimbledon fue con Billie Jean King. El resultado fue el mismo. Evert se enfrentaba a dos de las mejores veteranas del circuito. Aún no era su momento. Tendría que esperar un año más para empezar a imponer su dominio, pero tenía prisa: “perder me dolía. Yo estaba decidida a ser la mejor”.

Ganó en Fort Lauderdale, el torneo de Nueva York, Akron, Sarasota, Miami, San Petersburgo, Cleveland, Indianápolis, Columbus y Johannesburgo. Como colofón, se llevó su segunda copa WTA Tour Championship, entonces celebrada en Estados Unidos.

En 1974 participó por primera vez en el Abierto de Australia y llegó a la final. La australiana  Evonne Goolagong le arruinó su tercera final de Grand Slam. En las siguientes tres en que se vieran la cara, la victoria sería para Evert.

Llevaba muchos años de duro entrenamiento y tanto su juego como su mentalidad estaban llegando a la cima. El curso natural era que los títulos importantes comenzaran a llegar. Así fue. Consiguió su primer grande en París, bajo la superficie que dominó a sus anchas. En la final, ganó a Olga Morozova en dos cómodos sets. Unas semanas después, en diferente superficie pero frente a la misma rival en la final, fue idéntico el resultado en Wimbledon. En un corto período de tiempo se había coronado en dos grandes de superficies opuestas.

Ganó además en Palm Spring, Fort Lauderdale, Dallas, Sarasota, Hilton Head, Roma, Eastbourne, Indianápolis, Toronto, Newport, Tokio, Houston y Sea Pines. No pudo llevarse el tercer título consecutivo de WTA Tour Championship, pues perdió la final contra Evonne Goolagong.

Ese año hizo una racha de 56 partidos invicta, el nuevo récord en la Era Abierta, que más tarde batiría Martina Navratilova.

Precisamente ante la checa ganó su segunda corona en Roland Garros en 1975. “Tienes que tomar la iniciativa y jugar tu juego. En un set decisivo, la confianza es la diferencia”. Esa fue su máxima en la final de París, tras comenzar con un set abajo.

Se quedó en las semifinales de Wimbledon, pero por primera vez llegó a la final de Nueva York. Allí, Evonne Goolagong no iba a derrotarla de nuevo, como pasó en su única participación en Australia. Chris levantó su primer trofeo en Forest Hills. Comenzaba una racha de cuatro victorias consecutivas en casa.

Ganó también en San Franciso, Akron, Houston, Austin, Amelie Island, Roma, Indianápolis, Nueva York, Sea Pines, Atlanta, Palm Springs y Orlando.

Se llevó su tercera copa WTA Tour Championship frente a Martina Navratilova. Esa temporada, la americana se impuso a la que sería pronto su gran rival en todos los torneos. La checa apenas estaba comenzando, y Evert tenía más experiencia en el circuito, además de unas ganas inabarcables de victorias. En noviembre de ese año se hizo con el número uno, que ostentaría durante varias temporadas.

En 1976 no participó en los dos primeros grandes del año, pero se llevó los otros dos ante Evonne Goolagong.  Contaba entonces con dos Roland Garros, dos Wimbledon y dos Abiertos de Estados Unidos. Solo faltaba Australia, torneo en el que no solía formar parte, pero que no iba a dejar de lado indefinidamente. En dobles, se llevó junto a Navratilova su primer Wimbledon frente a Billie Jean King y Betty Stove.

Además, ganó en Austin, Detroit, Washington, Sarasota, San Francisco, Amelie Island, Eastbourne, Tokio, Phoenix y Palm Springs.

Perdió en la final del WTA Tour Championship contra Evonne Goolagong. La americana no logró dominar a la australiana en la Copa, aunque para su suerte, sí en los Grand Slams. Ella fue quien impidió que Chris se alzara con seis WTA Finals, consecutivos.

En 1977 se llevó el Abierto de Estados Unidos, batiendo a Wendy Turnbull en la final. No había participado en los dos primeros grandes del año, y en Wimbledon, Virginia Wade la frenó en semifinales.

Ese año había vencido junto a Rosie Casals en el torneo de Chicago a Margaret Court y Martina Navratilova en la final.

Ganó en Nueva York su cuarta y última corona del WTA Tour Championship frente a Sue Barker. Estaba llegando a todo. Pero aún había un palo más que tocar. El equipo americano ganó por primera vez con Evert la Copa Federación, en la final contra Australia.

En 1978, de nuevo sin participar en Australia ni Francia, llegó a la final de Wimbledon y perdió por primera vez contra Navratilova el último partido de un grande. La hierba favorecía al juego de la checa, que ganaba su primer torneo importante. Sin embargo, sí ganó en Estados Unidos frente a Pam Shriver su cuarto título consecutivo.

Se llevó también los títulos de Filadelfia, Hilton Head, Atlanta, Minneapolis, Palm Springs y Tokio. Anotó igualmente en su palmarés la segunda Copa Federación frente a Australia en la final por segunda vez consecutiva.

En 1979 compitió de nuevo en Roland Garros, hecho que no ocurría desde 1975. Como número uno en las pistas de tierra batida, revalidó el título. Fue ante Wendy Turnbull. Llegó a la final de Wimbledon, como era costumbre en ella, pero de nuevo Martina Navratilova se proclamaría campeona en Londres. En Estados Unidos fue Tracy Austin quien le impidió, en la final, continuar con su racha invicta allí.

En el resto del circuito, ganó en Seattle, Los Ángeles, Eastbourne, Indianápolis y Mahwah. Se hizo con su tercera Copa Federación tras vencer a Australia, de nuevo, en la última eliminatoria.

En 1980 llegó a las finales de los tres grandes en los que participó, pero falló en Wimbledon, contra Evonne Goolagong, otra de sus grandes pesadillas. Revalidó el título de Roland Garros frente a Virginia Ruzici y ganó de nuevo en Nueva York a Hana Mandlikovà en la final.

Se impuso también en Perugia, Chichester, Indianápolis, Deerfield Beach y Brighton. Además, se hizo con otra Copa Federación.

En 1981 participó por segunda vez en el Abierto de Australia y llegó a la final. Pero una pesadilla checa la acompañaría el resto de su carrera. Navratilova le impidió reinar en Melbourne, como iba a hacer en la mayoría de siguientes finales de un torneo importante a las que llegara. Pero Chris no iba a desesperar, y con una paciencia más que entrenada, sabía que el último grande que le faltaba llegaría.

En Roland Garros cayó en semifinales. Desde 1973 llevaba acumulando 197 victorias por una derrota sobre tierra batida. Un dato estremecedor. El título de reina de la arcilla se lo ganaba con creces.

En Wimbledon sí pudo reinar de nuevo tras cuatro años intentándolo. Fue ante Hana Mandlikovà, como su último grande el año anterior. Se vengó de la derrota en semifinales de Roland Garros, donde había sido eliminada por esta jugadora en el penúltimo partido en la Philippe Chatrier.

Ese año acabó como número uno, otorgado por las estadísticas, sin embargo, hubo una gran polémica por la reclamación de Tracy Austin del primer puesto. Tras ganar el Masters, la joven de 19 años demandaba su mejor posición respecto a Evert, pero el ranking no cambió. La propia Navratilova, finalista del WTA Tour Championship, apoyó la petición de Austin.

Chris formó parte de nuevo del equipo que ganó la Copa Federación. En la final contra Grand Bretaña, las americanas ganaron los tres primeros puntos.

En 1982 cayó en las semifinales de Roland Garros y en la final de Wimbledon. En Londres fue derrotada, como no, por Navratilova.

Sin embargo, consiguió su sexto título en Estados Unidos, de nuevo frente a Madlikovà en la final. Era su último título en Nueva York. Se aproximaba al récord de Molla Mallory de ocho, pero se quedó en el intento.

Tras una década de carrera y tres participaciones, por fin reinó en Australia. Confirmó los pronósticos que apuntaban a que conseguiría los cuatro grandes. Fue frente a Navratilova en la final. Ya tenía la colección.

Evert reconoció en el US Open que su rival checa merecía el primer puesto en el ranking ese año.

El equipo americano se hizo de nuevo con la Copa Federación por 3-0 en la final frente a Alemania Occidental. Con Chris Evert en el equipo, Estados Unidos era invencible.

En 1983 solo pudo recoger la corona de Roland Garros, ante Mima Jausovec en la final. Fue derrotada en tercera ronda de Wimbledon. El Abierto de Estados Unidos también le resultó imposible por culpa de Navratilova.

Ese año ganó en Palm Beach, Amelie Island, Berlín, Brighton (también lo ganó en dobles junto a Pam Shriver) y Deerfield Beach. A esas alturas ya era patente que Chris podía seguir ganando títulos sin dificultad, siempre y cuando no se topara con Navratilova.

1984 fue un año excelente. Llegó a todas las finales, sin embargo, solo pudo levantar el título de Australia. En las otras tres, Martina Navratilova impuso su dominio. En Melbourne, la única final que no jugó contra la checa, venció a Helena Sukovà. Fue el mejor momento para no encontrarse a su eterna rival, pues conseguía su segundo título allí, el menos abundante en su palmarés.

Ganó también en Palm Beach, Hilton Head, Johannesburgo, Montreal y Los Ángeles, donde se hizo con el título en individual y en dupla, junto a Wendy Turnbull. Acabó el año como número dos, por detrás de Navratilova.

En 1985 ganó su penúltimo grande en Francia. La espina que se quitó Chris frente a Martina en aquella final fue una importante inyección de moral, tras el historial de las últimas rondas de títulos importantes. Al fin y al cabo, la tierra era su dominio, y seguía siendo la mejor ahí.

Llegó a la final de Wimbledon, con el resultado opuesto al de Francia en el último partido. En Estados Unidos, se quedó en semifinales, y en Australia, de nuevo llegó a la final para acabar derrotada frente a la número uno, como venía ocurriendo en pistas rápidas.

Sin embargo, ganó en Key Biscayne, Hilton Head, Berlín, Lion Cup, Newport, Toronto, Nueva Orleans y Brighton. En New Port y Nueva Orleans ganó también en dobles junto a Turnbull.

En 1986 ganó su último Grand Slam, en París. Se repitió la final del año anterior. Era la última vez que se veían las caras en la última ronda de un torneo importante. Ese año el Abierto de Australia no se celebró, y Evert perdió en las otras dos semifinales.

Siguió acumulando títulos por el circuito durante las siguientes temporadas. Lideró al equipo americano de nuevo para hacerse con la Copa Federación en la final frente a Checoslovaquia.

En 1987 sus mejores marcas en Grand Slam fueron en semifinales de Roland Garros y Wimbledon. La última vez que llegó a una final fue en Australia, pero para entonces ya estaba Steffi Graf en la WTA, y la derrotó en dos sets.

Tras 17 años de intensa carrera, Chris Evert se retiró en 1989. Había luchado contra Navratilova, además de haber cultivado otras intensas rivalidades, pero el tiempo pasa para todos, y aunque aguantó el chaparrón checo, la nueva generación venía pisando fuerte, y sus condiciones físicas no eran las mismas. Se despidió del circuito llevándose la Copa Federación una vez más, para acumular un total de ocho.

Chris Evert es la mejor jugadora norteamericana de la historia, y una de las mejores del mundo. Su carisma atrajo a multitud de aficionados. Gracias a ella, la gente se aficionó más aún al tenis femenino. Sin embargo, demostró una concentración y una mentalidad de hierro en la pista, como pocas tenistas pudieron desarrollar. Como dijo ella, el noventa por ciento de su juego era mental, y esa batalla la tenía ganada. Tuvo la mala suerte de compartir algunos años con otra de las mejores jugadoras de la historia, pero eso no ensombreció su leyenda, ni las derrotas frente a ella mermaron la capacidad de Evert. Había nacido para ganar, y eso hizo hasta el final, durante casi dos décadas de recorrido, dejando una de las leyendas femeninas más brillantes.

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