Heroínas: Billie Jean King

“Un campeón tiene miedo de perder, el resto del mundo tiene miedo de ganar’’.

Fue una de las tenistas más destacadas y recordadas de la historia, no solo por su aportación al tenis y su multitud de títulos y éxitos, sino por su lucha por la igualdad en ambos circuitos. Su empeño en darle la importancia que merecía al deporte femenino la llevó a ser un icono para la igualdad sexual en todo el mundo. Fue una de las primeras y más importantes figuras en la historia del deporte femenino en Estados Unidos. Parte de este mérito lo tuvo al ganar la famosa “Batalla de los sexos’’ contra Bobby Riggs. Paralelamente, cosechó todo tipo de triunfos, primero en el circuito amateur, y más tarde en el profesional también. Le quedó poco por ganar.

Vivió para el tenis y demostró su maestría en cualquier modalidad. Casi dos décadas de dominio de Billie dejan multitud de hechos para la historia.

Consiguió 39 títulos de Grand Slam: 12 en individuales, 16 en dobles y 11 en dobles mixtos. Fue una jugadora muy completa que invirtió en las tres categorías. Es la séptima mujer de la historia con más títulos de Grand Slam en individuales. En toda su carrera, se llevó 129 títulos en singles. Además, tiene el récord de títulos en Wimbledon (20) entre todas las categorías. Este dato lo comparte con Martina Navratilova. Ganó también una copa del WTA Tour Championship.

Además, entre 1963 y 1979 estuvo en el equipo americano para disputar la Copa Federación en siete ocasiones, consiguiendo seis. Su parcial en la competición por equipos fue de 52 victorias por cuatro derrotas. Tuvo el récord de partidos consecutivos ganados, incluyendo 27 en dobles.

Billie compartió generación otro monstruo del tenis, Margaret Court, la que fue su principal obstáculo en las finales de Grand Slam que terminó perdiendo. Sin embargo, también compitió con Evonne Goolagong, Maria Bueno, Ann Haydon Jones e incluso Chris Evert. Durante cinco años, fue la número uno del mundo, entre 1966 y 1972. Desde 1960 y hasta 1977 se mantuvo en el top 10.

Su juego era rápido y tremendamente agresivo. Ganaba los puntos sin que apenas fueran disputados. Su técnica de saque y red era incontestable. Sin embargo, la prisa que caracteriza a su juego fue su debilidad en pistas lentas, aunque también terminó dominándolas. Navratilova dijo que jugar contra ella era toda una batalla cruzada.

Cuando era capaz de disparar lo que ella denominaba un tiro perfecto, sentía una alegría extrema: “Mi corazón latía fuerte, mis ojos se humedecían, sentía como oídos se movían, pero todo ello implicaba también una sensación de profunda paz’’.

Además de su potente estilo, preparaba todos los partidos a conciencia. Le gustaba estar prevenida para saber cómo actuar en cualquier situación, estuviera bajo su control o no. También dedicaba mucho tiempo a pensar en su actitud en la pista, preocupada de que siempre reflejara su espíritu campeón. Sabía que en la cancha se pasa mucho tiempo sin golpear la pelota, pero la forma debe ser la correcta de principio a fin, no solo a la hora de utilizar la raqueta.

Es sin duda una de las mejores jugadoras de la historia en individuales, pero no hay que olvidar su carrera de dobles, donde demostró también que podía ser igual de buena, tanto con mujeres como con hombres.

Siempre sintió una conexión especial con el público, y supo darle su valor: “Creo que cuando estoy dando lo mejor de mí en la pista, debo transmitirle mi sensación al público. El tenis es un arte capaz de conmover a jugadores y audiencia’’.

Billie Jean Moffit nació el 22 de noviembre de 1943 en Long Beach, California. Desde pequeña jugaba al fútbol y al béisbol, siendo una deportista muy destacada. Sin embargo, sus padres decidieron que tenía que optar por otros deportes más afines a las chicas, como el tenis. Con 11 años cogió una raqueta por primera vez. “Después de mi primera clase supe qué quería hacer con mi vida’’. Desde entonces, entrenó en las pistas públicas de Long Beach.

Con 14 años ganó su primer torneo en el sur de California. Al año siguiente comenzó a ser entrenada por Alice Marble, una exitosa tenista de 1930.

Ya entonces pensaba que en el tenis solo tenía protagonismo el circuito masculino, y que eso debería cambiar.

En 1960 inició su carrera en el circuito amateur. Solo tardaría un año en darse a conocer. Hasta 1968 únicamente compitió en este circuito, porque a los jugadores amateurs no se les permitía competir en torneos profesionales. Más tarde combinaría ambos.

En 1961, con 17 años, fue conocida internacionalmente tras ganar su primer Wimbledon con Karen Hantze en dobles. Tenía por delante aún 19 coronas en la prestigiosa hierba.

Con 18 años había ganado a la reina del momento en el circuito, Margaret Court. Fue en el All England Club, sin embargo, no sería hasta años después cuando lograría conquistar el primero de sus muchos títulos individuales en Londres.

En 1962 estuvo a punto de ganar el Campeonato de Estados Unidos en dobles, pero perdió la final con Karen Hantze frente a María Bueno y Darlene Hard. Antes, habían conquistado de nuevo Wimbledon en dupla.

En 1963 llegó por primera vez a la final de Wimbledon. Pero Margaret Court no se dejó vencer esta vez. Aún tendría que esperar su momento. La reina de los Grand Slam seguía imponiendo su dominio, pero con el carácter de Billie, pronto se haría un hueco en el reinado.

En 1964 no llegó a ninguna final de Grand Slam en individuales, pero en dobles sí continuó levantando torneos. Ella y Karen Hantze ganaron el Campeonato de Estados Unidos en la final contra Margaret Court y Lesley Turner.

En 1965 llegó a la final del US Open, celebrado en hierba, pero de nuevo Margaret Court la derrotó en la final. Aunque no levantó Grand Slams en individuales muy temprano, tendría temporadas de sobra para hacerse con todos, sobre todo los que se jugaban en superficies rápidas, para lo que estaba hecho el juego de Billie, probablemente una de las mejores voleas de la historia.

En dobles si volvió a reinar en Wimbledon, esta vez junto a María Bueno.

En 1966 llegó su momento. El torneo más prestigioso de la historia sería suyo. Venció a su compañera de dobles del año anterior, con la que reinó precisamente allí, en una final de tres sets. “El tenis es una perfecta combinación violenta que tiene lugar en un sitio de máxima tranquilidad’’. En silencio, como es tradición en el All England Club, impuso su dominio con una furia máxima y una potencia difícil de alcanzar en su juego.

No pudo reinar en dobles mixtos junto a Dennis Ralston. Fue la primera final que perdió en esta categoría contra Margaret Court.

Tras su primer grande, perdió la final del US Open de nuevo en dobles. Sin embargo, ese año se hizo con el número uno, puesto que ocuparía durante tres temporadas consecutivas.

Billie quería participar y ganar en todas las competiciones. Por eso, formó parte en la primera ocasión que tuvo del equipo americano para disputar la Copa Federación. Ese año ganaron frente a Alemania Occidental en la final.

1967 fue una temporada espectacular. Se convirtió en la primera jugadora desde 1939 en ganar Wimbledon y el Campeonato de Estados Unidos en las tres categorías: individuales, dobles y dobles mixtos. Ese fue su primer título en Londres en esta última modalidad.

También ganó el Campeonato de Estados Unidos en individuales por primera vez. Ambas finales de aquella temporada fueron ante Ann Hydon Jones.

Ese fue el último año en que los jugadores de este circuito no podían competir en el profesional y viceversa.

De nuevo, ganó la Copa Federación por segundo año consecutivo en la final contra Gran Bretaña.

En 1968, con cuatro grandes a sus espaldas, se situó como la mejor jugadora amateur de la pasada temporada. Le había quitado el puesto a Margaret Court.

En el primer año de la Era Open, Billie se hizo con su tercer Wimbledon consecutivo, frente a Judy Tegart. La americana era más conocida casi en Gran Bretaña que en su país. También revalidó la corona de dobles.

Era el primer año de cambios en los circuitos. Los de Nueva York y Australia ya no eran denominados Campeonatos, sino Abiertos. Entonces Billie hizo leyenda en un solo partido. Fue en el último de Melbourne, cuando llegó por primera vez  a la final, ante Margaret Court. Llegó a la cima. Se coronaba con un grande nuevo, ante la dama del circuito amateur. Sería su único título en Australia, uno de los que le haría cobrar mucha más relevancia en la historia. Por si fuera poco, venció también a su compatriota en la final del mismo campeonato, en dobles mixtos, junto a Dick Crealy.

Llegó también a la final en Nueva York, pero Virginia Wade le impidió hacer el 3/4. En dupla también había conseguido llegar a tres finales, incluyendo la primera en Francia, sin embargo ni allí ni en Estados Unidos pudo seguir acumulando títulos. A ella y a Rosemary Casals les costaba vencer al equipo de María Bueno, sobre todo si lo formaba con Margaret Court, como ocurrió aquel año en Estados Unidos.

Esa temporada ganó también en el torneo de Binghampton, el primero que no pertenecía al circuito amateur. Con el inicio de la Era Open, Billie Jean King se había convertido en jugadora profesional, y nada podría parar su paso por cualquier torneo. Sin embargo, seguía teniendo especial interés en los títulos más importantes, donde continuaría poniendo todo su empeño.

Ese fue el último año que terminó como número uno. Lo había ostentado durante tres temporadas consecutivas desde 1966.

En 1969 llevó a cabo un récord histórico de títulos en una temporada: 17 en individuales y 21 en dobles, además de otro en partidos ganados en un año, 112, por tres derrotas.

No ganó ningún grande en individuales, aunque llegó a las finales de Wimbledon de nuevo, y Australia, su segunda y última final. En Londres, Ann Haydon se vengó y ganó la última de las tres finales que disputarían ambas jugadoras. En Melbourne, Margaret Court dejaba claro que aún le quedaba mucho recorrido. Más despejado aún quedó este hecho cuando volvió a vencerla en la final de dobles.

En individuales ganó en Dublín, Bristol, Sydney, Los Ángeles y el torneo de Londres, entre otros.

En 1970 de nuevo no se llevó ningún grande. Llegó a la última final de su carrera en que no ganaría, de nuevo frente a Margaret Court. Era la única capaz de frenar a Billie. Sin embargo, sí se pudo llevar el torneo en dobles, de nuevo.

En 1971 volvió a levantar un Grand Slam, fue en Estados Unidos frente a su compañera de dobles, Rosemary Casals. Con ella se llevó precisamente otro título de dupla en Wimbledon. La categoría que quedaba libre en dobles mixtos en el All England Club también la cubrió.

Por otra parte ganó en Long Beach, San Francisco, Oklahoma, Boston, torneo de Nueva York, Detroit, San Diego, Houston y Phoenix.

Ese año, triunfó en la primera edición del WTA Tour Championship, el último torneo importante del año, que reúne a las mejores jugadoras. Fue ante Kerry Melville en la final. También lo ganó en dobles, categoría que nunca se dejaba atrás.

En 1972 fue cuando más cerca estuvo de hacer el Grand Slam. Faltó Australia.

Ganó Roland Garros por primera y última vez, el único título que faltaba en su palmarés, y que más se le había resistido. En la final se deshizo fácilmente de Evonne Goolagong. Demostraba lo excelente jugadora que era, pues a pesar de seguir el patrón tradicional, terminó llegando a lo más alto en tierra batida. No había secretos en el tenis para ella.

Ganar en Wimbledon fue una repetición de Francia. Misma rival en la final e incluso mismo resultado, un doble 6-3. También se llevó el título en dobles.

En el US Open cambió de rival en la final, pero el efecto sería el mismo. Se deshizo de Kerry Melville en dos sets igualmente.

Cuando ganó en Estados Unidos, protestó porque el premio era menor que para el circuito masculino. Si el importe no se igualaba, Billie dijo que no volvería a competir en el campeonato. Así, el grande de Nueva York fue el primero en repartir el mismo premio para ambos circuitos.

Para ese año, Chris Evert ya estaba en activo, lo que dificultaría más el paso de Billie Jean por los torneos, como ocurrió en la semifinal del WTA Tour, donde perdió ante la joven estrella. Sin embargo, ese año recuperó el número uno de nuevo.

La carrera de la joven Chris estaba empezando, mientras que Billie llevaba años reinando en el circuito. En 1973, la derrotó en la final de Wimbledon para hacerse con su quinta corona en Londres. No fue suficiente, así que volvió a levantarla en las otras dos categorías también. En dobles femeninos, era el cuarto trofeo consecutivo allí.

En septiembre de 1973 se enfrentó en la “Batalla de los sexos’’ contra Bobby Riggs, ex número uno y campeón de Wimbledon. El estadounidense, con 55 años, quería demostrar que un tenista puede vencer a cualquier jugadora femenina. Se atrevió entonces a retar a las jugadoras más brillantes del momento. Antes, había disputado un partido contra Margaret Court, que ganó en dos sets. Tras mucha insistencia en que fuera Billie quien se enfrentara a él, se celebró el evento en Houston, ante 30.492 espectadores, el mayor número de aficionados viendo un partido de tenis hasta el momento. El épico resultado fue la victoria de la tenista en tres sets. Entonces, fue considerada aún más como superestrella de los Estados Unidos. “Las mujeres retrocederíamos 50 años si no ganaba es partido. Sería la ruina del circuito femenino y afectaría a la autoestima de todas las mujeres’’. Billie había demostrado que las tenistas podían soportar cualquier situación de presión, y que los nervios en los momentos importantes no entendían de género. Aunque esto lo llevaba demostrando tanto ella como otros brillantes jugadoras durante años, al igual que continuaron haciendo otras grandes leyendas posteriormente.

Ese año participó en la formación de la Woman Tennis Asociation, el circuito femenino equiparable a la ATP, junto a sus compañeras de profesión.

En 1974 fue la primera mujer entrenadora de un equipo de tenis masculino. Junto a su marido creó la WTT (World Team Tennis), una competición profesional de clubes. Creó también la Fundación Deportiva de la Mujer.

Ese año ganó su último US Open y penúltimo Grand Slam ante Evonne Goolagong en la final. Lo ganó también en dobles. Antes, se había llevado el primer grande de la temporada en los dobles mixtos de Londres. El último allí en esa categoría.

También ganó en San Francisco, Washington, Detroit y el torneo de Nueva York.

En dobles ganó con distintas compañeras, incluyendo a Chris Evert, en Washington, Detroit, Chicago, Akron y WTA Tour Championship, este último con Rosie Casals.

En 1975 ganó su último grande donde empezó. De nuevo ante Evonne Goolagong se proclamó campeona de Wimbledon. Era el sexto. Pero aún le quedaban grandes por ganar en dobles.

Desde 1976 y hasta 1979 consiguió otras cuatro Copas Federación para Estados Unidos.

Ganó en dupla su último Wimbledon en 1979, y el último Abierto de Estados Unidos en 1980. Ese mismo año se llevó su tercera corona del WTA Tour Championship, segunda de dobles.

En 1983 levantó su último torneo en Birmingham. En 1984 ganó el último título en Chicago, en dobles. Se retiró entonces de la competición, con 40 años.

Aunque fue una de las más grandes leyendas del tenis, siempre será más recordada por la victoria de 1973 en la “Batalla de los sexos.” Pero, lo que aportó a este deporte, paralelamente a su gran lucha por la igualdad, fue impresionante. No se distingue a un campeón por su género, sino por su espíritu. Y ella tuvo desde niña el carácter y determinación adecuados, que la acabarían llevando a lo más alto durante dieciocho años de carrera, en los que no se cansó de ganar. “La victoria es efímera. La derrota es para siempre’’.

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