Héroes: Pete Sampras

“Puse mucho énfasis en los grandes. Medía mi temporada fijándome cómo habían sido mis resultados en ellos, y cuanto más ganaba mientras pasaban los años, más quería ganar. Ya estaba todo dicho y hecho en el tenis y lo que yo hice no fue por la fama o el dinero, lo hice en la pista, para ganar los Grand Slam”. Las palabras del mayor mito del tenis que dio Estados Unidos definen su andadura con la raqueta. Pete Sampras tuvo en mente hacer historia en todo momento. Quería convertirse en leyenda, pero deseaba ser leyenda por encima de todos los mejores, ansiaba ser la leyenda. Para ello trabajó hasta la extenuación en la profesión para la que había nacido. Pero, a pesar de todo el trabajo, sus triunfos parecían llegarle sin esfuerzo en la pista. Todo indicaba que, sin tener en cuenta las características del torneo, Pete se lo acabaría llevando. Anduvo por el circuito mientras pasaban las temporadas recogiendo éxitos constantemente, sin mayor explicación que la del esfuerzo previo y constante. Sampras apuntó siempre alto, y su objetivo fue superar a Emerson, quien ostentaba el record de los grandes hasta entonces. Y lo consiguió, con su personalidad guerrera y la perfección de su juego. Se pasó los 12 grandes de Emerson y dejó el listón aún más alto. Durante años lideró la lista de los tenistas con más Grand Slam (14), hasta que Federer le superó y pasó al segundo puesto.

Sus logros fueron más que apabullantes. Fue el campeón más joven en coronarse en el US Open con 19 años, acabó seis temporadas consecutivas como número uno, algo que nadie ha podido alcanzar, estuvo un total de 286 semanas liderando el ránking, cifra solo superada por Federer, ganó todas las finales que disputó en Wimbledon, de nuevo récord invicto, fue uno de los cinco jugadores que lograron superar la década dentro del top 10, y su porcentaje de victorias durante sus 15 años como profesional fue del 77%: 765 triunfos por 225 derrotas. Únicamente Roland Garros se le resistió para completar el Grand Slam, como a otros grandes jugadores históricos. Su estilo de juego era mortal, pero sobre tierra batida no tenía ese efecto. Sin embargo, coleccionó durante años los otros tres grandes, sobre todo Wimbledon.

Los 14 de Sampras supusieron un nuevo libro en la historia. Muchas grandes páginas estaban escritas. Durante décadas, jugadores brillantes vivieron para el tenis, luciendo con orgullo sus raquetas. Pero los logros no tenían límites y el americano se empeñó en demostrarlo. Sus 66 títulos durante su carrera hace que su nombre sea uno de los más sonados cuando se discute sobre quién es el mejor hasta ahora. Lo que es indiscutible es que ostenta el quinto lugar en la lista de jugadores con más títulos.

Cuando Pete llegó para imperar en el tenis, dos estilos de juego estaban batallando por dominar. La tradición del saque y volea ya no era el patrón a seguir. Era una alternativa, eso sí, muy efectiva. Pero los grandes passings con topspin habían llegado de la mano de Borg para alargar los peloteos, y poco a poco se asentaron. No todo era saque y volea ya. También había saque y derecha. Los jugadores comenzaron a practicar más el juego de fondo y a alargar los puntos. Sin embargo, Sampras fue un hombre convencional que se adscribió a un potentísimo servicio y una volea infernal. El mejor embajador del tenis clásico de los años 60 y 70 en plena década de 1990. Fue el último tenista que hizo leyenda, y de qué manera, que utilizo el juego tradicional. Su capacidad física siempre le ayudó a desarrollar su estilo. Flaqueaba más en el fondo de la pista, por decir algo, ya que sus derechas y sus golpes pasantes desde atrás también eran de manual, pero trabajó lo suficiente en la red como para dominar a sus rivales. Solo 10 jugadores cuentan con parciales favorables en los enfrentamientos con Pete Sampras, entre ellos Sergi Bruguera.

En la década de los 90 los partidos sobre pista rápida eran muy cortos. Los puntos se definían en menos de cuatro o cinco peloteos. Los encuentros de Sampras tenían menos desgaste físico por mayor concentración y precisión, pero también menos exhibición. La ATP se desesperaba por alargar los encuentros: se barajó empequeñecer el cuadro de juego, se probó a jugar con pelotas de mayor tamaño en torneos Futures, e incluso se propuso la posibilidad de un solo saque. Sin embargo, Sampras dominó durante una década memorable este deporte, y como rey, su estilo se imponía, aunque fueron los últimos coletazos.

El norteamericano sentía devoción por Rod Laver y Ken Rosewall e imitó tanto su estilo como su comportamiento caballeroso y elegante en la pista.

Petros Sampras nació el 12 de agosto de 1971 en Washington D.C, Estados Unidos, en el seno de una familia de origen griego. Comenzó a jugar al tenis desde muy pequeño, cuando encontró una raqueta en el sótano de su casa. Pasaba horas con ella golpeando bolas contra un frontón. Su hermana Stella jugaba al tenis profesionalmente y su hermano Gus era agente de jugadores.

En 1974 su familia se mudó a California, lo que le permitió entrenar mucho tiempo con un clima agradable. Se inscribió en un club de tenis donde entrenaba horas diarias. Además, visualizaba cintas en blanco y negro de Jack Krammer para aprender técnicas de juego.

En 1979 se enfrentó a Andre Agassi por primera vez en un campeonato junio de California, con solo 8 años. Ahí fue el comienzo de una de las mayores rivalidades históricas.

Con 10 años ya mostraba un perfil de campeón. Su devastador servicio y sus magistrales voleas permitían entender dónde sería capaz de llegar. Sus ganas y su espíritu ganador hicieron el resto.

En 1988, con 17 años se integró en el circuito profesional, pero no fue hasta 1990 cuando comenzó a conquistar títulos. Su primer torneo fue en Filadelfia y más tarde ganó el de Manchester. Con unos datos nada alentadores en el Abierto de Australia y Wimbledon, y sin presentarse a Roland Garros, llegó al último Grand Slam de la temporada. Sorprendentemente, llegó a la final. Agassi era solo un año mayor que él, y llevaba dos más en el circuito, sin embargo, su carrera aún no había despegado. Se encontraron en la última ronda de aquel US Open de 1990, en la que el ganador, sería un nuevo ídolo para este deporte.

Las ganas que le puso Sampras a ese partido deberían ponerse como ejemplo a menudo para conseguir cualquier objetivo. Con una precisión milimétrica, un saque estratosférico y una muñeca que parecía goma, fue superando a su rival juego tras juego para acabar con un marcador muy contundente a su favor. Lo que no solucionaba con un ace lo remataba en la red, donde parecía que se dividía para no dejar hueco en el ancho de la pista. Con una elegancia digna de un virtuoso, Pete consiguió 13 saques directos y perdió 17 puntos en 13 juegos.

Sampras se convertía en el rey más joven de Estados Unidos en la primera final entre estadounidenses, tras 11 años. “Es increíble. Es lo máximo en el tenis. Haga lo que haga, siempre voy a ser campeón del US Open”. Lejos de relajarse y conformare, el título le gestó dentro de sí un ferviente deseo de alcanzar otros iguales, sin límites. Tuvo que esperar un par de años antes de levantar su segundo grande, y desde 1993 a 2000 ganó al menos, uno por año. Pero hasta entonces, como él dijo, era campeón de Nueva York, además de cosechar otros grandes éxitos. A finales de 1990 ganó la Copa Grand Slam, que reunía cada año a los jugadores con mejores marcas en los grandes. Una confirmación de lo que había hecho y un aviso de lo que venía.

En 1991 ganó en Los Ángeles, Indianápolis y Lyon. Alcanzó los cuartos de final del US Open, tras no pasar de segunda ronda en Roland Garros y Wimbledon, y sin haber disputado Australia. En diciembre se llevó su primera Copa de Maestros ante Jim Courier. Sampras no se valía solo del saque y volea, aunque si lo usaba, su rival tenía pocas oportunidades. Las derechas y los passings que desplegó en la final dejaron a Courier clavado para intentar responderlos, y al público en pie con las manos en la cabeza. Quieto o en movimiento dominaba perfectamente la bola para que cayera justo donde ponía el ojo. Jugó al ataque, agresivo, pero si Courier se lanzaba, Sampras se defendía demasiado bien y terminaba con un golpe magistral.

En 1992 ganó el título de Filadelfia, Kitzbuhel, ATP Masters Series de Cincinnati e Indianápolis antes del US Open. En Estados Unidos llegó de nuevo a la final, pero esta vez un gran experto noqueó a un aprendiz emergente. Edberg se llevó aquel partido a pesar de comenzar perdiendo el primer set. Entonces, Sampras reflexionó: “Por primera vez me dolió perder, me molestó de verdad. Me di cuenta de que no iba a conformarme con un solo grande. Tenía que dar más”. Ante la victoria y la derrota tenía la misma respuesta: más.

Ese año ganó en Lyon su último torneo del circuito.

En diciembre, acompañó al equipo de Copa Davis en la final frente a Suiza. En la primera eliminatoria habían ganado a Argentina, después cayó Checoslovaquia y en semifinales se enfrentaron a Suecia, liderada por Edberg. Los americanos eligieron la tierra batida para aquella ronda, lo que parecía una temeridad, pero Agassi y Courier eran los mejores jugadores del momento sobre la arcilla. Los americanos se hicieron rápido con los tres puntos necesarios y eliminaron a Suecia.

En la final, Sampras jugó con McEnroe el partido de dobles, en el que resultaron vencedores, punto clave en la final. Al día siguiente, tras la victoria de Courier, Estados Unidos levantó su trigésima ensaladera, la última de McEnroe.

De él Sampras aseguró haber aprendido muchas técnicas. McEnroe hizo de maestro para la nueva estrella de los Estados Unidos.

Pete aún no era el rey de las pistas rápidas que sería más adelante, pero era una de las grandes promesas americanas, y no pudo faltar en el Dream Team junto a Agassi, Courier y McEnroe.

En 1993 comenzaron sus años consecutivos de gloria. Llegó a la semifinal del Abierto de Australia, donde venció a Edberg, y a cuartos de final en Roland Garros. Entre medias se había llevado el título en Sydney, Miami, Tokio y Hong Kong. Se hizo con el número uno en abril y no lo soltaría hasta pasados los años. Únicamente por algunos períodos se lo intercambió con Agassi y Courier.

En Copa Davis, Estados Unidos había perdido frente a Australia en primera ronda.

Llegó a Wimbledon sin un historial de excelentes resultados, pero se plantó en la final tras vencer a André Agassi y Boris Becker. Allí iba a empezar el primero de sus siete dominios en ocho años. Disputó la final con su compatriota Jim Courier. Confiado en su juego agresivo y de ataque, con un servicio sobre el que apoyarse, Sampras comenzó su gran legado, el cual sabía que antes o después llegaría tras el fracaso del US Open el año anterior.

“Justo cuando crees que está muriendo, es ahí cuanto te mata”. Así resumió Jim Courier esa final.

Más tarde, en el US Open pasó todas las rondas de nuevo, y se vio las caras con Cedric Pioline, el único asistente a aquella final que lo pasó mal. Los globos de Sampras eran tan potentes como su servicio y las dejadas pasaban al otro lado por los pelos, cayendo hacía abajo en línea recta, a escasos centímetros paralelamente a la red. Qué hacer contra eso. Sampras tenía hambre de títulos y nadie le iba a poder parar. Conquistaba su tercer grande y solo era una mínima parte de su historia.

Ese año también ganó en Lyon y Amberes. En el ATP World Tour Championship, el alemán Michael Stich le amargó el triunfo, pero tendría tiempo para coleccionar unos cuantos más. Acabó el primer año de seis consecutivos como número uno.

1994 fue uno de los años más exitosos. Con 23 años se iba a comer uno a uno a sus oponentes para llegar a los trofeos. En enero alcanzó por primera vez la final de Australia tras vencer a Lendl y Courier, entre otros.

Todd Martin fue su víctima en esta ocasión. Igual de efectivo al ataque que en la defensa, encadenaba varios aces seguidos y sus derechas o revés paralelos pasaban saludando a su rival, sin respuesta.

Después ganó en el Masters Series de Indian Wells y Miami, Osaka, Tokio y Masters de Roma, primer título en tierra. Era la fecha de ir a Londres. Allí derrotó a seis jugadores para estar en la final, frente a Goran Ivanisevic. No preparó nada nuevo. Si algo funciona para qué se va a cambiar. Su juego era perfecto y efectivo en todas las pistas rápidas. Levantó su segundo Wimbledon consecutivo.

Ese año, Estados Unidos perdió la penúltima eliminatoria de Copa Davis frente a Suecia.

En noviembre se hizo con el título de Amberes antes del último torneo de la temporada. En el ATP World Tour Championship venció a Becker en la primera de dos finales que disputarían. Segunda Copa Masters para el genio americano.

1995 no comenzó de la mejor manera posible. Perdió en la final de Australia ante Agassi, pero la temporada iba a ir hacia arriba. Ganó en Indian Wells y Queen’s antes de Wimbledon. Allí fue a recoger su cetro, frente a Becker. Sampras tenía un juego mucho más completo y eficaz que el alemán. Superaba la volea de Becker hasta en carrera. Fue el primer americano en conseguir tres copas consecutivas en el All England Club.

Como dos años atrás, enlazó Wimbledon con el US Open. Segundo año que ganó los dos grandes. En Nueva York se disputó el que ya era uno de los clásicos, que llegaría a ser histórico: Agassi-Sampras. André había ganado en Australia y Pete en Londres. El US Open significaba el desempate, además del número uno. El duelo fue uno de los partidos del siglo. Agassi no conseguía ser lo suficientemente competitivo y sólido frente a Sampras. Estados Unidos tenía un claro líder.

El Masters de París fue su último título del circuito ese año.

Tras vencer a Francia, Italia y Suecia, Estados Unidos encaró la final de la Copa Davis frente a Rusia. Sampras ya era entonces un cimiento fundamental. Confiaron en él para disputar los tres primeros puntos y no falló. Segunda ensaladera para él y trigésimo primera para Estados Unidos.

En 1996 Pete decidió que era hora de enfrentar Roland Garros. Sabía que ganar en Francia le costaría mucho trabajo, pero nadie dudaba que lo pudiera conseguir con su historial. Descuidó Australia y mantuvo el número uno con triunfos en torneos del circuito: San José, Memphis, Hong Kong y Tokio. Decidió no participar en los Masters de primavera para descansar y prepararse a conciencia para la tierra batida. Con un solo título sobre esta superficie, estaba decidido a coronar París. Luchaba contra la ralentización de su juego y por tanto, su efectividad. Su servicio ya no era mortal sobre polvo de ladrillo. Pero lo que más le costó asumir era la duración de los puntos, mucho mayor que sobre pista rápida. Sampras tenía gran aguante y capacidad de sufrimiento en los partidos, en cuanto a levantar un marcador en contra y no dar un punto por perdido, sin embargo no la tenía para batallar el doble o el triple por cada punto. Sampras sufrió en Roland Garros de 1996 como en pocas ocasiones. Tras derrotar a Magnus Gustaffsson, se encontró a Sergi Bruguera, bicampeón allí y su ejecutor en los cuartos de final de 1993. Luchó hasta lo que le permitió su cuerpo y acabó con un español agotado, en cinco sets.

Tras otra dura batalla contra Todd Martín, Sampras alcanzaba los octavos de final. Scott Draper no se lo puso tan difícil para pasar de ronda.

En cuartos le esperaba Courier, una de las peores opciones para encontrarse en París. Con paciencia y con ambiente de final derrotó poco a poco a su compatriota para hacerse con la victoria más importante de su carrera en tierra batida y alcanzar la semifinal en Roland Garros. Estaba a dos victorias de conseguir el Grand Slam. Si alguien lo podía lograr después de Budge, Laver, Perry y Emerson era Pete Sampras. El norteamericano había preparado bien la odisea de París y con el descanso de los meses anteriores llegaba en condiciones aceptables a la penúltima ronda. Pero, tras el mayor esfuerzo de su carrera, no pudo alcanzar la final. Lucho con todo lo que tenía, no demasiado en ese momento, porque estaba visiblemente lesionado, pero Yevgeni Kafelnikov le arrebató la gloria. Aquel fue el primer y único intento serio de Sampras en Roland Garros. Desisitió. Siguió presentándose todos los años hasta retirarse, por obligación, pero jamás desempeñó tal esfuerzo como en 1996. Lo intentó y fracasó. Había otros hitos que conseguir sin sufrir tanto por el camino.

Ese mismo año también falló en Wimbledon, y esa derrota le impidió reinar ocho veces consecutivas en el All England Club. En agosto conquistó el torneo de Indianápolis y de nuevo se encontró como pez en el agua en el US Open. La diferencia de comodidad en la pista con la tierra batida era abismal. Se deshizo de Chang en la final para conseguir su cuarta corona en casa y octavo grande. Aun en malas condiciones físicas, Sampras pasaba por encima de cualquiera en una pista rápida.

Antes de noviembre se llevó el título en Basilea. En la Copa de Maestros le tocaba el premio de nuevo. En la segunda y última final ante Becker. El alemán tenía una cruz con Sampras que le acompañó durante casi toda su carrera.

En Copa Davis, Estados Unidos había perdido en cuartos de final frente a República Checa.

En 1997 continuó haciendo historia. Estaba de vuelta en Australia. Carlos Moyá se presentó en la final por primera vez en un Grand Slam. Pero no fue rival para el número uno. Segundo grande de Australia. Hasta Wimbledon, conquistó el título en San José y Filadelfia. Los torneos de la ATP en Estados Unidos eran la parcela privada de Sampras.

En Londres venció a Cedric Pioline en una final otra vez, sin dificultad. Sampras hacía el tenis elegante, y con correctos modales pasaba por encima de sus rivales, sin hacer nada que se le pudiera objetar. Su juego perfecto y aún así, no se conformaba: “Siento que puedo mejorar”.

Tras el nuevo título se quedaba a uno de su héroe Rod Laver y a dos de Emerson, hasta entonces líder en grandes.

Ganó el Masters de Cincinnati, de París y el Grand Slam Cup. A final de temporada llegó a la final de la Copa de Maestros y se pudó vengar de su verdugo en Roland Garros el año anterior. Superó a Yevgeni Kafelnikov y levantó su cuarto y penúltimo ATP World Tour Championship.

En 1998 igualó a su héroe Laver. Todos lo habían intentado desde entonces, y solo Emerson lo había conseguido.

En la final de Wimbledon derrotó al croata Goran Ivanisevik para alzarse con su undécimo grande. Pero no sería el último, ni el penúltimo.

Ese año ganó los torneos de Filadelfia, Atlanta y Viena. Cerró el último de los seis años que terminó como número uno.

En 1999 continuarían los triunfos, independientemente de su ranking. Su primer título del año fue la preparación de Wimbledon, Queen’s. Después se metió de lleno en su torneo predilecto. Su némesis le esperaba en la final. De nuevo Agassi no pudo aguantar la presión del momento y Sampras terminó solucionando, como estaba acostumbrado, los puntos importantes. Volaba en la pista para devolver la pelota con golpes contundentes y no tenía grietas por donde ser atacado. No fue un partido fácil, Agassi estaba a un gran nivel, pero Pete acabo demostrando quien era el rey de la hierba. Esa temporada ganó en Los Ángeles y Cincinnati, además de su quinta y última Copa de Maestros, de nuevo contra Agassi.

Ese año terminó como número tres del ranking. Los primeros problemas físicos habían aparecido. Sampras no contaba con que su carrera se alargara mucho más, aunque sí lo suficiente para asegurarse el primer puesto entre los grandes.

El año 2000 fue una temporada de malos resultados y arrastre de lesiones. Cayó en semifinales de Australia. Sin embargo, ganó su séptimo y último Wimbledon. Superó al hombre que más Grand Slams tenía. Sampras escribió su nombre por encima del de Emerson. A pesar de no estar en su mejor momento, hizo honor a toda su carrera y derrotó a Patrick Rafter en la final del All England Club.

En el US Open llegó a la final dispuesto a continuar al máximo, aunque fuera poco tiempo, pero la joven promesa Marat Safin le impidió coronarse de nuevo. Sampras no se iba a conformar.

También había ganado el Masters Series de Miami. Terminó la temporada como número tres del mundo.

El 2001 fue un año mediocre. Pero volvió a la final del US Open. Sampras lo había conseguido casi todo, pero aún le faltaba algo y su instinto le impedía retirarse. Esta vez fue Lleyton Hewitt quien no le dejó culminar en casa. Otro año más que se aplazaba. En 2002 volvió como cada año y esta vez con Agassi en la final si lo logró. Más vale viejo conocido que nuevo por conocer. Pete sabía cómo derrotar a Agassi y no se le iba a escapar el decimocuarto. Fue en casa. Su quinto US Open marcó la diferencia durante años. Había sido su peor temporada, pero el último grande fue el mejor recuerdo para Sampras. Tras el título de Wimbledon en 2000, había sufrido problemas físicos, sin embargo confesó que las mayores dificultades habían sido mentales. En malas condiciones afrontó la realidad y trabajó duro para ir un paso más allá y lograr lo que nadie había hecho. “Esta podría ser la guinda del pastel”. Pete estaba en paz.

Era la cuarta vez en cinco finales de Grand Slam contra Sampras que Agassi perdía. Siempre supo la razón: la capacidad para hacer servicios increíbles en momentos de presión marcó la diferencia entre ellos.

Sampras escribía una página nueva en la historia, separada del resto. Había igualado la marca de Grand Slam de Emerson y se llevó dos más de ventaja por si acaso, las generaciones en el tenis se renuevan cada poco tiempo y quien sabe cuánto iba a tardar algún otro jugador en igualar a los australianos.

Jugó el tenis clásico, pero sus derechas eran cañones, se le resistió la tierra, pero fue el mejor jugador en el resto de superficies durante años. Hizo los mejores datos objetivos y no es un atrevimiento decir que probablemente fuera el mejor jugador de todos los tiempos, hasta entonces.

Sampras siempre mantuvo que nunca quiso tener que lamentar nada cuando se hubiera retirado. Por eso vivió para el tenis: “Es mi trabajo y es lo que me gusta hacer. Después tendré toda la vida por delante para hacer cosas, con 30 o 35 años”.

  • Lorenzo

    Sampras tiene 64 titulos individuales y 2 dobles. Sumad.

  • juegosetpartido

    Se habla de Federer, pero para mi el mejor especialista de la historia sobre hierba ha sido Pete Sampras. El suizo, siendo lo que es (el mejor de todos los tiempos en este deporte), me parece el mejor sobre superficie dura indoor.

  • Pedro

    No, Sampras tiene 64 títulos. Y por lo que te he leído aquí eres un poco pesado, siempre corrigiendo a los demás.

  • Pablo1989

    Te votas a ti mismo como positivo? qué triste, no? Y aprende a leer, estoy diciendo lo mismo que tú, que Sampras tiene 64 títulos, no 66 como se dice en el artículo. Corregir un error no creo que sea nada malo ;)

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