Héroes: Bjorn Borg

Bjorn Borg está considerado uno de los tenistas más importantes de la era moderna. Su leyenda se forjó en la década de los 70. Es recordado por sus logros, su corta carrera, abandonada en un buen momento, y su innovación en el juego. El tenista más precoz y efímero de la Era Open (desde 1968) no siguió los patrones de saque y volea. Inició un nuevo camino en el tenis de fondo, siempre agresivo, marcado por el passing shot. Los méritos que consiguió Borg están escritos en un corto espacio de tiempo como profesional. En tan solo nueve años ganó 11 torneos del Grand Slam, siendo el sexto jugador de la historia con más grandes. Pero no es eso lo más sorprendente. Borg hizo un doblete histórico para colocarse como primer jugador en ganar Roland Garros y Wimbledon tres temporadas consecutivas, lo que nadie ha vuelto a conseguir. Otros jugadores hicieron doblete en grandes, incluso más años seguidos, pero no con los torneos considerados más importantes y en superficies tan distintas. Además ganó 64 títulos en toda su carrera y fue número uno durante 1979 y 1980. El tenista sueco se caracterizó por su prisa por ganar y ser el mejor. No iba a esperar. Otro récord que llevó su nombre fue ganar en Roland Garros en 1978 y 1980 sin ceder un solo set. No fue hasta 2008 y 2010 cuando otro jugador, Nadal, pudo alcanzar ese dato. Precisamente su sucesor es uno de los tenistas más destacados que emplea el estilo que inició Borg. El tenista sueco más famoso de la historia no lo es por tener los mejores números, pero sí por su carácter y éxitos tempranos.

Pionero en el tenis, manejaba los golpes desde el fondo. Su físico le acompañó y la agilidad en la pista le permitía cubrirla por completo. Siendo diestro, utilizó el revés a dos manos, con una rudeza extrema, lo que sus músculos le podían aportar. Innovó en los peloteos, y estableció patrones sólidos que marcarían a muchos jugadores, para acompañarlos a la victoria. El estilo de juego de Borg marcaría un antes y un después en el tenis. Golpeaba la bola fuerte y a gran altura, lo que hacía que botara muy rápido y elevada en la pista contraria. El topspin que les imprimía las hacía más que peligrosas. Borg no tuvo maestro que le dijera cómo moldear su juego. Entrenó durante muchas horas al día en el garaje de su casa. Este es el motivo por el que elaboró unas técnicas completamente distintas a las tradicionales.

Igual de calmado en la ventaja que con el marcador en contra, Borg mantenía la compostura en cualquier momento en la pista. Su referencia era Rod Laver, de quien tomó como ejemplo su saber estar y comportamiento en los partidos.

Aunque su juego era idóneo para la tierra batida, aprendió a competir con el saque y volea en hierba, con mucho entrenamiento, para acabar reinando en ambas superficies. Supo darle la vuelta a su tenis y ser uno de los jugadores más versátiles.

Nació el 6 de junio de 1956 en Sodertalje, Suecia. De pequeño se sentía fascinado por el hockey sobre hielo, deporte que practicaba a menudo. Pero un día la raqueta que su padre ganó en un torneo le cambió la vida. Se sintió completamente atraído por esta herramienta, que finalmente acabó en sus manos. En ese momento Borg comenzó su andadura por la profesión que le traería tantos éxitos.

Con 13 años ya era el mejor tenista de su país en la categoría sub-18, el primer hecho que resaltaba la precoz gloria que le tenía deparada el destino. Su servicio fue uno de sus puntos débiles al principio, pero el aguante físico que tenía para durar en la pista esperando que su rival se agotara, junto a sus buenos golpes, le fueron dando triunfos.

Cuando tenía 15 años, en 1972, fue uno de los representantes más jóvenes de la Copa Davis. En su debut ganó sus dos partidos individuales, aunque perdió el de dobles. Sus triunfos en solitario llegaron pocos años después. Desde el año anterior ya estaba en el circuito profesional. Esa misma temporada ganó también el torneo de Wimbledon en la categoría junior. Se le estaba empezando a quedar pequeña esa clasificación a un tenista que parecía tener mucha más experiencia y capacidad que la propia de su edad.

A los 17 años ganó el Abierto de Italia. La temporada siguiente ganó su primer título profesional en Londres por el circuito WCT. Y le pareció suficiente carrera como para llegar desde ahí a la cima. Su irrupción más importante fue a los 18 años recién cumplidos. En 1974 ganó su primer Roland Garros. En la final batió a Manuel Orantes, en una complicadísima remontada con dos sets abajo, para terminar doblegándolo apabullantemente en los tres siguientes. Fue el jugador más joven en coronar París hasta el momento. Ese año ganó otros seis títulos más, en cuatro superficies diferentes. En la Copa Davis, Suecia fue eliminada en la semifinal por Italia, a pesar de que Borg ganó sus dos partidos individuales.

En 1975 revalidó su corona en Francia para conseguir su segundo grande ante Guillermo Vilas en una cómoda final. Ese año formó parte del equipo de Suecia que conquistó su primera Copa Davis. Ganó en sus tres partidos de la final ante Checoslovaquia. Llegó a la semifinal Abierto de los Estados Unidos y a su primera final en la Copa de Maestros, que perdió ante el rumano Nastase. Ese año ya acumulaba 16 títulos en individuales, sin embargo, las mayores proezas estaban aún por llegar.

En 1976 no dominó la arcilla de París, pero levantó Wimbledon, imponiéndose en la superficie contraria a su juego por naturaleza. Tenía dos Grand Slam en tierra y una Copa Davis. Era el momento de alcanzar mayores retos. No había destacado demasiado en sus pasos anteriores por el torneo de Londres, pero esa temporada no cedió un solo set hasta llegar a la final, donde le esperaba Nastase. Nadie había apostado por Borg para la hierba, pero con su duro entrenamiento previo al inicio del torneo en el All England Club, el sueco demostró de qué material estaba hecho. En la final, batió al jugador favorito en tres sets. Invicto en Londres sin ceder una sola manga. Tras el partido, Ille Nastase resumió lo que había hecho el jugador sueco: “Deberían mandarlo a otro planeta. Nosotros jugamos al tenis. Él juega a otra cosa”. Había demostrado que el tenis no solo era saque y volea, había traído un juego diferente, pero había dejado claro que también podía reinar con el estilo tradicional. El ciclón Borg comenzó una vorágine de títulos en Wimbledon casi imposible de igualar. Durante los cuatro años siguientes volvía para levantar el trofeo. En en All England club ya le esperaban para sacar la copa de la vitrina.

En la Copa Davis la suerte no acompañó al equipo a pesar de la actuación del mejor tenista sueco. En semifinales fueron derrotados por Estados Unidos, aunque Borg había ganado a Ashe y Vitas Gerulaitis.

En 1977 el nivel de juego del sueco había mejorado notablemente, y quedaba poco que no pudiera alcanzar si lo deseaba. Ganó 11 torneos en 12 finales. Una lesión le amargó parte de la temporada. No pudo disputar Roland Garros, pero su revalidación de la corona en Londres fue un partido para el disfrute. En el torneo más exigente se encontró en la final a Jimmy Connors, quien forjaba su leyenda paralelamente a la del sueco. Estaba considerado uno de los mejores jugadores en el campeonato, pero Borg venía de levantar el título la temporada anterior. El estadounidense no fue oponente en la final. Dos meses después alcanzó a Connors en el número uno y le desbancó cuando llevaba 160 semanas en lo más alto. Como su rápida carrera, Borg solo mantuvo el primer puesto una semana. Sin embargo ya se había declarado uno de los mejores tenistas del momento. Acabando la temporada llegó por segunda vez a la final de la Copa de Maestros en Nueva York. Esta vez fue el mismo Connors quien le impidió coronar allí también.

El año siguiente dio comienzo uno de sus grandes hitos. Solo Rod Laver en la Era Abierta había ganado el mismo año Roland Garros y Wimblendon. Hasta Borg. Después del sueco pasaron 30 años hasta que Nadal en 2008 lo consiguió. El sueco estaba en su mejor nivel de juego. Dominaba todas las superficies y los golpes. Iba aplastando uno a uno a sus rivales en París y Londres. En 1978, llegó a Roland Garros dos años después de haber levantado su segunda copa. Guillermo Vilas había plantado su dominio en ausencia de Borg, pero ese año estaba de vuelta. En la final el sueco se impuso cómodamente, sin perder un solo set en todo el torneo. Roland Garros parecía haber sido escrito para que él lo interpretara. Con su quinto grande se marchó hacia Londres, de nuevo. Enlazó el tercer año consecutivo reinando sobre hierba (aún le quedaban dos más), para iniciar su doblete histórico. Desde que Fred Perry conquistara el título de 1934 a 1936, ningún otro jugador había ganado Wimbledon tres veces seguidas. Borg estaba en su momento más dulce. Dominaba en dos de los grandes y había batido a sus rivales más peligrosos. De nuevo en Londres había pasado por encima de Connors. A final de temporada tenía un balance de ocho títulos en nueve finales. Únicamente se le había resistido uno de los dos grandes que le faltaban. En Nueva York, su más que conocido enemigo de pista Connors le impidió llevarse otro Grand Slam. Era la segunda final que alcanzaba el sueco en el Abierto de los Estados Unidos, pero se le seguía resistiendo, como continuó pasando.

1979 fue su mejor año en cuanto a títulos. Llegó al primer Grand Slam del año al que se presentaba en Francia, para revalidar corona, otra vez. Ganó en la final a Víctor Pecci y acumuló siete Grand Slams. En pleno apogeo de su hito, llegó en las mejores condiciones a Wimbledon. Esta vez se cruzó con Connors antes de la final. De nuevo se anotó una victoria más de su lado en los enfrentamientos que habían tenido, y se fue a disputar la final contra Roscoe Tanner. El norteamericano era temido por su saque. Borg tuvo que mantener el tipo y su aguante físico hasta el final para acabar imponiéndose en cinco sets. El All England Club también parecía hecho a su medida. Amante de la concentración, el ambiente en las pistas de Wimbledon complementaba perfectamente su actitud durante los partidos. De nuevo alcanzó otro récord: nadie reinaba en Londres cuatro veces consecutivas desde Tony Wilding entre 1910-1913. Aún dejaría ese dato desclasificado la siguiente temporada.

Además, alcanzó el número uno de nuevo. Pero el año de Borg tiene otra proeza más. Después de intentarlo muchas veces, conquisto su primera Copa de Maestros.

Para hablar del clímax en la carrera de Borg hay que señalar a 1980. Tras la mejor temporada del tenista, aún le quedaba por construir uno de los partidos para la historia. En los grandes repitió los mismos números de la temporada anterior, incluso volvió a llegar a la final de Estados Unidos. Acaparó el número uno mundial durante todo el año, salvo un mes en el que McEnroe, la joven estrella emergente, le arrebató el dominio.

En Francia de nuevo levantó su quinta Copa de los Mosqueteros sin ceder un solo set. En la final arrolló a Vitas Gerulaitis. Qué fácil parecía para Borg imponer su mandato en Francia.

En Wimbledon cedió dos sets de camino a la final, donde encontró las verdaderas dificultades. El joven McEnroe había surgido en el tenis mundial para ganarse un puesto entre los mejores. El último partido de Londres es para muchos el mejor de la historia. Cada jugador con sus armas, Borg con el passing y McEnroe con la volea, fueron avanzando en un duelo a muerte. Ninguno perdió la concentración, lo que habría significado la caída inmediata. Tras un primer set favorable al norteamericano, la respuesta de Borg, más que acostumbrado a batallar, fue la misma moneda. Encadenó la tercera manga también. La cuarta podía haber sido la definitva, el sueco tuvo cinco bolas de partido, pero finalmente McEnroe fue superior en el tie-break y logró forzar al máximo el encuentro.

A cualquier tenista el fracaso del cuarto set le habría desanimado y su nivel habría bajado considerablemente. Sin embargo, el hombre de hielo sueco siguió adelante. Mantuvo la actitud luchadora y fue a por cada punto de nuevo, como si acabaran de empezar.

La alegría de empatar el marcador pareció poner por encima moralmente a McEnroe en la dura batalla que desgastaba a ambos. Sin embargo, estaba delante de un hombre más que acostumbrado a ganarle el pulso a la presión en los momentos clave. Como una hormiga de mente fría, Borg continuó su lucha desde el fondo de la pista en el último set, hasta conseguir el 8-6 que puso punto final. McEnroe sucumbió en uno de los partidos más importantes que disputaron ambos tenistas, cuya rivalidad también está resaltada especialmente en la historia del tenis. Pero ese año hubo recompensa para el americano. Sabotear el intento de victoria de Borg en la final del Abierto de los Estados Unidos pudo compensar de alguna forma el partido de Londres. No obstante, el número uno a final de temporada era el sueco. Lo dejó más claro al apuntarse su segunda Copa de Maestros tras vencer a Ivan Lendl en la final.

En 1981 el sueco continuó con su trabajo para repetir título en París y Londres. Estaba encantado de ser el rey de la raqueta consecutivamente en ambos países. En Francia hizo lo necesario y derrotó de nuevo a Lendl en la final. Seis títulos de Roland Garros que le harían por años el jefe indiscutible de Francia. Sin embargo, McEnroe había esperado un año para optar a enfrentarse de nuevo en la final de Londres. Esta vez fue superior y su garra se impuso a la sueca. El estadounidense fue quien frenó al tifón sueco en la hierba inglesa, tras 41 victorias consecutivas y cinco años de reinado. El sueco no volvería a ganar un grande. Se quedó con los mismos que su héroe Laver, 11 y a uno de alcanzar a Emerson. Sin embargo, para esa fecha el número de torneos conseguidos ascendía a 61 en nueve años, entre los que había seis Roland Garros, cinco Wimbledon y dos Copas de Maestros. Ningún Abierto de los Estados Unidos, donde siempre puso empeño, precisamente el que no tuvo en Australia, donde participó únicamente una vez.

A partir de ese año el nivel de juego del sueco bajó en el final de temporada. Paralelamente, una generación de brillantes tenistas pedía paso, entre los que se encontraba, ya afincado, McEnroe. El mundo entero quedó compungido cuando Borg anunció al terminar el año que se retiraba, con 26 años y la plena facultad de sus armas. Si hubiera seguido, probablemente su leyenda habría ocupado muchas más páginas, pero él mismo confesó la razón verdadera de su retirada: “Podría haber estado cinco años más en el top-10, habría ganado más torneos y seguro que algún Grand Slam más, pero perdí la motivación. Si no estás centrado en lo que haces, es muy difícil estar en lo más alto y hacerlo bien”. Quizá prefirió retirarse antes de verse sobrepasado en la pista por las estrellas que estaban formándose. Quizá ya no veía tan claro su dominio en buena parte del circuito. Quizá ya no quería seguir si no iba a ser el mejor. Quizá Connors, McEnroe y Lendl, que estaban en la misma profesión, le pusieron demasiada presión sobre sus hombros. Quizá no quería manchar sus nueve temporadas impolutas. Quizá no podía dedicarle tantas horas de esfuerzo y entrega al deporte que le había dado tantos éxitos porque había perdido la ilusión. Y contra eso, no se puede hacer nada más que lo que hizo Borg, hacerse a un lado. El sueco no tenía el carácter para aguantar más temporadas sin dar el máximo y estar en la cumbre. La retirada le honró, dejando patente que sin ilusión no se puede ser el mejor. Y que sin ser el mejor él no quería seguir.

Durante los años posteriores los rumores de regreso no cesaron, sin embargo el mejor tenista de los años 70 se negaba a volver. Hasta 1992, cuando se encontró en quiebra financiera. Borg volvió a las pistas y señaló una deshumanización del tenis. Quería poner orden y demostrar que podía seguir siendo un excelente jugador. Sin embargo, su vuelta fue un fracaso. Derrotado fácilmente en su primer partido disputado se marchó. El circuito estaba entonces dominado por Sampras, Edberg, Courier y Becker. No había sitio para el mejor sueco.

En 1993 volvió otra vez. Disputó nueve torneos en los que fue incapaz de ganar un solo set. El tiempo había pasado. Su tiempo había pasado. Su mente ya no era la máquina que le había llevado a las máximas victorias. El 10 de noviembre disputó su último partido en Moscú, consciente de que no podía alargar más esa situación, aunque sus condiciones físicas se lo permitieran.

Borg apuntó alto con la raqueta y la fortuna le devolvió las intenciones de sus esfuerzos. Pionero, luchador, entregado y con un carácter bien definido, el sueco es el padre adoptivo de muchas grandes estrellas que le sucedieron. El tenista con la carrera más brillante en el menor tiempo dejó su huella marcada en los torneos. Sus triunfos llevaron a considerarle el mejor tenista de su generación y en ocasiones, el mejor de la historia. Borg forjó un nuevo estilo de juego que le hizo prácticamente imbatible.

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