Especial: Las fábulas del tenis

El tenis, como cualquier deporte, tiene un libro sagrado plagado de mitos. De leyendas difíciles de creer y fáciles de degustar. Héroes de guerra, odios irreconciliables, muertes y vidas, cárceles y catedrales… Raquetas pintadas con tinta sagrada en pergamino antiguo. Las fábulas del tenis.

EL CERVANTES DEL TENIS

“En un lugar de Stalingrado, de cuyo nombre no quiero acordarme…”. Don Miguel de Cervantes y Saavedra estaba enfermo. La fiebre dominaba su cuerpo y tenía permiso para no entrar en combate. Pero Lepanto, “la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan los venideros”, buscaba héroes. Su gallardía le regaló dos arcabuzazos en el pecho y otro en la mano izquierda, inútil para el resto de sus días. No le importó. Con la derecha reescribió la historia de la literatura mundial, presumiendo eternamente de ser “el manco de Lepanto”. Wimbledon, como Lepanto, es territorio de leyenda. Y en sus anales, cuatro siglos después, aparece otro manco que reescribió la historia del tenis.

¿DÓNDE COJONES ESTABAIS VOSOTROS JUSTO DESPUÉS DEL DÍA D?

Muy pocos apostaban entonces por su supervivencia, pero tras dos meses en el hospital puso rumbo a California convertido en héroe de guerra. Una triple condecoración, The World War II Victory MedalThe European Campaign Medal y The Good Conduct Medal, dan fe de ello. Vivió para contarlo, pero nunca lo contó. La gente del tenis sabía que había luchado en la Segunda Guerra Mundial, pero nunca presumió de los detalles. Sólo un sistema nervioso destrozado quedó como prueba silenciosa de su heroísmo. Nadie entendía sus excentricidades, pero… ¿dónde cojones estabais vosotros justo después del Día D?

ANTES MUERTA QUE SIN RÉCORD

“No tengo ninguna duda de que ella no quería estar viva para ver cómo le quitaban su récord. Tenía 87 años y lo había tenido durante tanto tiempo que lo quería sólo para ella. Pero los récords existen para romperse”. Elizabeth Montague Ryan nació un 8 de febrero en Anaheim, California. Un 8 de febrero del siglo antepasado. De 1892. Murió 87 años después. Cuando ella quiso.

“ÚLTIMA LLAMADA PARA ANDRÉ AGASSI”

“¡Hice los ajustes necesarios para superar lo que podía haber sido un día muy, muy duro!”. Habla Andre Agassi, número uno del mundo después de emplear sólo 93 minutos en ganar a Sjeng Schalken, rosco incluido. Los presentes en la sala de prensa de Melbourne Park alucinan. Agassi es el gran favorito para ganar el Australian Open. Schalken, un neerlandés situado en el puesto 47 del ránking y con apenas cuatro títulos de poco renombre. Acaban de enfrentarse por quinta vez y las cinco ganó Andre. “Podía haber sido un día muy, muy duro”.

DOS CARTAS, UN ALTAR Y UN ADIÓS

“Capitán Kurida, le pido disculpas por todos los inconvenientes que mi decisión le haya provocado a su barco y a su tripulación”, leyó Yamagishi en la primera carta. “Hubiese sido incapaz de ayudar a nuestro equipo. Al contrario, sólo hubiese sido una fuente de problemas y preocupaciones para todos vosotros. Esforzaos al máximo para hacerlo mejor de lo que yo lo hubiera hecho. Rezaré por ello y creo que lo conseguiréis. Mi espíritu estará con vosotros en la pista”, contenía la segunda. Su hermano Hyotare también llamó al equipo japonés para que no cancelasen la eliminatoria y luchasen hasta el final. Volvieron a perder. Australia 4-1 Japón. Pero en ese viaje el Emperador perdió mucho más. Perdió al mejor tenista japonés que han visto, y quizás verán, sus compatriotas. Descanse en paz, Jiro Satoh.

“ES EL PEOR DÍA DE MI VIDA… GANÉ”

Se cierra la noche en Richmond y Vicki Nelson llama a Keith Dunbar, por entonces su novio. “Es el peor día de mi vida”. “¿Perdiste?”. “Gané”. Varios minutos después, incrédulo, Keith empieza a comprender las contradicciones de su chica. Las mismas que sintieron Isner o Mahut. No compensa. Tanta paliza, los músculos destruidos durante varios días. Y duele el time warning que incomprensiblemente el juez de silla le puso cuando se desplomó con calambres nada más conectar el winner definitivo tras 642 golpes. Quizá un castigo justo a la torticolis que provocan 643 giros de cuello. “Imagina cómo se sentirá Jean”, le responde su futuro marido para cerrar la conversación.

EL GRAND SLAM MÁS NEGRO

Su deporte, el que jugaba los domingos y respetaba todos los días, ese cuyas reglas hacía cumplir cada US Open, le quitó la vida. Ayudó, sin ninguna culpa, un niño de 17 años que hundido quiso colgar la raqueta y luego hizo historia con ella. Un niño que respetó siempre los valores del deporte, quién sabe si en recuerdo de aquel fatídico día. Años después recibiría hasta en cinco ocasiones el premio anual a la deportividad en el tenis, el verdadero honor del que sólo puede presumir Stefan. De hecho, en 1996 la ATP cambió el nombre del premio. Desde entonces se llama Edberg Sportmanship Award. Allá dónde esté, Dick estará orgulloso.

TENGO 100 AÑOS Y QUIERO JUGAR WIMBLEDON

Gardnar Mulloy jugó al tenis hasta los 95 años. Colecciona 127 títulos nacionales y 25 internacionales. Lo dejó por obligación. “Si jugase hoy, tendría que hacer trampas porque no puedo mantener el equilibrio. Tengo que usar un andador”. Eso sí, si le mentan la Catedral responderá al instante. “Sin embargo, si Wimbledon me invitase a competir una vez más, estaría allí al momento”. Tengo 100 años y quiero jugar Wimbledon.

LA INSUMERGIBLE LITTLE MO

“He tenido todo lo que quería. Y todo lo que he tenido, se lo debo al tenis. Me dio una vida terriblemente excitante. Una vida maravillosa. Si me tuviese que ir mañana, habría vivido tanto como 10 personas. He vivido diez vidas”, confesó cuando la muerte ya le acechaba. En 34 años, a la niña de corazón saludable y vigoroso le había dado tiempo a ser esposa, madre, bailarina, pianista, cantante, amazona, reportera, comentarista, escritora, estudiante, restauradora, filántropa… y jugadora de tenis. Campeona de tenis. Odiaba perder, y casi nunca lo hizo. Insumergible. Indestructible. Little Mo.

DE PROFESIÓN, ESTRELLA; DE VOCACIÓN, HEROÍNA

“A los 14 años Andrea Jaeger era una super estrella; a los 37, es una super heroína que nunca deja de moverse, nunca deja de ayudar, nunca deja de recaudar fondos y nunca deja de soñar con crear una nueva aventura para los niños”. Firma Pam Houston en ‘O, The Oprah Magazine’. Sonríen multitud de niños carcomidos por el cáncer y otras enfermedades terminales. Navratilova, Evert, King, Austin… y Jaeger. Quizá la época más floreciente del tenis femenino. Andrea era la niña impulsiva de la cinta en el pelo y las coletas eternas. Rubia y brillante en la pista, oscura y sombría fuera de ella.

“TIENE UNA LLAMADA DE HITLER”

Las rejas de la cárcel separan a Gottfried Von Cramm del mundo. Es mayo de 1938 y el primer campeón alemán de un Grand Slam acaba de ser arrestado por mantener una relación homosexual con Manasse Herbst, un actor judío exiliado, y enviarle dinero al extranjero. En una prisión de Berlín se produce la confesión del implicado, que cae como un relámpago en el corazón de su aristocrática familia, pero no consigue evitar la implacable condena: un año de libertad privada. Ni la influencia de sus padres, el Barón Burchard Von Cram y Jutta Von Steinberg, ni los logros deportivos del tenista, ganador de dos grandes y finalista de otros cinco en ese momento, ni la intervención de Herman Göring, destacado político y militar del país, son armas suficientes para pelear contra un enemigo gigante. Tras el motivo esgrimido para ejecutar el castigo, tras las irregularidades sexuales por las que los agentes de la Gestapo le arrestan, se esconde algo mucho mayor. La sombra de un histórico dictador que antes fue un vulgar pintor.

LOTTIE DOD, INVICTA EN WIMBLEDON

Acabó la guerra y Lottie Dod no perdonó un solo año sin visitar Wimbledon. El torneo que ganó 5 veces. En el que aún recordaban sus hazañas. El que le acompañó hasta su último suspiro. Lottie murió el 27 de junio de 1960. Se fue apagando poco a poco en la cama mientras escuchaba por la radio el torneo en el que nunca perdió. Tenía 89 años.

ROD LAVER, LOS SECRETOS DEL MITO

Durante el Abierto de Australia los grandes partidos se juegan en la Rod Laver Arena. En la grada suele verse al homenajeado, su dueño honorífico, el único tenista de la historia que conquistó dos veces el verdadero Grand Slam: ganó los cuatro grandes el mismo año antes y después de la Era Open (1962 y 1969). El palmarés oficial dice que ‘sólo’ ganó 11 majors, pero nadie olvida que estuvo sus cinco mejores años compitiendo y ganando en el circuito profesional (8 grandes profesionales, por ejemplo). Pero los títulos de esa época no valen. No cuentan. Descubrimos todos los secretos del mito: sus frases, sus recuerdos, las narraciones de sus títulos y su respeto por el deporte de la raqueta. Esa que nunca ha colgado ni colgará. Ni con medio cuerpo paralizado…

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