El día que Nadal disgustó a su abuela

15 de mayo de 2003. Hamburgo. En pista el número 4 del mundo y un niño de 16 años. Carlos Moyà y Rafael Nadal. Charly y Rafa. Dos amigos. Maestro y alumno. Ganó el discípulo. 5-7 4-6. Fue uno de sus primeros avisos. Derrotó a un ganador de Roland Garros, soñó con levantar ocho veces esa Copa de los Mosqueteros… y disgustó a su abuela.

Entre Hamburgo y Manacor hay 1.640 kilómetros. Pero la noticia llegó veloz. Y la reacción aún más rápido. Suena el teléfono de Toni. Llama la abuela Isabel. Está triste. “Lo siento muchísimo”. Toni Nadal no se lo explica. Bel sí. “Moyà se portó muy bien con él siempre. No se lo merecía Carlos. ¿Cómo ha podido hacer esto?”. Toni ya lo entiende. Sólo es una abuela agradecida.

“Lo siento muchísimo. Moyà se portó muy bien con él siempre. ¿Cómo ha podido hacer esto?”

“Yo, en vez de estar contenta, no lo estuve esta vez. Casi sentí que le ganara”, confiesa Isabel en El Partido de las 12 de la Cadena COPE. Nunca más volvió a apenarse por una victoria de su nieto Rafael. “Gracias a Dios nunca más me hizo caso”. Y pocos motivos más le dio para el disgusto.

Algún jarrón roto. Porque antes de andar Rafa ya chutaba todo lo que se encontraba con forma esférica. “De pequeño ya le gustaba mucho todo lo que fueran pelotas y todos los deportes en general”. Y claro, algún daño colateral hubo. “¡Uf!, muchas cosas rotas. Pero mis hijos ya me rompieron más. En mi casa no ha salido ningún músico. Todos han salido deportistas”, cuenta Isabel pensando en su marido, director de orquesta. “No se ha quejado porque tienen muy poco sentido musical y pensó que era perder el tiempo”.

648 victorias. Todas celebradas, menos una. 

Y alguna visita al hospital. Como todos los nietos, Rafa sabía qué pedir en la cocina de la abuela. “Le gustaban mucho los canelones, el pescado al horno y el marisco. Muchas gambas”. Pero también sabía qué sisar de la despensa. “El día que hizo la primera comunión tuvo un cólico tremendo. Yo tenía una despensa abajo y siempre había muchas aceitunas para invitar a todo el mundo a hacer un vermut. Y me cogía un bote y se lo terminaba”.

Ganar al mentor que le cuidó. Romper algún jarrón. Y pegarse un atracón de aceitunas. Los tres disgustos que Rafa Nadal le ha dado a su abuela Bel. Alegrías le ha dado alguna más. 648 victorias. Todas celebradas, menos una.

Escucha aquí la entrevista completa a la abuela de Nadal en El Partido de las 12 de Cadena COPE

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