La xiqueta de Torrent

Ángel G. Muñiz desde la ciudad de Valencia

Ana Isabel Medina Garrigues (Torrent, España; 1982) se gana la vida jugando al tenis desde 1997. Jugó su primer partido profesional nada más cumplir los 15 años. Perdió de paliza, 6-2 6-1. Desde entonces, como confiesa en su cuenta de twitter, sigue “intentando ser tenista”. 1402 partidos y muchas experiencias. Sonrisas y lágrimas, celebraciones y broncas, aciertos y errores. En esta charla se habla poco de tenis y mucho de lo que pasa por la cabeza de un deportista profesional. Qué piensan, qué sienten, qué temen. Responde Anabel, ahora que la hora del adiós se acerca tras 16 años en el circuito.

Ana Isabel Medina Garrigues. ¿Quién le llama Ana Isabel?

Nadie. Me llamaba Ana Isabel la profesora de un colegio de monjas, que estuve un año. Y me llamaba Ana Isabel porque es lo que ponía cuando pasaba lista. Hombre, si que hay gente que ha descubierto que me llamo Ana Isabel y para la coña me llaman “¡Hola, Ana Isabel!”. Pero cuando estás hablando en serio, a mí nadie me llama Ana Isabel.

¿Por qué sólo duró un año en un colegio de monjas?

Pues porque no era compatible con el tenis. Iba sólo por las tardes, cuando el colegio era mañana y tarde. Tenía que pedir los apuntes de las asignaturas que se daban por la mañana y era imposible.

¿Cuánto de cabeza y cuánto de talento tiene el tenis?

(piensa y suspira) Es que eso es muy relativo. Depende del estilo del jugador, pero sí que es verdad que cuánto mejor seas psicológicamente, más suples el talento. Es más fácil que un jugador siendo mentalmente muy bueno pueda sacar más partido a una calidad tenística inferior, que un jugador muy talentoso que psicológicamente le cueste o sea malo. Yo a nivel psicológico siempre me he notado en bastantes momentos de mi carrera con carencias y he intentado trabajarlo lo máximo posible.

¿Cuándo decide ser tenista?

No lo decido así “voy a ser tenista”. Recuerdo que empecé a jugar con siete años y fui una chica que despuntó mucho a nivel regional. En la Comunidad Valenciana soy campeona en todas las categorías cada año. Pero a nivel nacional, quizá por el tema este psicológico, no destacaba tanto. Yo soy de la época de María José Martínez, Lourdes Domínguez, Marta Marrero… Y siempre eran jugadoras que estaban por encima de mí a nivel infantil y cadete. Fui jugando y con 15 años empecé un entrenamiento más serio en la Federación Valenciana y empecé a viajar a torneos profesionales.

Tiene 15 años y sus amigas le llaman. “Nos vamos al cine. Nos vamos de fiesta”. Y no va.

No. Recuerdo que la primera vez que salí de fiesta fue con 18 años. Mi padre era bastante estricto y bastante protector. Yo soy la única chica de la familia, tengo dos hermanos. Y era bastante estricto con el tema del entrenamiento. Aparte de los dos días a la semana que hacía con la Escuela Municipal de Torrente, los otros tres días me iba a entrenar con mi padre. Somos una familia muy humilde y durante una época no tuvimos coche, así que mi padre iba a trabajar en bicicleta. Tenía la típica bicicleta que pesaba una barbaridad: 30 kilos, puro hierro y sin marchas. Torrente es una montaña, no el típico pueblo llano de Valencia, y la imagen que recuerdo es a mi padre volviendo de trabajar, sentándome en el cuadro y poniendo el cubo de bolas y las raquetas en el manillar. Así íbamos desde mi casa hasta el polideportivo a entrenar los tres días que yo no entrenaba en la Escuela. Siempre me ha exigido que entrenase y que fuera profesional. De repente estaba en casa, vivíamos en un cuarto y me hacía subir las escaleras tres o cuatro veces. Me hacía saltar a la comba. Siempre ha sido exigente.

¿Echa de menos esos cines, esas fiestas? ¿Se ha arrepentido alguna vez de no haberlos tenido?

No. No me he arrepentido. ¿Sabes qué pasa? Que como no lo has vivido, tampoco lo echas tanto de menos. Y yo no me considero una chica a la que la fiesta le pierda. Ahora tengo 31 años y sí que es verdad que intento, cuando tengo tiempo libre, dar mis vueltas y aprovechar más cosas que antes no hacía, porque la carrera profesional es muy exigente y no te da para ello.

¿Recuerda con quién tuvo esa conversación en la que le dijeron “Anabel, si quieres ser tenista tienes que sacrificar todo esto”? Si es que la tuvo…

No, no la tuve. Gonzalo ha entrenado a muchas jugadoras y siempre dice que he sido una niña muy obediente y que le he dado muy pocos problemas fuera de lo que es el tenis. Considero que soy una jugadora bastante complicada, por mi carácter, pero también es verdad que no le he dado ningún problema fuera de la pista. Yo sé de jugadoras que se han escapado por la noche para salir de fiesta, jugadoras que no respetaban los horarios o que no querían ir a entrenar. Yo no me he saltado ningún entreno ni ningún gimnasio. Soy una jugadora que tú me dices que te haga diez, y te hago diez. No te hago once, pero tampoco nueve.

Tiene 15 años y viaja al extranjero. Está sola y echa de menos a su familia. ¿Llegó a llorar en esos viajes?

No. No, porque soy un poco despegada y bastante independiente. La única vez que llame a casa fue con 21 años desde Acapulco. Tuve un problema con una muela y se me puso la cara tan mal, que la gente me miraba y se asustaba. Y sí que llamé “Mamá, mamá, quiero irme a casa”. Porque, claro, estaba en Méjico, un país lejos de tu casa y que no sabes cómo funciona el servicio médico. Yo que sé qué dentista voy a encontrar en Méjico. Luego encontré un señor y fue encantador. Me trató increíble y con muchísimo cariño.

¿Cree que una niña con 15 años está preparada para tantos entrenamientos y tantos viajes?

Hombre, yo creo que no. Son 15 años. Nos hacen crecer muy rápido a una edad que no estamos preparadas para ello. Yo ahora tengo 31 y estoy coincidiendo con chicas como Tita Torró o Lara Arruabarrena. Y no puedes compararlas con la gente de su edad fuera del mundo del tenis. En el circuito hay muchas niñas de 20 años, pero con la madurez de estar en un circuito profesional. “No, yo tengo 21 años” y ves a esa niña, la comparas con Tita, y es otro mundo totalmente diferente. Tita es mucho más madura porque la exigencia del tenis te lo requiere. No puedes estar con 15 años pensando “es que yo quiero jugar al tenis, pero quiero salir los sábados con mis amigas”. Y es complicado, porque se exige a niñas de 15 y 16 años cosas que son necesarias, que el circuito te exige, pero se nos olvida que son muy pequeñas.

Hay casos de juguetes rotos en la historia del tenis. ¿Alguna jugadora le ha dicho, literalmente, “yo no estoy preparada para esto”?

(se detiene a pensar) Yo he vivido dos experiencias bastante desagradables con dos jugadoras. Una entró a un vestuario con la cara cruzada. El padre le había pegado un bofetón porque había perdido. Y otra escondiéndose en un vestuario “por favor dejarme dormir aquí que si no mi padre me…”. Yo las he vivido, no me las han contado.

Hablemos de Gonzalo, su entrenador de toda la vida. ¿Cuántos años lleva trabajando con él?

Buf, trece.

¿Sabe cosas suyas que nadie sabe?

Sí. Cosas que no sabe ni mi madre, ni mi mejor amigo. Gonzalo me quiere como una hija. Después de una relación de trece años, no es un cualquiera. Si yo paso con Gonzalo 300 días al año y 65 con mi familia, pues obviamente pasa a ser prácticamente mi padre. La diferencia de edad da para ello, aunque habría sido un padre un poco prematuro. De hecho mucha gente se piensa que es mi padre. “No, porque tu padre…”. (risas)

¿Cuántas veces le ha dicho cosas que no le han gustado?

Muchísimas. Gonzalo siempre me dice “mira, yo te hablo como si estuviera hablando con mi hija y te digo las cosas que creo que tienes que mejorar. Lo que no voy a hacer es hablarte para hacerte sentir bien. Si estás haciendo algo mal, te lo diré. Primero, porque me pagas para que trabaje contigo y te diga las cosas como son. Y luego porque te quiero como a una hija”.

¿Recuerda la discusión más fuerte que han tenido?

Es que hemos tenido muchas. Son muchos años.

¿Alguna de decir “hemos terminado”?

Hombre, sí que nos lo hemos planteado algunas veces. Porque son trece años de relación y yo soy una persona bastante complicada. Gonzalo ha tenido muchísima paciencia conmigo.

Dice Rafa Nadal que con los años le discute muchas más cosas a Toni.

Y yo a Gonzalo. Por supuesto. Es normal. Te vas formando como persona, vas formando tu personalidad y tus pensamientos. Tengo 31 años y no soy una niña. “Oye, que tengo 31 años y ya no soy esa niña que te decía a todo que sí”.

¿Es capaz de desconectar de su vida privada cuando salta a pista?

Pues pensaba que sí, pero ha habido momentos en los que no he sido capaz. Me considero una persona bastante trasparente. Si estoy mal, me lo ves en la cara. Y si estoy bien, también me lo ves. Y si me he peleado con mi padre, no estoy en la pista “jolín, me he peleado con mi padre”. No, cuando estoy en la pista, juego al tenis. Pero los temas personales claro que me afectan, como a todas las chicas. A las chicas nos afectan mucho más las cosas. Una ruptura con tu pareja en una mujer afecta lógicamente a nivel profesional. Y se han visto casos de hombres que han roto con sus novias y a la semana siguiente han ganado torneos.

Está en la otra punta del mundo y tiene un problema personal en su casa. ¿Con quién lo habla? ¿Con Gonzalo? ¿Con alguna compañera?

¿Sabes qué pasa? Que los familiares tienen una virtud que puede ser un defecto. Como estamos tanto tiempo fuera de casa y estamos tan lejos, los problemas familiares no te llegan. Yo me he enterado de cosas de mi casa a los tres meses. “Mamá, ¿por qué no me lo has contado antes?”. “Es que estabas de torneo, tan lejos, y no te quiero molestar”. Sí que es verdad que si estás a 5.000 kilómetros de tu casa tampoco puedes ayudar.

Conozco a un deportista profesional, olímpico como usted, que cuando está compitiendo no habla con su familia hasta que termina el torneo.

Hombre, un poco exagerado, ¿no? No creo que una conversación con tu madre te vaya a perjudicar. Con que el mensaje a su familia sea “no me habléis de problemas”…

Hablemos de rivales. ¿Cómo se lleva competir semana tras semana por puntos, por dinero, por ránking, por patrocinadores?

(Pausa) Yo creo que es un poco más por ganar, más que los puntos, el dinero… Yo cuando entro a jugar no pienso en el dinero, “si gano me dan tanto”. El tenista se dedica a competir y al final todo el mundo quiere ganar. Obviamente, no se puede ganar todas las semanas y el tenis es uno de los deportes más desagradecidos. Quitando a los fenómenos como Serena o Rafa, yo este año he perdido todas las semanas. Todas las semanas pierdes. Este año no he ganado ningún torneo y he perdido todas las semanas. Entonces es una lucha por la victoria que luego obviamente te da puntos, te da dinero y te da imagen y contratos publicitarios. Pero al final es meter la pelotita y ganar partidos.

Sí, pero al final pelea contra rivales que quizá sean las únicas personas que conozca en Bakú, en Bogotá o en Osaka.

Sí. (Piensa) De ahí el que se diga que en la competición no hay amigos. Son compañeros. Al final, intentas llevar el máximo respeto posible con tus compañeros, pero cada persona es diferente. Te encuentras con jugadoras de 50 países diferentes, que tienen su propia cultura, su forma de pensar, sus rutinas… Si ya es difícil llevarte bien con tu familia, imagínate con una que es de Kazajistán. Pero sí que intentas llevar el máximo respeto posible y sí que hay momentos en los que llegas a sentir cierto compañerismo y cierta amistad compartiendo una cena. Es muy difícil, porque a lo mejor al día siguiente lo tienes delante y quieres ganar, y necesitas ese partido. Es difícil de gestionar y es normal que no haya amigos en el circuito. O sea, tiene que ser un caso muy especial. Por ejemplo, yo me llevo muy bien con Carla [Suárez], pero somos de diferentes generaciones, yo soy más mayor que ella, y quitando los dos últimos años hemos estado en un ránking muy diferente. No hemos estado en la competición directa y por eso tenemos una buena amistad. Yo ahora estoy más o menos al final de mi carrera y ella está en su punto más alto. Tenemos una distancia tan larga que realmente no somos rivales directas, quitando el día que por mala pata te toque jugar contra ella.

¿Alguna amiga de verdad en el circuito con la que se vea quedando dentro de 40 años?

Sí, con Carla sí.

¿Y alguna enemiga irreconciliable? ¿Alguien a quien ni saludaría?

No, no tengo ninguna que si le veo la cara, se la giro. Pero si que hay algunas que… (risas)

¿Ni hola ni adiós?

Tampoco ni hola ni adiós, porque la educación está por encima de todo, pero “con esa no entreno” sí.

Piense en ellas. ¿Alguna vez ha saltado a pista deseando más que la rival perdiese a que usted ganase?

Hombre, no de esa manera. (risas) Nunca me lo he planteado de esa manera, pero “esta no me gana ni cagando”, sí.

¿Ha discutido con alguien en un vestuario? Fuera de pista, fuera de cámaras.

Bueno… Sí que tuve unas palabras con Radwanska cuando era más jovencita, que ya estaba despuntando. Estábamos jugando un torneo indoor en Linz. La diferencia de los indoor es que no hay pistas. Hay dos pistas de entrenamiento que a la vez se está compitiendo y a lo mejor tienes una pista fuera del club, que es diferente, que la bola va diferente. Ella tenía una pista de 45 minutos, venía de otro torneo y quería jugar con su entrenador. Y yo fui y me apunte en la media pista que ella tenía. “Que no, que yo quiero jugar con mi entrenador sola y voy a jugar con él los 45 minutos”. “Mira, la otra pista no tiene nada que ver. Estás sola 45 minutos en un torneo de dos pistas. Comparte la pista”. Lo que hablábamos antes del compañerismo. Y recuerdo que una chica de la WTA, que representa a las jugadoras, le dijo “intenta gestionar estas cosas mejor, porque aquí nos encontramos todas cada semana. Y no te merece la pena tener broncas con todas”.

¿Le han metido algún 6-0 y 6-0? ¿Se ha ido alguna vez a casa en bicicleta, como dicen los tenistas?

No, menos mal. Menos mal. 6-0 6-1, sí. Un 6-0 5-0 y punto de partido, que zafé y gané un juego. Con Benesova en el Abierto de Australia en 2011. 6-0 6-1.

¿Se sintió humillada?

Vamos a ver, quitando Serena Williams, un 6-0 6-0 te lo metes tú. Ese día, obviamente, yo no estaba en ese partido, estaba en España. Al nivel que jugamos nosotras, que una jugadora te meta 6-0 6-0 es muy difícil, quitando que sean jugadoras muy sólidas como Errani, Kerber o Radwanska. Hoy en día, con el tipo de juego que hay, que te metan dos roscos es muy complicado.

Y después de una de esas palizas, se acerca a la red y la tradición impone que tiene que darle la mano a su compañera. ¿Qué está pensando?

Qué vergüenza. (pausa) Qué vergüenza.

Ha tenido broncas muy fuertes con algún juez de silla. ¿Qué siente cuando las recuerda?

Es una faceta de mí que no me gusta nada, y si pudiera volver atrás, me gustaría saber gestionarlas mejor. Porque hay muchas veces en las que he sido muy maleducada, y aún teniendo la razón, la he perdido. Hay muchas maneras de decir las cosas, de darle a entender a un árbitro que se está equivocando, y no hace falta gritarle desde la esquina de la pista.

¿Alguna vez le ha llamado su madre o un amigo y le ha dicho “pero cómo haces eso, Anabel”?

Hombre, “joder Anabel, cómo haces eso” en plan bronca, no. Pero descojonados de risa “hostia Medina, cómo te pasas”, sí.

¿Cuántos países ha visitado desde que es tenista?

Yo que sé… Si juego 30 torneos al año y alguna temporada he cambiado mi calendario, ¿40? Eso se coge un papel y lo hacemos en un plis. Estados Unidos es un solo país, aunque juegues Cincinnati, New Haven, Miami, Indian Wells…

Cuentas echadas. En categoría WTA 41 países, desde Israel en 1998 a Japón hace unas semanas…

Buah, con aviso de bomba.

¿Cómo?

En Israel estaban en pleno conflicto y tuvimos problemas con los vuelos. Nos registraban por todo. Y ahora recuerdo que antes había viajado a Noruega y a Mónaco a jugar campeonatos de Europa en categorías inferiores. Y en 2011 estuve en una exhibición en Singapur. ¿A que ese no le habías contado?

44, entonces. ¿Cuántos días al año fuera de casa? Esa cuenta seguro que la lleva.

Exacto no, pero 300 seguro. O más.

¿Durante cuántos años?

Desde los 15, así que 16 años. Bueno, mentira, porque en el 2001 me lesioné y estuve en mi casa.

¿Le quedan ganas de viajar por placer? ¿De ir a un país en el que sólo ha jugado al tenis para conocerlo de verdad?

Yo creo que cuando deje de jugar y esté un tiempo en Valencia, sí. Pero, por ejemplo, tenía varias opciones de vacaciones en Asia y dije “sí, me voy, me voy”. Y cuando llegué a Valencia, “buah, no cojo el avión ni de coña”. Pero nosotros somos gente de mundo, de visitar países, y obviamente no tendría ningún problema en viajar.

¿Ha ganado mucho dinero jugando al tenis?

Hombre, me gano la vida jugando al tenis, sí.

¿Compensaba?

Sí, sí, claro que compensaba.

¿Y sigue compensando?

Sí, claro.

¿El tenis, para usted, cada vez es menos juego y diversión y más trabajo, más rutina?

Sí. Desde hace ya un par de años, sí.

Fue 16ª del mundo y ahora está en el puesto 99. ¿Cómo se asume eso?

Jodido. (risas) He pasado un año bastante complicado y el nivel de tenis que he tenido no ha sido de 16, pero tampoco de 99. Pero bueno, son circunstancias de la vida. En una carrera profesional de 16 años no puedes estar los 16 perfecto, impoluto y al máximo nivel. Pero el 99 pica, pica.

Este año ha perdido con la 160, la 136 y la 113. ¿Hasta cuándo veremos a Anabel Medina en pista?

Pues este año lo veremos. Porque estoy en una situación de ránking que dependiendo como vayan los seis primeros meses del año, igual ya no depende sólo de mí. Igual depende también del ránking, porque en la situación que estoy, estando la 99, hay torneos en los que tengo que jugar previa y soy consciente de que tengo 31 años y el cuerpo pues… Asimilar tres partidos de previa para coger 20 puntos y luego jugar en el main draw y que te toque a lo mejor una cabeza de serie. Tengo unos problemas de rodilla bastante importantes desde hace muchos años y hay días que me levanto con dolor y estoy muy limitada.

¿La palabra retirada ya ha aparecido por su cabeza?

Sí, a mí me ha aparecido muchas veces. Muchas veces, porque soy una jugadora que, aunque parezca fuerte, realmente lo paso muy mal compitiendo. No me considero una buena competidora. Soy muy luchadora, me dejo la piel, he conseguido cosas muy importantes en mi carrera, resultados muy buenos, pero no soy una privilegiada de la competición. Tú ves jugadoras como Wozniacki, Jankovic, Serena o Errani, que las ves que son buenas competidoras en pista. Y luego hay jugadoras que no compiten tan bien. Y a mí, el sufrimiento de la competición me hacía, por momentos, no competir bien. Entonces, ha habido épocas en las que he llegado muy al límite y me he planteado la retirada, pero no sólo el último año. Con 13 años tuve que dejar el tenis seis meses, porque no había entrado a la pista y ya estaba llorando. Y de nana lloraba todos los partidos. He llorado en la pista… (pausa) toda mi vida.

¿Este año también?

Sí, claro. Sí, sí. Lo que pasa es que te haces mayor y lo disimulas un poco más. Te da un poco más de vergüenza y los pollos que montas de pequeña, ahora no los montas de esa manera. Pero interiormente también lo pasas mal y alguna lagrimilla se te cae.

Enseguida terminamos entre risas, pero antes valore algunas frases. Dígame si son postureo o se ve identificada. Decía Jim Courier, “algunas personas tienen el talento de saber sacar o volear bien; yo tengo el talento de saber competir”.

Correcto. Jim Courier era un jugador físicamente bastante bueno, muy potente, pero tenísticamente no era muy talentoso. Era un jugador muy rudo, muy poco ágil. Tenía el revés de béisbol. Él siempre lo decía, que había jugado al béisbol y se le había quedado la empuñadura de revés de jugador de béisbol. Pero compitiendo era muy bueno.

“Si tienes miedo a perder, no mereces ganar”. Firma Bjorn Borg.

También.

¿Ha tenido miedo a perder?

Muchas veces.

¿Y a ganar?

Muchas veces. Pero se enfoca diferente el miedo a perder y a ganar. Si tú tienes miedo a perder, sin querer te pones más conservador, te quedas retraído. Pero si tienes la tensión de la victoria, te hará ir más hacia delante. Aunque tengas miedo a la victoria, vas a por ello, vas a buscar ganar. Y eso puede hacer que te pongas nervioso y la tires fuera. O que la metas. Sin embargo, con el miedo a perder, igual la bola no te llega ni a la red.

“Cada fracaso me hace más fuerte”. Lo decía alguien que jugó seis semifinales del Grand Slam, cuatro en Wimbledon, y no pisó ninguna final: Tim Henman.

Los que realmente de cabeza son muy buenos, aprenden mucho de las derrotas. Y los que mentalmente son más flojos, las derrotas les hacen mucho daño.

Rafa Nadal llegó a decir que disfrutaba del sufrimiento.

Tal cual. Rafa, cuando peor está el partido, mejor juega.

Y la última, mi favorita. “En el mundo hay el mismo número de ratas que de personas”.

Hay muchas ratas en el mundo, ¿eh? (risas) ¿Quién ha dicho eso?

Es un dato real, no una frase.

Quiero pensar que no.

¿En el tenis hay muchas ratas?

Sí. En el tenis hay muchas ratas, porque es un deporte individual y…

Venga, terminemos con una sonrisa. Su mejor recuerdo de los dos Roland Garros.

El primer Roland Garros que ganamos fue muy bueno, porque fue una final muy difícil. 6-4 en el tercero. Y recuerdo que yo no quería ni jugar, de los nervios. Pero cuando ganamos, fue impresionante porque el papá de Vivi había faltado hace poco y se lo dedicó. Vivi había ganado seis, pero para mí era el primero. Nunca había pensado que se pudiera dar y se dio. Recuerdo que Schiavone hizo resto-red, le jugué una bola a los pies y la falló. Empecé a saltar, tiré la raqueta, cogí a Vivi… Fue bonito, muy bonito.

¿Ese momento, ganar su primer título del Grand Slam, compensa todas las lágrimas que se le han caído en una pista de tenis?

(duda)

Quiero decir, ¿si le quitasen ese momento, pero también le quitan todas las lágrimas, firma?

Sí (silencio).

Su mejor recuerdo de la plata olímpica, de Pekín.

(suspira) El momento concreto que no se me olvidará en la vida fue cuando yo resté para ganar el partido [de semifinales]. La china se cruzó en una bola que yo había pegado medio mal, de los nervios, y ella se cruzó demasiado rápido y la pegó medio con la caña. La bola, desde que la pegó hasta que botó, igual pasó un segundo, pero para mí fue cámara lenta. “Que se vaya fuera, por favor. Que se vaya fuera, por favor”. Y recuerdo que cuando botó, dije “soy medallista olímpica”. Yo no quería el partido por el bronce, ni regalado. Porque allí es cuarto, que no se acuerda ni tu madre que has ido a las Olimpiadas, o bronce que es la leche.

¿Se puede contar lo primero que verá cualquier persona que vaya a casa de Anabel Medina?

Pues tengo un cuadro que nos regaló el Consejo Superior de Deportes, a Vivi y a mí. Es una foto con la bandera de España y la medalla. Y pone “Ana Isabel Medina…”, (risas) ahí sí que pone Ana Isabel. “Ana Isabel Medina, medalla de plata en Pekín 2008”.

Sin quererlo nos ha quedado la entrevista perfecta, porque terminamos como empezamos. Pero hay un cierre aún mejor. “Estoy por entrar en ese club de alterne y pedir una habitación”. ¿Se atreve a contarlo?

(risas) Hombre, estuvimos a punto de hacerlo, pero no porque nos interesara lo que hubiera dentro. Fuimos a Albacete a ver a la selección española de fútbol y no sabíamos que entre Albacete y Almansa no hay una sola gasolinera 24 horas. Nos tiramos 50 kilómetros en punto muerto en cada bajada y hubo un momento que mi amigo Juan dijo “chicos, estamos al límite”. Y justo en ese momento, el típico club de alterne con la lucecita de la chica pata pa’ arriba, pata pa’ abajo. (risas) Y dijimos “oye chicos, igual hay que llamar para ver si tienen habitaciones”.

¿Al final apareció la gasolinera?

Sí, sí. En la última bajada nos dejamos caer y apareció. “¡La luz, la luz! ¡Hay luz!”. Y en la rotonda una patrulla de la Guardia Civil, controlando el tráfico. Fueron muy majos. Nos quisieron parar para pedirnos la documentación y les dijimos que por favor nos dejasen echar gasolina antes. Si el coche se paraba, no arrancábamos. El guardia civil nos dijo muy amablemente que podíamos continuar y poner gasolina.

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