Guga Kuerten: “Hay que pedir permiso a Nadal para entrar en Roland Garros”

Ángel G. Muñiz desde la ciudad de Paris

Nunca un deportista hizo tanto honor a sus orígenes. Gustavo Kuerten (Florianópolis, Brasil; 1976) nació en “la isla de la magia”. Venía al mundo un mago sin varita y con raqueta. Sin sombrero y con rizos juguetones. Con ropaje colorido y sonrisa contagiosa, cómo no. Así es Guga: feliz. En esta charla con Tiempo de Juego, de la Cadena COPE, sonríe al inicio y al final de cada respuesta, aunque le pregunten por la muerte de su padre o la ejemplar vida de su hermano, paralítico cerebral. El tenista que quiso ser surfista.

Pregunta. Cuerpo y corazón de tenista, alma de surfista.

Respuesta. (risas) Buena síntesis de mi personalidad. Un poco de todo ahí. Y muy raro. ¿Elegir el surf en Florianópolis? Debería haber elegido otra cosa (risas).

P. Siempre le veo sonreír, y es algo que admiro. Porque su vida no ha sido fácil. Cuando tenía ocho años vio morir a su padre Aldo, que sufrió un ataque cardiaco mientras arbitraba un partido júnior. Y en 2007 su hermano Guilherme, sin duda su mayor fan, perdió la vida después de mucho tiempo peleando contra la parálisis cerebral. ¿Por qué siempre sonríe?

R. Nada, sólo es el ADN brasileño, de ver la vida más sencilla y con felicidad. También aprendí a valorar todos esos pequeños momentos de alegría por la experiencia con mi hermano. Todas las conquistas diarias con él eran muy importantes, un aprendizaje rico. Me ayudó a no depender de grandes triunfos. También era muy feliz cuando ganaba aquí (risas), pero sigo estando tan contento como estaba antes.

P. Aquí, en París, quizá en tu segunda casa. Tres títulos en Roland Garros.

R. Sí, pero siempre hay que pedir permiso a Rafa para entrar (risas). La casa es repartida con él. Pero es un sitio que ha transformado mi vida, no sólo como profesional sino también como persona. Aquí aprendí mucho y pude vivir sensaciones gigantescas. Las personas también me quieren demasiado, por eso es un privilegio siempre que puedo volver aquí.

P. Recuerde la primera victoria, la de 1997. ¿Cómo se gana Roland Garros con 20 años, desde el puesto 66 de la clasificación mundial y sin ningún título previo?

R. (risas) De suerte. Juego un millón de veces más y no lo vuelvo a ganar seguro, porque todos los jugadores… Quizás el primero, Dosedel, tenía el mismo nivel que yo, pero todos los demás eran mucho mejores que yo. Si analizáis el partido contra Kafelnikov, entonces él era de otro universo comparado con mi nivel de tenis. Me había ganado tres meses antes en menos de 50 minutos. Entonces aquí, en el principio de esta magia, pasaron dos semanas de gran inspiración y bueno, uno en esa hora tiene que estar preparado. No podía desperdiciar esa oportunidad. Tuve también mi mérito de saber manejar esta situación, pero la verdad es que normalmente eso no debería pasar (risas).

P. Ganó a Thomas Muster, Yevgeny Kafelnikov y Sergi Bruguera, los tres últimos campeones.

R. Además así… Yo digo que fue sin querer. “Mi título sin querer”. Estoy haciendo mi autobiografía y se titula así, “sin querer”. Pero no reclamo.

P. “Me divertí”. Así explicó su hazaña entonces.

R. Más que nunca. Y creo que lo gané también porque no entendía todo lo que significaba eso. Si no tendría muy difícil aguantar la situación. Lo llevé más como una oportunidad única de vida.

P. Ha nombrado antes a Rafa Nadal. Mañana puede ganar su novena Copa de los Mosqueteros.

R. Nada, no creo que ni siquiera él pueda explicarlo claramente. Son muchos factores y una capacidad sobrehumana. Él es distinto de todos los que han pasado por aquí. Creo que ayuda y contribuye para el tenis de una manera única. Es un chico muy especial y creo que es la persona acertada para tener todo ese éxito, porque lidia con él muy bien. Es una figura carismática, feliz, sencilla… Es bueno para mí también no haberle tenido delante (risas), en mi camino. Nació un poquito después.

P. ¿Será el mejor de la historia? ¿O ese es Roger?

R. Ahí creo que es más difícil, sólo por los números. A mí no me gusta comparar así. Si no creo que elegiría a Rod Laver, porque se quedó tanto tiempo sin jugar y ganó casi siempre. Llegaba al torneo y ya le daban el trofeo (risas).

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