Gastón Gaudio: “Nunca fui un actor”

Rafael Plaza desde la ciudad de París

La lluvia que cae sobre París se cuela por el micrófono de la grabadora que guarda la conversación con Gastón Gaudio (Buenos Aires, Argentina; 1978). En la terraza del restaurante de jugadores, sentado encima de una mesa blanca, el campeón de Roland Garros de 2004 habla con este portal dejando tiempo entre cada frase, descontando las palabras con una tranquilidad cargada de ingenio. Hace cuatro años que se retiró (2011), pero su impetuosa y brillante cabeza todavía conserva la magia de siempre.

Pregunta. ¿Le siguen llamando el gato?

Respuesta. A veces… Un periódico en argentina hizo un juego de palabras con Gastón y gato porque era muy rápido cuando jugaba, pero poca gente me dice así. Mis íntimos no me llaman así.

P. Ganó la final de Roland Garros en 2004 en un partido surrealista.

R. Fue una locura. Pasaron muchas cosas entre Coria y yo. Había bastantes situaciones fuera del tenis en esa final y una gran rivalidad entre nosotros dos. Contra Coria era una situación particular. La gente debería pensar que estaba arreglado: remonté dos sets, él tuvo calambres, salvé dos puntos de partido… Ni a Spielberg se le habría ocurrido un argumento así. Si haces una película para que sea emocionante, esa es la final de Roland Garros que gané.

P. ¿Qué le pasaba por la cabeza?

R. Es que pasé por todos los estados posibles en el partido. Me quería ir de la pista al principio porque sentía que iba a ser la peor final de la historia de Roland Garros, luego estuvimos igualados, luego estuve a punto de ganar, después pasé a tener punto de partido en contra por segunda vez. Era como estar en la situación deseada: en la final de Roland Garros, el sueño de toda una vida. Por dentro decía: ‘es la última vez que voy a estar aquí y tengo que disfrutarlo lo máximo que pueda’. A partir del 4-3 en el tercer set, hice eso. Disfrutar porque nunca más iba a estar en una final. Y eso lo fue que pasó: nunca volví a una final de Roland Garros.

P. ¿Y ahora?

R. Han pasado más de 10 años, pero solo queda el recuerdo. Estoy disfrutando la vida, aprovechando para poder elegir lo que quiero hacer.

P. ¿Disfruta más que antes?

R. Disfruto mucho más ahora. Cuando estás en el circuito no te das cuenta de lo que estás viviendo. Piensas que es algo normal. Y no es algo normal. Por eso, sufres más de lo que deberías. Ahora, viéndolo desde fuera, no me puedo creer cómo desaproveché esos momentos de mi vida donde todo lo que estaba pasando era espectacular: jugaba al tenis, viajaba por el mundo, ganaba dinero… era todo demasiado bueno como para no disfrutarlo.

P. ¿Entonces?

R. Estaba tan metido y tan nervioso, con tantas presiones, que era imposible disfrutar. Eres pequeño y no te das cuenta de lo que estás viviendo. Te das cuenta ahora, cuando pasaron más de 10 años desde todo aquello. Tener esa vida es muy complicada. No solo por la parte del trabajo, también por tener algo que te apasiona y poder vivir de ello. Básicamente, es hacer todo el tiempo lo que quieres. Tú eres tu jefe en el tenis. Ahora, tengo otras cosas en la vida que no me causan ni la misma adrenalina ni el mismo placer. No tengo la sensación de competir. Tener que afrontar esta etapa de la vida sin esos nervios antes de entrar a la pista o sin la adrenalina de jugar un partido es raro. Es algo que no he vuelto a vivir nunca más. Es lo que padecía cuando jugaba y eso es lo que echo de menos hoy.

P. ¿Cómo se definiría?

R. Siempre he dicho lo que pienso. Nunca fui un actor. Es algo que me ha traído muchas complicaciones, pero por otra parte también me ha permitido vivir más relajado y tranquilo, sin tener que estar todo el tiempo actuando. No me gusta fingir ni mentir. Tengo muchos pesos en mi vida como para tener que estar actuando todo el día. Si quieren que actúe, trabajo en una película y cobro. No quiero ser un actor de mi vida.

P. Agassi confesó que llegó a odiar el tenis, ¿usted?

R. No odié el tenis. Sufría mucho porque me lo tomaba demasiado en serio, de forma muy pasional. Había situaciones en las que lo pasaba realmente mal. Otras veces disfruté, pero llegó un punto en el que me harté. Estaba cansado. No quería tener más presión, no quería viajar más, no quería seguir luchando. Me volví loco y no quise jugar más. Con el paso del tiempo, pensándolo fríamente, habría hecho algunas cosas de forma distinta.

P. Ponga un ejemplo.

R. Me lo habría tomado con más calma. Si no estás con ganas de jugar o no te encuentras bien mentalmente para entrenar, descansas. No habría jugado tantos torneos. Bajar hasta el 150 del mundo no es un problema porque después puedes volver. Parece que al perder posiciones en el ránking se te viene el mundo encima y no puedes aceptar que algo no funciona. Hoy me lo habría tomado de forma más relajada. Quizás, sin jugar durante dos meses y volviendo cuando estuviera preparado sin que me importarse mi posición en la clasificación. En aquella época era una catástrofe.

P. ¿Se retiró precipitadamente?

R. Puede ser que fuese una decisión precipitada. No obstante, en aquel momento no podía jugar más. No podía meter la pelota. No podía ganarle a nadie. Habría perdido con usted o con cualquiera, sin importar el rival que estaba al otro lado. Tendría que haber aceptado la situación y esperar hasta que volviesen las ganas, la frescura mental. Así habría podido jugar un poco más, pero no me arrepiento porque en ese momento no podía jugar ni un partido más. 

P. Su revés se ha llevado un buen puñado de elogios durante toda su carrera. ¿Qué le diría si pudiese? 

R. A mi revés solo puedo darle las gracias. No habría podido llenar la nevera sin su ayuda. Esa es la realidad: mi revés me dio de comer. 

P. Remontó a Nadal 0-6, 6-1 y 6-1 en Buenos Aires. Luego, el español ganó nueve veces Roland Garros.

R. Doy gracias a la vida de poder ser contemporáneo de Nadal, de poder haber estado en el circuito jugando con él. Ahora me permito el lujo de decirle a mis hijos que yo jugué con Nadal. La final de Buenos Aires fue increíble, pero al margen de ese partido siento una admiración por él muy grande.

P. Cuentan que él rompió todas sus raquetas al llegar al vestuario tras aquella derrota.

R. Eso salió en un diario, pero nosotros no estábamos en el mismo vestuario. No lo pude ver, pero no creo que hiciese eso.

P. ¿Y Federer?

R. Es el estilo por excelencia. Nació para jugar a tenis y parece que todo es fácil cuando juega. Pero lo mejor que tiene Federer no es el tenis, es su forma de ser como persona. Es excepcional. Siendo tan grande dentro de la historia, siendo un líder, ser así hace que sea doblemente grande.

P. ¿Cuál es el problema del tenis a corto plazo?

R. El problema será cuando Federer, Nadal y Djokovic se vayan. No falta tanto para que esto suceda. El tenis va a necesitar gente más carismática, jugadores que vendan. Esto va a ser un problema. Hay algunos jóvenes que están empezando que tienen eso, como Kyrgios. Tienen carisma y debería ayudar, pero me preocupa qué pasará el día de mañana cuando los que están ahora se retiren.

P. Habla de vender. ¿El deporte no se ha convertido demasiado en un negocio?

R. El deporte siempre fue un negocio. Está bien porque se ha profesionalizado, como cualquier empresa. Un mercado que deja tanto dinero necesita profesionales para poder gestionarlo bien. Los representantes, los agentes, todas las personas que acompañan a los jugadores… son parte de ese mundo.

P. ¿Prefería ganar un Grand Slam a la Copa Davis?

R. Un Grand Slam. La Copa Davis es una deuda pendiente de Argentina que ya debería estar saldada. Es lo que le está faltando al tenis argentino. Sería la gloria.

P. ¿Por qué Argentina nunca lo ha conseguido?

R. Hay mucho ego en el tenis argentino. Todos compiten entre sí, se pelean, nunca fue un equipo unido… es imposible ganar nada así. Cuando el líder de equipo intenta hacerle sentir al resto esa posición de líder, cuando intenta despreciar a los demás sucede lo siguiente: cuando el que está abajo sube, quiere hacer lo mismo. Es una competición de egos. Al final, así es imposible ganar la Copa Davis.

P. Lo que sucedió en Mar del Plata…

R. Nadie puede creer lo que sucedió allí. No estaba Nadal y Argentina tenía a Del Potro y Nalbandian, un gran equipo. ¿Qué pasa? Que se pelean entre ellos. Se perdió una final, pero sobre todo una oportunidad que nunca más se volverá a tener: jugar de local contra un equipo español debilitado. Argentina va a necesitar al menos un par de años para llegar a la final. Hay jugadores que están creciendo bastante, pero no tenemos el equipo que había en 2008.

P. Federer y Wawrinka tuvieron una fuerte discusión las semifinales de la Copa de Maestros y una semana después estaban ganando la primera Ensaladera para Suiza.

R. Es otra relación y otra cultura. No tiene nada que ver. Lo que hicieron Federer y Wawrinka es lo que haría cualquier persona que piense de forma lógica, pero en Argentina no somos así. No podemos ir todos de la mano.

  • santiagoxeneize1

    Genial como siempre gaudio.

    Una correccion: no jugo contra nadal en la final de bsas, sino en los cuartos de final.

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