Tipsarevic, el regreso del filósofo

Ángel G. Muñiz desde la ciudad de Madrid

Inactive. Inactivo. La tortura de un tenista. Su tormento. Ver en el portal digital de la ATP ese cartel implica haber abandonado el tenis… o que el físico te ha abandonado. 21 de octubre de 2013: Janko Tipsarevic, 28 del mundo, abandona el torneo de Valencia a los 19 minutos de juego, cuando ganaba 2-1 a Marcel Granollers. 27 de marzo de 2015: Janko Tipsarevic, inactivo, vuelve a pisar una pista de tenis en Miami junto a su amigo Novak Djokovic en la categoría de dobles. Entre medias, “17 meses desde que vi mi nombre en el cuadro de un torneo de tenis. Ha pasado mucho tiempo…”.

Entre medias, una lesión crónica en el tendón de Aquiles, una fascitis plantar y dos tumores. Normal que la derrota (4-6, 6-3 y 7-10 ante Lindstedt-Melzer) supiese a victoria: “Buen partido hoy. Después de todo lo que ha pasado me siento tan afortunado de poder volver a jugar al tenis de nuevo… Gracias por todo vuestro apoyo y enorme Djokovic demostrando que es el verdadero jefe”. Novak estuvo a su lado al conquistar la Copa Davis para Serbia (entonces perdieron el pelo, rapado a pie de pista, y ganaron un pasaporte diplomático de por vida), y Novak volvió a estarlo en su regreso a las pistas.

Así es Janko, un tenista que no deja indiferente a nadie. De luces y sombras. De infiernos y paraísos. Tan pronto se convierte en la octava mejor raqueta del mundo, con 4 títulos ATP y categoría de maestro en Londres allá por 2012, como se retira en 20 ocasiones de un partido profesional, con adioses prematuros en los cuatro torneos del Grand Slam y los Juegos Olímpicos.

Tan pronto reconoce cierta soberbia (“Si juego contra un jugador de nivel medio, como yo, y voy ganando, de repente mi concentración desaparece y me encuentro a mí mismo fuera de la pista. Estoy leyendo, haciendo snowboard o escuchando música”), como rectifica (“Ahora salgo a la pista con la misma mentalidad juegue contra Federer o contra el tipo que está el 100 del mundo. La misma confianza y el mismo respeto”).

Ciclotímico. Apodado en su día ‘El Doctor Loco’, poco después de la final de Wimbledon 2011 tuvo que pedir perdón por colgar en su Facebook una foto apuntando a Djokovic con una pistola que le prestó un policía. El pie de foto… “Cuánto le gustaría a Nadal que fuese verdad”. Considerado el intelectual del circuito, leía a Nietzsche, Kant y Dostoyevski hasta que las preguntas filosóficas le saturaron: “Me di cuenta de que estaba leyendo demasiado cuando empecé a dudar de mí, de la vida y del tenis”.

Conserva tatuajes por todo su cuerpo, incluido uno en su brazo derecho en el que se lee, en japonés, “la belleza salvará al mundo”, parafraseando ‘El Idiota’, de Dostoyevski. De hecho, conserva su pasión por la pintura de Dalí y Caravaggio. Sin embargo, abandonó la lectura y se quedó con el snowboard, la música house y el fútbol, sobre todo si lo juega el Fútbol Club Barcelona. “Soy fan del Barça desde siempre, incluso cuando tenía seis o siete años y jugaban bastante mal. El fútbol puede llegar a ser muy aburrido, pero nunca lo será mientras juegue el Barça”. ¿Su jugador favorito? “ANDRÉS (así, en mayúsculas). Obviamente Messi es el mejor del mundo, pero crecí viendo jugar a Iniesta y es mi favorito”.

Tipsarevic, al mando de su Tecnifibre TF 325, está de vuelta y lanza un aviso a sus rivales: “Siempre supe que si jugaba mi mejor tenis era capaz de ganar a cualquiera”. ¿Inactive? Activo. “Entrena duro. Juega aún más duro. Mantente humilde”, reza su perfil de Twitter.

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