Conchita hace malabares

Rafael Plaza desde la ciudad de Madrid

Ni un volatinero en una noche de entradas agotadas. Una presión así debió sentir Conchita Martínez tras la renuncia de Carla Suárez y Garbiñe Muguruza a la próxima eliminatoria de Copa Federación, donde España se juega los pocos galones que le quedan. Sin espacio para muchas innovaciones, la capitana española anunció que Lara Arruabarrena, Tita Torró, Sara Sorribes y Anabel Medina viajarán a Argentina para disputar el cruce ante Argentina (18-19 de abril). La cita, en la que La Armada coqueteará con el descenso a Tercer División, plantea varios interrogantes que han perseguido a la seleccionadora durante la preparación de la serie, condicionada porque las mejores tomaron la decisión de no proteger los colores de la camiseta roja.

Esta es la situación tras la convocatoria. La número uno del equipo (Arruabarrena) nunca ha jugado un partido en la competición, pese a que ha estado con La Armada en tres ocasiones. La número dos (Torró) se ha pasado varias semanas de la temporada lesionada y solo ha ganado un encuentro de cuadro final en 2015. La tres (Sorribes) debuta con el equipo después de una eminente progresión, ahora mismo 195 del mundo, pero posiblemente sigue demasiado verde para ser expuesta a la presión de jugar por España sin margen de error. Y la cuatro (Medina) viaja para jugar el dobles, que se disputaría en caso de que la eliminatoria llegue con vida al quinto punto.

Así, sin las tres mejores españolas del ránking (Suárez, Muguruza y Soler) la capitana ha formado el mejor grupo posible buscando la salvación y cruzando los dedos para que 2016 le ofrezca la oportunidad de regresar al Grupo Mundial, donde los técnicos piensan que España merece estar por potencial. La serie, sin embargo, no es ninguna broma. Pese a que la primera jugadora de Argentina no está en el top-100 (Paula Ormaechea, 148 mundial), la eliminatoria esconde otros peligros por encima de las competidoras citadas: el viaje a Buenos Aires, con un fuerte cambio horario, la ruidosa grada local, bien conocida en el circuito, o el fantasma de otro descenso, que se mueve estos días sin cadenas, convierten el duelo en una trampa tan real como letal.

Aunque en la Federación Española rehuyen de la comparación con el equipo masculino, que perdió la categoría el pasado mes de septiembre ante Brasil en Sao Paulo después de que nueve jugadores renunciasen a ir capitaneados por Carlos Moyà, el paralelismo es inevitable: España vuelve a jugarse la vida sin la protección de sus mejores raquetas.

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