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Vivir como en casa

Rafael Plaza desde la ciudad de Londres

La escena deja atónitos a dos corredores vestidos con llamativos colores. El domingo por la tarde, a la caída del sol, Roger Federer se decide a dar un paseo con su familia por las calles de Wimbledon. La tranquilidad de la zona, con marcado ambiente de pueblo británico, ofrece al suizo la posibilidad de caminar con los suyos desde la casa que alquila durante las semanas del torneo hasta el centro del municipio de Merton. No es una situación particular del número dos, acostumbrado a moverse con sus hijos (cuatro), su mujer y el resto de su equipo. Como el campeón de 17 grandes, que superó 6-1, 6-3 y 6-3 a Damir Dzumhur en su estreno en el templo de la hierba, muchos de los jugadores optan por evitar los hoteles de Londres (a 50 minutos de Wimbledon) y alquilan las casas de los habitantes del pueblo, que se marchan unos días de vacaciones para dejar que los tenistas sean los dueños de sus espacios más privados.

“Es un cambio importante”, explica Rafael Nadal, vencedor 6-4, 6-2 y 6-4 de brasileño Bellucci en la primera ronda del tercer grande del curso. “La ubicación de este torneo permite que nos podamos quedar en una casa. Son semanas buenas porque tengo a mi familia por aquí, están también mis primos y lo pasamos genial”, prosigue el número 10, al que ahora espera Dustin Brown. “En un Grand Slam hay horas libres y el hecho de estar en una casa te da una tranquilidad extra y un bienestar. Al estar en una casa ya no estás tú solo en una habitación, donde pasamos todas las semanas del año. Soy una persona poco solitaria, no me gusta estar solo”, confiesa el campeón de 14 grandes.

“Yo llevo cuatro años quedándome en la casa que alquila Rafa”, cuenta Marc López, que superó junto a Marcel Granollers su debut en dobles remontando un partido tremendo (3-6, 4-6, 7-6, 6-4 y 15-13 a Kowalczyk y Zelenay). “Un año también me quedé con Feliciano, que es otro de los que suele alquilar casa en Wimbledon”, prosigue el número 12 mundial sobre el toledano, que tiene su hogar a pocos metros del club. “Casi todo el mundo está en hoteles en el centro de Londres, pero eso implica tener que salir con un poco más de tiempo. No tienes tanta comodidad. Nosotros venimos caminando a Wimbledon. Estamos a 10 minutos, que es un paseo agradable. Y tenemos la opción de cenar en casa. A Rafa le encanta mucho hacer pasta y además la hace muy bien. Yo me hago una ensalada, una pechuga a la plancha… no nos complicamos la vida”, sigue entre risas. “A veces, también vamos a cenar al centro, pero cambia porque muchas veces cenamos en casa. Cocinar es divertido y diferente. Muchas veces nos juntamos los que estamos por aquí para hacer alguna cena, que siempre está bien”.

A diferencia de la mayoría de los torneos del circuito, donde los jugadores se alojan en hoteles, Wimbledon ofrece la posibilidad de abandonar la habitación de un hotel por el calor de un hogar casi propio, algo que los jugadores agradecen. “Con los años he ido cambiando de casa”, desvela Nadal, que se queda a pocos minutos del club en una vivienda para más de 10 personas. “Al principio, estaba muy cerquita, pero ahora estoy un poco más lejos. He ido encontrando casas un poco más grandes, en las que podamos estar mucha gente”, añade el número 10. “Particularmente, solo me quedo aquí en una casa y gracias a que me invitan porque si no sería imposible”, le sigue Marc López, invitado desde 2010 a compartir techo con el mallorquín. “Normalmente, siempre nos quedamos en los hoteles oficiales que nos ponen. En Grand Slam, es cierto que escoges donde puedes dormir. Aunque en Melbourne, París y Nueva York no hay opción de quedarte en una casa y nos quedamos en hoteles. Aquí es diferente porque estamos un poco alejados del centro de Londres y con el tráfico que hay parece que sea mucho más. Algunos jugadores alquilan casas para estas dos semanas. Yo me puedo beneficiar de ello gracias a los amigos que tengo”, insiste. “¿Qué hacemos? Pues por ejemplo ayer salí a cenar fuera y cuando llegué estaban viendo una película todos juntos”, dice el tenista catalán. “También jugamos a fútbol algunas veces en un jardín que tenemos con una portería. Jugamos a las cartas. Eso sí, ya no hay PlayStation. Antes había piques con el Pro Evolution Soccer, pero ahora se ha quedado aparcado. Tiempo atrás jugábamos a las cartas, a un juego que se llamaba Podrida. Después de pasó a la consola. Y ahora se ha resumido a cada uno a su bola con Twitter”, bromea.

“Yo también estoy con todo mi equipo en una casa porque tanto hotel cansa mucho”, coincide Garbiñe Muguruza, que superó 6-4 y 6-1 a la estadounidense Lepchenko en la primera ronda. “Hacemos vida juntos, cocinamos y realmente venimos al club a lo que hay que hacer: entrenar y jugar”, asegura la número 20 de mundo, que ahora se medirá contra Mirjana Lucic-Baroni. “Estar en una casa cercana te quita la sensación de pasar muchas horas en el club, de estar en el ambiente tenístico donde estás tensa porque ves a todo el mundo… hay muchos más momentos de placer”, añade. “Yo cocino mucho, pero me gusta cocinar cosas dulces. El otro día hice un flan, parecía que era un desastre, pero luego al final nos sorprendimos. Cocinar me relaja”, se despide Muguruza, que mañana arranca en dobles junto a Carla Suárez.

“Me gusta mucho más quedarme en una casa que en un hotel”, les continúa Feliciano López, que batió 6-2, 7-6 y 6-4 al belga Darcis. “Es muy cómodo porque tenemos la posibilidad de ir andando a entrenar, al pueblo… es genial. Si tienes gente en casa compartes cosas y haces un tipo de vida muy distinta a la del resto del año. Nosotros hacemos barbacoas porque en mi casa tenemos una con un jardín muy grande”, asegura. ”Empecé a alquilar una casa porque venía a jugar Queen’s y luego me quedaba a entrenar aquí antes de Wimbledon. Los primeros años alquilábamos la misma casa Nadal y yo, cuando él era más pequeño. Y era muy divertido. También lo he hecho un par de años con Ferrer”, continúa el toledano. “Este año Rafa y yo estamos en casas distintas, pero muy cerca. Es una época del año en la que la gente puede venir. Los colegios ya han terminado en España y Rafa está aquí con sus primos, por ejemplo. Es muy divertido”.

Sin embargo, las opciones para quedarse en Wimbledon no pasan únicamente por alquilar una cosa completa. Hay familias que aceptan como inquilinos a los tenistas, ofreciéndoles una habitación y compartiendo con ellos el espacio y el tiempo durante el torneo. “Estoy en una casa, aunque en mi caso alquilo dos habitaciones a una señora”, relata Roberto Bautista tras tumbar 6-1, 6-3 y 7-6 a Ruben Bemelmans. “Nos trata muy bien, nos cocina, podemos salir a la terraza a leer… estar en una habitación es muy monótono. Para cambiar un poco, mi entrenador y yo nos quedamos en casa con esta señora”.

En Londres, un torneo diferente como no hay otro. Wimbledon y sus particularidades.

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