Un techo al descubierto

Rafael Plaza desde la ciudad de Nueva York

En la grada, la gente recibió la noticia con júbilo. Al tercer día de competición, el imponente techo retráctil de la Arthur Ashe consumió cinco minutos y 35 segundos en cerrarse para resguardar de la lluvia a Rafael Nadal y Andreas Seppi, que peleaban por el pase a la tercera ronda del Abierto de los Estados Unidos cuando las gotas comenzaron a caer con fuerza.

Así, y por primera vez en la historia del torneo, la cubierta apareció en escena, le quitó todo el protagonismo a la victoria del mallorquín (6-0, 7-5 y 6-1, le espera ahora el ruso Kuznetsov) y permitió al español experimentar las sensaciones de competir bajo la cúpula, pese a que el pasado lunes ya había entrenado en esas mismas condiciones.

“Es una sensación completamente distinta a la del O2 Arena, donde se juega la Copa de Maestros”, razonó el campeón de 14 grandes, comparando el último grande del curso con el último torneo del año. “No tiene nada que ver. El sonido de la pelota es muy distinto. Con la pista cerrada es casi como si estuviese abierta”, explicó. “Sinceramente, no he sentido muchos cambios al cerrarse. No hay mucha diferencia porque el techo es muy alto, así que casi no se nota”.

En consecuencia, el techo de la pista más grande del mundo tiene las ventajas lógicas (evitar los retrasos y cancelaciones de otros años), pero apenas varía las condiciones de juego, salvo por la desaparición del viento, del que no hay rastro ni aunque la cubierta esté desplegada.

La conclusión es clara: se juega bajo techo, pero bien podría ser al aire libre. La única e importante diferencia es que la lluvia ha dejado de ser un problema en el último Grand Slam de la temporada.

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