Mirando a 2016: Victoria Azarenka

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

Con la nueva temporada a la vuelta de la esquina abordamos a las principales figuras femeninas de cara el curso 2016. Hacemos un repaso al estado actual de las raquetas más destacadas en el universo WTA, las sensaciones que dejaron en el último curso y las expectativas que pueden generar de cara a un futuro a medio plazo.

Comenzamos este serial con Victoria Azarenka, una de las figuras más relevantes de los últimos años en el tenis femenino, inmersa en estos momentos en una fase de reencuentro con el mejor nivel. Una de las principales incógnitas de cara al nuevo curso, la bielorrusa atravesó una campaña 2015 de transición en múltiples sentidos, con lecciones a tolerar y acumuladas una sobre otra para dificultar el camino de la ex número 1 mundial.

Las grietas físicas volvieron a aparecer en su sistema: el pie izquierdo, el mismo que le hizo salir del top20 en la temporada 2014 y alejarle del cara a cara con la élite, siguió marcando la temperatura competitiva durante la campaña. “Intento manejar el dolor tanto como puedo, soportarlo al entrenar y actuar como si no estuviera allí. He aprendido que quizá no sea la actitud más inteligente, y lo he hecho de forma dura”. Con una voluntad expresada de escuchar más a su cuerpo, síntoma de madurez en una jugadora que coleccionaba retiradas en mitad de los torneos fruto de su ambición para competir pese al aviso físico, la de Minsk prepara el curso tras cerrar 2015 impedida en el torneo de Wuhan a principios de octubre.

Junto al peaje físico, Victoria necesitó ajustar la creación de un nuevo equipo de trabajo. Un lavado de cara en los engranajes más cercanos, del entrenador al hitting partner pasando por la agencia de representación. Movimientos ante los que la propia jugadora reconoció tiempo de adaptación. Tras el Abierto de Australia la ruptura abrupta e “inesperada” con Sam Sumyk, técnico durante años, fue suplida con la incorporación de Wim Fissette -ex coach de Simona Halep- y la inclusión de Sascha Bajin -ex miembro del equipo de Serena Williams- como compañero de prácticas. Una permuta de activos coronada con la reincorporación del fisioterapeuta Jean-Pierre Bruyere, antiguo socio de Andy Murray y miembro del equipo de la bielorrusa en su ascenso al número 1 años atrás.

Con el paso de tiempo y el lógico período de acoplamiento abordado, será interesante observar el funcionamiento de una máquina engrasada. Su inconsistencia en el tramo inicial de la temporada fue dejando con puntualidad destellos de la grandeza anterior. Las pelotas de partido no aprovechadas en Madrid ante Serena Williams, síntoma del acercamiento aunque no equilibrio ante la élite, o quedar a un set de las semifinales en los últimos dos Grand Slam disputados (Wimbledon, US Open) sin competir en plenitud deportiva dejaron claro el calentamiento progresivo de la bielorrusa.

La última mujer capaz de ocupar el número 1 WTA antes del reinado actual de Serena Williams busca recuperar el terreno. “Tener ego, en sentido de orgullo, es lo que hace brillar a un deportista. Ese ego te recuerda que eres el mejor y que nadie puede derrotarte” reconocía en una carta abierta en Sports Illustrated resumiendo su temporada. “Tener un ego sano es absolutamente necesario para alcanzar la cima. Y desde que alcancé el número 1 no he tenido mucho margen para cometer errores”. Porque ella es, también, la última jugadora capaz de abrazar un segundo Grand Slam, demostrando su capacidad para aceptar la presión de convivir en la élite y no ser el fruto de una inspiración momentánea.

Una atleta formidable, con una capacidad para mantener intercambios prolongados a un ritmo de pelota altísimo al alcance de muy pocas. En la era del fondo de pista, una jugadora con aptitudes tremendas para el juego defensivo y la transición al ataque, con una movilidad, un juego de devolución y revés extraordinario coronados con una tenacidad visceral. Si por algo hizo huella la bielorrusa fue por la voluntad para salir vacía de pista, con el rostro enrojecido y las agallas probadas. Ninguna jugadora en los últimos años plantó cara al dominio de Serena Williams como la jugadora de Minsk -unos cuartos de final de Wimbledon formidables como última prueba-.

Si en 2016 el cuerpo ha endurecido las grietas, el equipo ha quedado ajustado y la confianza está de vuelta, será una de las grandes noticias en el circuito WTA.

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