Rockeros en Londres a punto de desmayarse

Carlos Zúmer desde la ciudad de Sevilla

Como si el Tour de Francia decidiera en París algo más importante que la simple victoria de etapa. En el tenis, llegar al final tiene cierto sabor de bienvenida y honra pero también algo de desenlace envenenado, prueba postrera realmente exigente. Sin duda, el poco descanso que ofrece el calendario ATP propicia para los flamantes contendientes de la Copa Masters un escenario de fuerzas límites y alguna baja médica. Parece difícilmente evitable teniendo en cuenta que este torneo se disputa a final de año (y esa vocación de muerte súbita es un gran aliciente), pero resulta entonces completamente imprescindible acomodar una semana de descanso antes de su disputa. En este caso, la ubicación del Masters 1000 de París ha hecho un flaco favor al lucimiento del epílogo tenístico del año.

Andy Murray se cayó del cartel hace tiempo, así que no asumiremos recibo en el caso del escocés. En todo caso, los ocho magníficos de la raqueta llegan con un número bastante alto de partidos jugados, aunque con cifras desiguales. Los más castigados son David Ferrer (84 encuentros cuando finalice el Round Robin) y Novak Djokovic (exactamente los mismos), cuyas posibilidades de éxito, justo por esta misma razón, parecen limitarse un poco si pasan ronda. Les siguen de cerca Rafa Nadal (80 el próximo viernes) y Tomas Berdych (81 en la misma fecha), que han firmado temporadas muy constantes -Nadal probablemente rondaría los puestos delanteros si no hubiera comenzado su temporada en febrero-. Por su parte, se encuentran en el furgón trasero los maestros Richard Gasquet (76 partidos al término de la fase de grupos), Wawrinka (justamente los mismos) y un Juan Martín del Potro (71) cuyo desempeño irregular en toda la primera mitad de temporada le deja algo rezagado. Por último, merece mención aparte Roger Federer (61 encuentros totales disputados este viernes), cuyo flojo curso, muy afectado por la inconstancia de las derrotas, le relega a un guarismo completamente desconocido para él (acumula una media de 83,9 partidos por temporada en los últimos diez años).

De aquí a final de año, Djokovic es el que estaría en disposición de firmar la cifra más alta de todas. Contando con que llegara a la final de las Masters Cup, más dos partidos de la final de la Copa Davis con su país, Nole se pondría en un registro de 88 encuentros disputados. Los referentes cercanos son aun más extenuantes. El propio serbio sudó 97 partidos en 2009, la misma cifra que Roger Federer en 2006 (con un apabullante 92/5 de balance), por no hablar de los 95 de Nadal en su glorioso 2008 (cuando alcanzó por primera vez el número 1) o los 94 de David Ferrer en 2007. El panorama resultante es un rush final tan bonito para el jugador como precario para su estado físico, castigado con más doscientos cincuenta días de desplazamientos y otras tantas jornadas de entrenamiento y actividad. Aun admitiendo de gozoso grado cierto factor agonístico para afilar el espectáculo de los Maestros en noviembre, debiera imponerse mayor oxigenación de fechas si no se quiere diezmar la salud de los tenistas ni amenazar el espectáculo ofrecido en una cita de tantísimos quilates.

En este sentido, es interesante revisar los precedentes de anteriores temporadas. En 2012 el calendario fue parejo a este 2013, con los dos últimos Masters 1000 (Shanghái y París) espaciados con dos semanas completas y sin tiempo de descanso entre Bercy y el Masters. En 2011, sin embargo, tres semanas separaron Asia de París y posteriormente una de asueto hasta Londres, idénticamente que en el año 2010 y 2009. Parecen, en fin, disposiciones más racionales para garantizar mejor golpe de telón, aunque se alargue el final de temporada individual hasta prácticamente diciembre. La idea, en fin, es que los tenistas lleguen a Inglaterra victoriosos pero sin parecer estrellas de rock chamuscadas por homéricas giras mundiales. O como reza el cartel que cuelga de la zona de prensa del O2 Arena de Londres, y como si éste campara a su vez en los Campos Elíseos en julio: “It all ends here”. Pues de acabar, que sea el espectáculo lo que cesa y no la ultimísima fuerza de los protagonistas.

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