“Llama a una ambulancia”

Rafael Plaza desde la ciudad de París

Ocurre justo después de coronarse campeón en Roland Garros por novena ocasión en su carrera y arrodillarse sobre la tierra batida de París. Rafael Nadal escala por la grada para abrazarse con todo su equipo. Al final le espera Toni Nadal, su tío y entrenador. La celebración deja paso a una conversación privada en un escaparate universal, porque el mundo entero está viendo ese momento histórico. El mallorquín se tapa la boca y le pide al oído una ambulancia. Necesita suero para sofocar los calambres que desde el tercer set de la final le persiguen como demonios en el infierno. Ese el peaje del título. El precio que un tenista de hierro debe pagar por la Copa de los Mosqueteros. La exigencia de la gloria.

“Estaba acalambrado desde el tercer set y me ha dicho que pidiera una ambulancia”, explica el técnico del número uno, revelando la conversación entre ambos justo después del triunfo. “He hablado con Ángel Ruiz Cotorro porque me decía que le faltaba suero. Después ha ido a verle el médico y se ha puesto mejor”, sigue, antes de que Nadal abandone la rueda de prensa para hablar con el doctor aprovechando el pequeño paréntesis entre el turno de preguntas en inglés y en castellano. ”Rafael estaba peor que Djokovic porque tenía calambres. Jugar durante una hora acalambrado te hace estar dubitativo todo el tiempo. Sabes que no tienes que correr más de la cuenta, que tienes que ir con cuidado. Y por eso al partido le ha faltado algún punto de brillantez. Sabía que si no ganábamos en el cuarto, difícilmente ganaríamos en el quinto. Estaba muy complicado”, confiesa sobre el desenlace que podría haber tenido la final en caso de alargarse.

“Difícilmente habríamos ganado en el quinto set”, dice Toni Nadal

“Ha sido la final Roland Garros en la que más he sufrido físicamente”, explica Nadal después de la paliza, 3h31m de tensiones, nervios y dolores. “Ha habido momentos en los que me sentía muy vacío, muy cansado. No sé que hubiera pasado en un quinto set, supongo que habría intentado sacar fuerzas de cualquier lado, pero estaba realmente mal, muy al límite físicamente”, sigue. “La ilusión, la motivación, las ganas de ganar… todo eso te mantiene en la pista con la mentalidad de querer hacerlo. No sé qué ha sido, pero sea por el motivo que sea, he conseguido aguantar, saber sufrir y encontrar soluciones. He suplido los momentos malos físicamente con tiros tenísticos de muy alto nivel. De una manera u otra he encontrado el camino para ganar este título”.

El Nadal que arranca siguiendo el patrón de tierra batida acaba jugando a la ruleta rusa. Es un tenista obligado a evolucionar por las circunstancias. El giro es claro: de los intercambios largos pasa a tiros rápidos. Este no es el jugador que busca hacer siempre una pregunta más a su oponente. Este es uno que se lanza directamente a por las respuestas sin esperar que su rival diga una sola palabra. Eso le lleva a disparar más que Nole (44 ganadores por 43), asumiendo riesgos demasiado altos para una cabeza acostumbrada a tragar, masticar y digerir, pero no a engullir directamente.

Nadal es un tenista obligado a evolucionar por las circunstancias

“Ha sido un dia durísimo, con calor y húmedo, combinado con dos semanas de frío”, retrata el español. “Ese cambio nos ha afectado a los dos. Estábamos un poco cansados en el segundo set, pero ha habido momentos en los que Djokovic estaba cansado y yo podría haber intentado hacerle sentir que para ganarme el punto tenía que jugar muchas bolas, habría sido lo adecuado en ese momento, pero es que yo también estaba destrozado físicamente y no lo he podido hacer”, prosigue. “He seguido jugando agresivo. Cuando tocaba la bola con la derecha he buscado mucho y he pegado el revés mejor a medida que ha ido avanzando el partido. He pegado golpes ganadores de revés, he conseguido cambiar direcciones de revés… dentro de lo que cansado que he estado, cuando yo tocaba la pelota, la pelota era de mucha calidad”.

El campeón de Roland Garros sufrió como nunca para ganar el título y… salió con la copa abrazada. Fue una tortura con final feliz, pese los calambres que se plantaron sobre el albero como un rival más que batir. Nadal, que ante nada se asusta y todo lo supera, lo asumió como siempre: buscando soluciones para los problemas que históricamente se han levantado como murallas insalvables en su carrera.

  • lola del castillo

    A Nadal siempre lle pasa algo. Ahora no es la rodilla, es la espalda y son los calambres. Toda su carrera es lo mismo, Es milagroso que tenga semejante palmares y que se ael mejor de la era open.

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