Pouille se cita con Nadal

José Izquierdo desde la ciudad de Madrid

Lucas Pouille levanta el puño mientras sonríe. Acaba de firmar su entrada al top-100 del ránking ATP tras derrotar a Dominic Thiem (6-4 y 6-4 en una hora y 23 minutos de juego) en la primera ronda del Masters 1000 de Montecarlo, el primer gran evento de la temporada sobre tierra batida. El galo de 21 años tiene, además, un premio extra por avanzar hacia el segundo partido del cuadro final: ser el tenista ante el que debutará el mismísimo Rafael Nadal, tercer cabeza de serie del torneo y ocho veces campeón en el Principado. Ante la necesidad de sensaciones positivas y de triunfos que llevarse al zurrón, un perfil desconocido, descarado, talentoso e imprevisible sin nada que perder y mucho que ganar.

Pouille irrumpe en la élite de manera silenciosa. Como número 108 del ránking, aparece en el Montecarlo Country Club como un jugador irregular, que rara vez rinde bien en torneos consecutivos. Agraciado con una invitación del torneo para disputar el cuadro final, el francés de 21 años intenta llevar la batuta del juego ante Thiem desde los primeros compases. A pesar de su afán por tomar el control del partido, la falta de rodaje sobre la superficie se notó en un encuentro en el que se sucedieron las roturas de saque . “No fue fácil. Era mi primer partido sobre tierra y no había tenido una preparación previa. Estaba nervioso por tener que jugar sin haber disputado antes encuentros en la superficie”, comentó el galo en la rueda de prensa tras su tercer triunfo en un torneo de categoría Masters 1000. “Hablé con mi entrenador, Emmanuel Planque, y él me ayudó a prepararme para el partido. En todo momento intenté pensar en mí mismo y en mi juego. Sabía que no era el favorito pero la adaptación a la tierra supongo que también fue difícil para él”.

Rafael Nadal se encontrará mañana con un tenista muy completo, característico de la escuela francesa: buen servicio, una derecha incisiva con la que abrir pista y un interesante tiro de revés todavía por mejorar. Un jugador que se siente cómodo atacando pero que no es ni mucho menos vulnerable cuando se encuentra en la retaguardia. Un diamante por pulir, y el jugador con mejor ránking de la generación del 94. Recuperado de los problemas en el hombro que le impidieron rendir con garantías en los meses de febrero y marzo, Pouille afronta su duelo de mañana ante Nadal sabiendo lo que es compartir pista con algunos de los jugadores referencia del circuito: “Entrenar con ese tipo de jugadores ayuda porque te das cuenta de que puedes jugar a su nivel y ganarles sets. Estar en la cancha con ellos ayuda a coger experiencia pero de todas formas sólo he jugado con Federer y Wawrinka que son diestros y golpean con revés a una mano. Mañana jugaré con Nadal que es zurdo y le pega a dos manos así que intentaré entrenar mañana con un tenista zurdo para acostumbrarme al tipo de golpeo”, añadió el francés, que jugará mañana la segunda ronda con el objetivo cumplido de ingresar en el top-100 del ránking ATP.

El primer escollo en el camino de Nadal será un jugador desconocido para el gran público, con ganas de demostrar su valía y sin presión alguna al enfrentarse al rey de la tierra y uno de los grandes favoritos para llevarse el cetro en el Principado de Mónaco. Nadie podrá reprocharle una derrota, por abultada que sea. El balear, por su parte, se enfrenta esta semana al reto de despejar las dudas creadas en los tres primeros meses de competición. Ha llegado a su territorio, al lugar en el que cimentó su leyenda como jugador y a la superficie en la que todos esperan que resurja. Todos los focos le apuntarán fijamente y no puede permitirse fallar. Pouille, mientras tanto, hará las veces de invitado inesperado que intenta robarle el protagonismo a la gran estrella de la arcilla monegasca. En Montecarlo, entre la incertidumbre, Pouille contra Nadal.

© TENNISTOPIC.com 2015. Todos los derechos reservados