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Nadal se toma la temperatura en París

Javier Méndez desde la ciudad de París

“Si me dices que tengo que poner mi vida en juego con Rafa, elegiría este escenario”. La contundencia que emplea Carlos Moyà en esta apuesta ficticia es la misma que Rafael Nadal ha impuesto en la Philippe Chatrier, la página en blanco donde se escribirá un nuevo capítulo de la emergente rivalidad sobre tierra batida que el manacorense mantiene ante Dominic Thiem. En París, el español y el austriaco cruzarán por cuarta vez esta temporada. Antes lo hicieron en Barcelona, Madrid y Roma (2-1). Pero de poco importa el pasado cuando el acento francés tiñe la arcilla.

“Nadie te asegura que vaya a triunfar. Pero si hay algo difícil en este deporte, creo que es ganar a Rafa en esta pista”. Prácticamente, un Everst. La carta de presentación intimida. Nadal presenta, antes de encarar su partido número 80 en Roland Garros, un récord de 77-2. Al nueve veces campeón le sobra tanta experiencia como ambición para seguir ampliando la cifra. “La experiencia cuenta. También hay que ver cómo responde Thiem después de una victoria como la que ha tenido ante Djokovic. Esperamos su mejor versión, sin duda, pero la experiencia está para eso, para ayudarte en estos momentos”, advierte el entrenador y campeón en París en 1998. Y es que sólo un protagonista este curso ha podido inclinar al balear en tierra batida, el mismo que ya tumbó al vigente campeón en Roland Garros en cuartos de final.

“Se está convirtiendo en el clásico de la gira de tierra batida”, sostiene Moyà. En 40 días, Nadal y Thiem firmarán cuatro duelos en rondas finales de los torneos más importantes de la temporada sobre la superficie más lenta (salvo Montecarlo). “Será el cuarto enfrentamiento. Él ha ido ajustando varios detalles para jugar ante Rafa. Por nuestra parte creo que todo ha ido muy bien hasta ahora, la progresión que ha tenido en este torneo es inmejorable”. La confianza de sus palabras se desprenden de sólo siete horas y 53 minutos en pista para escalar hasta las semifinales, o lo que es lo mismo, una media de apenas una hora y 30 minutos por partido. Pero apela a la cautela y apaga la euforia. “Nos gusta ir desde el primer día partido a partido. Sabemos que ahora nos vamos a enfrentar a un rival que está muy en forma y que viene de ganar a Djokovic de una manera que no se veía algo igual (7-6, 6-3, 6-0)”.

Además la memoria invita a la precaución. La última derrota de Nadal llevó puño y letra del austriaco en el Foro Itálico. “No hay que olvidarla ni mucho menos, hay que aprender de ella, aunque no creo que vaya a marcar el partido de este viernes”, asegura el ex No. 1 del mundo. Thiem dio un paso al frente, más agresivo en el resto y con el revés, trató de acortar pista a Nadal desde atrás. Ganar tiempo. “Creo que le ayudó que la bola de Rafa en Roma quizás no venía con la misma fuerza que en Madrid o Barcelona”, explica Moyà. “Vimos una serie de ajustes que Thiem hizo para ese partido. Es lo que se puede esperar de alguien que ha caído derrotado dos semanas seguidas y tiene una tercera oportunidad”.

Ahora se presenta la cuarta, en el mejor escenario posible con dos de las derechas más sangrientas del circuito sobre arcilla. “Thiem le imprime bastante spin, es verdad que avanza mucho la bola también, se coloca muy bien y tiene mucha fuerza en las piernas, casi siempre está bien apoyado”, sostiene el mallorquín como claves. “Rafa, por su parte, quizás le mete más revoluciones, pero también le está yendo la bola bastante rápida”. El pulso está servido. Realidad contra ficción. El respeto del que ya es y la curiosidad del que vendrá. Probablemente el mejor duelo posible hoy sobre arcilla. Nadal se toma la temperatura en París. Este viernes, a las 15:30.

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