Monfils se dispara en Montecarlo

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

Una demostración de fortaleza sobre tierra batida. Gael Monfils apartó a Roger Federer (6-4 y 7-6 en un partido de ida y vuelta, subrayando la línea ascendente con que ha afrontado el tramo inicial de temporada y generando murmullos en el Principado. El francés, antiguo número ocho mundial, se abrió paso hasta la ronda de los ocho más fuertes en un encuentro plagado de golpes frenéticos ante el helvético, situado a tres puntos de la copa el pasado año pero despedido en la tercera ronda ante un rival inspirado. Monfils, que buscará este viernes ante el búlgaro Dimitrov su primera final en un Masters 1000 de tierra en nueve años (ante Rafael Nadal en Roma 2006), camina decidido con una oportunidad entre las manos.

“Estoy contento por haber ganado el partido porque jugué a buen nivel. Esto no ha acabado. Sólo hemos jugado los octavos de final. Sé que estoy en buena forma, puedo jugar a muy buen nivel y el top-10 no está demasiado lejos”, subrayó el francés desde el puesto 18, pero apenas a 600 puntos, las unidades que entrega un gran papel en un torneo de esta categoría, de un lugar entre los 10 mejores del mundo. “He sido capaz de imponer una buena cantidad de golpes. Pero muchas veces no estuve pegando tan duro. Fui capaz de mantenerme en la línea. Lo que quería mostrarle era que estaba allí, golpeando derechas a un lado y a otro, para hacerle ver que la pista me parecía pequeña y que yo estaba por todas partes”, señaló el galo, que tan pronto reculaba hasta convivir junto al muro entre jueces de línea como soltaba tiros a un metro de los aficionados.

“Gael juega de forma muy distinta al resto”, apuntó Federer sobre su rival, cuya fortaleza física le permite disputar intercambios desde áreas en apariencia reservadas a puntos ya moribundos. “Se coloca en posición muy retrasada. Es capaz de encontrar el ritmo, los efectos y los ángulos en estas bolas. De manera que muchas veces piensas que estás dominando la pelota, pero te das cuenta de que es capaz de golpear un tiro que no muchos otros pueden hacer”, resumió el helvético tras ver cómo ambos sets se le escurrían entre los dedos en situaciones de aparente control, dejando pasar un break en el primer parcial (3-1) y un escenario encarrilado en el segundo (5-3 en el tiebreak).

Fue otro ejemplo de atrevimiento en una rivalidad donde Monfils se muestra competitivo, con los dos puntos de partido generados en el último Abierto de los Estados Unidos, la victoria en la final de Copa Davis de Lille y un nuevo triunfo en la arcilla de Montecarlo como manera de marcar sus pasos. “(Que he encontrado) la clave es mucho decir, pero soy sólido y me muevo bien. Sé que cuando juego bien en tierra batida soy difícil de batir”, indicó el galo, un antiguo semifinalista de Roland Garros que peleará por entrar en esa misma ronda en la arena de Montecarlo.

“Si pudiera hacerlo como en Marsella [alcanzó la final] o algo mejor sería bueno. Es la primera vez que he venido aquí sin lesionarme, sintiéndome bien físicamente y teniendo buenas sensaciones de juego”, indicó el galo, ganador en 15 de los 20 partidos jugados esta temporada y que, tras Montecarlo, se refugiará en el torneo de Bucarest, un ATP 250 disputado en paralelo al Conde de Godó, donde terminar de tomar velocidad y puntos, para llegar a los colosos de tierra batida con el cuerpo caliente.

“Debería haberlo hecho mejor con el break de ventaja en el primer set”, se lamentó Federer. “Creo que hice un buen trabajo aguantando durante el segundo set. Tuve oportunidades de mi lado. Estuvo igualado, pero nunca sentí que las cosas estuvieran saliendo de la forma en que yo quería durante todo el partido”, reconoció el suizo que llegó a generar hasta cinco pelotas de quiebre en el segundo parcial sin llegar a materializar ninguna y terminó un encuentro de dos mangas con la friolera de 38 errores no forzados. “Estamos muy al principio de la temporada de tierra batida. Me va a llevar algún tiempo sentirme 100% cómodo. ¿Se encontraba él perfectamente? No lo sé, no muchos jugadores están perfectos esta semana”, declaró el suizo que cayó después de que el torneo se tragara al vigente campeón Stan Wawrinka (derrotado por Grigor Dimitrov) y viera cómo Nadal necesitaba tres sets para cerrar un partido que parecía encarrilado.

“En cualquier caso fue una buena semana para mí. He entrenado con los mejores, he jugado un par de partidos. Al menos recibo cierta información si intento ser positivo ahora. Me voy a marchar a Suiza a entrenar duro”, cerró Roger, planteando su hoja de ruta hacia Estambul y Madrid, dejando en el aire su participación en el torneo de Roma.

En Montecarlo, sin embargo, la ilusión de un hombre tan vistoso como castigado. Gael Monfils y un golpe sobre la mesa con el que abrise paso. Si pudo batir a Federer, uno de los hombres más en forma del año, y si su cuerpo resiste los esfuerzos, algo no siempre probado, el francés tiene licencia para volar alto.

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