Mirando a 2016: Simona Halep

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

Convertir el notable en sobresaliente. Asentada en el segundo peldaño del tenis femenino, Simona Halep afronta una temporada para comenzar a definir de manera completa su paso entre la élite WTA. Con 24 años, y sin salir del top5 desde que irrumpiera en él 20 meses atrás, su ascensión profesional ha sido una de las más estables en los últimos tiempos. Si la evolución fuera similar durante la campaña 2016, la rumana debería figurar entre las principales candidatas a estrenar la cuenta de Grand Slams en los próximos meses. Ése será el gran interrogante sobre la raqueta de Constanza en la nueva temporada.

Porque hay motivos para ello. Las etapas quemadas han sido sólidas durante las últimas dos campañas, con zarpazos en los escenarios más potentes de la disciplina: su primera final de Grand Slam en 2014 (Roland Garros) o el gran título de su carrera en 2015 (Indian Wells) sirven para demostrar frialdad al asumir el estatus adquirido. Desde una estatura justa (1.68m) en un circuito de cuerpos esculturales, y con un tenis de elaboración y neurona más allá del segundo impacto en un deporte impera de forma creciente la definición en línea recta, Simona se ha convertido en una figura con respeto ganado en el vestuario. Una jugadora que ha sabido maximizar sus recursos como pocas para abrirse paso en la disciplina.

La experiencia de 2015, cuando afloraron los primeros momentos de duda, pueden haber servido para terminar de forjar la psicología de una campeona. Saturada de competición tras un arranque de temporada formidable, 20 victorias en los primeros 21 partidos del año, Halep padeció la mayor crisis profesional desde su eclosión. Las superficies naturales mostraron a una jugadora cargada de tensión, autoexigida al extremo por la expectativa y desnaturalizada en pista. La ruptura con el técnico Victor Ionita, compatriota que en su día lanzó la carrera de Sorana Cirstea hasta el top25, correspondió con un mayor asesoramiento del prestigioso Darren Cahill.

Ahora, la figura del australiano toma un cuerpo importante en su equipo. El de Adelaida, que asesoró a la rumana de forma puntual durante 2015, relanzó su curso con un verano de cemento notable (finales en Canadá y Cincinnati y a un paso de pelear la copa en Flushing Meadows), tendrá un rol a tiempo completo en la temporada 2016. Admirado a nivel mundial por su análisis del juego, se une a uno de los cerebros más respetados del circuito WTA: una combinación fascinante. El aussie contribuyó a que Simona recuperase su puesto en el número 2 mundial el pasado año y con su presencia permanente en el banquillo abre una etapa nueva. No es, claro, un nexo cualquiera. Cahill tiene enormes galones como gestor de talento, guiando los pasos de Lleyton Hewitt y Andre Agassi al primer puesto del ATP World Tour y, como miembro del Programa de Desarrollo Adidas, conoce a Halep desde su época de maduración.

Ingredientes interesantes para contemplar la evolución de una de las grandes animadoras del circuito femenino. La movilidad de Halep sobresale en la época donde predomina el juego de fondo. Su coordinación para dictar el juego con un revés formidable, con una amplitud de ritmos, direcciones y longitud de escaso par en el circuito WTA, marca diferencias entre los mejores niveles. Una riqueza táctica a envidiar convierten a Simona en una rival muy complicada de tolerar en partidos abiertos. Si es capaz de no ser previsible con el saque, castigada por las mejores restadoras del mundo que buscan anular la inteligencia de su segundo tiro, Halep puede estar llamada a dejar su nombre en la historia.

Con autoridad ganada tras dos años completos entre la nobleza femenina, entablada una relación estable con un técnico de prestigio mundial y poso creciente en los mayores escenarios, ¿derribará Halep la puerta de los Grand Slam? ¿Mantendrá su posición entre los rostros más visibles del circuito femenino? Preguntas a responder en las faldas de un nuevo año.

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