La rivalidad pendular

Carlos Zúmer desde la ciudad de Sevilla

Acaso el gran mérito de la mayor pelea tenística de la Era Open (40 enfrentamientos hasta la fecha) sea haberse edificado sobre la marcha sobre un precedente antológico. El mundo parecía acabarse, el placer no dar más de sí, en los enfrentamientos entre Rafa Nadal y Roger Federer a lo largo de la pasada década. Pero en cierto momento, Novak Djokovic irrumpió en el tablero para plantear una alternativa de poder y trabar junto al tenista balear un casamiento feroz que no tiene parangón -no sólo por las simples estadísticas- en la historia reciente. La rivalidad se hizo carne y atrajo todos los ingredientes necesarios para mejorar cualquier precedente de la memoria cercana, por imposible que pareciera, por magnífico que fuera lo anterior.

Resulta, por lo demás, una antología hispano-serbia que encuentra en sus alternativas de dominio uno de sus mayores alicientes. Es fácil esbozar esta trayectoria. Muy al principio, con un Big Four claramente separado en dos mitades, Nole se fajaba con los grandes y protagonizó buenos y numerosos duelos contra Nadal, pero raramente noqueaba al tenista de Manacor. A partir de 2011, un salto de calidad extraordinario -no suficientemente analizado todavía- propició un cambio de tendencia que se tradujo en una temporada dictatorial para el jugador de Belgrado, de hitos inéditos en su joven carrera (ganó todos los Grand Slams menos Roland Garros) y de una depredación psicológica que asoló el circuito.

La rivalidad pendular

Después, en la temporada siguiente, cuando Nadal por fin había conseguido desentrañar la esfinge y ganar a Nole (en tierra) para voltear una racha de hasta siete derrotas seguidas (todas en finales), su rodilla dijo basta. La salud de Rafa interrumpió un head to head que Nadal reanudaría en 2013 con pulso renovado, enterrando definitivamente las debilidades mostradas dos años antes. La victoria en Flushing Meadows es la mejor prueba. Sin embargo, en el último tramo de la temporada pasada, Djokovic firmó una espectacular racha de 26 victorias a partir de la final perdida del US Open, una inercia ganadora en pista dura que se extiende hasta la primavera de 2014 -pese a las derrotas en Australia y Dubai- y que tiene en su dominante victoria en la final del Masters 1000 de Miami ante Rafa su última prueba de fe.

Estamos, por tanto, ante una rivalidad pendular. Una pugna de dominio que fluctúa a lo largo de las temporadas y que parece moverse por sectores de jerarquía mental y a través de distintas fases de tenis, entre otras cosas, por los cambios de superficie que entraña el curso. Engendrada insospechadamente sobre las ascuas aún calientes de los históricos partidos Federer-Nadal, la competición actual entre Rafa y Nole no sólo supone la lucha por el liderato del ranking sino también el siguiente capítulo de una confrontación cambiante y viva que no amenaza en absoluto con decantarse por ninguno de los dos de forma permanente. Ahora, espera la tierra batida.

© TENNISTOPIC.com 2015. Todos los derechos reservados
management homework help home from work reflective essay help english0essay.com finance dissertation