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“No importa el rival”

Javier Méndez desde la ciudad de Madrid

“Probablemente piensas que tienes algo más de posibilidades de batir a Dimitrov que a Nadal. Pero qué más da. Al final lo que importa es si ganas o no”. No quiere darle más vueltas. Al menos, él ya ha cumplido su parte del trato. Roger Federer está en la final del Abierto de Australia, después de superar en una batalla a cinco mangas a su compatriota Stan Wawrinka 7-5, 6-3, 1-6, 4-6, 6-3 en más de tres horas. Eso sí, aún no conoce quién será la última raqueta que se cruce en su camino hacia el que podría ser el decimoctavo Grand Slam de su carrera. ¿Nadal? ¿Dimitrov? “Estoy en la final, eso es lo que sé. Sé que tendré una oportunidad de ganar el domingo. Es un privilegio estar aquí. No importa quién esté enfrente, va a ser especial de cualquier manera. Uno porque irá a por su primer Grand Slam o la épica batalla con Rafa”.

El suizo dio el primer paso hacia la final soñada. La que le reuniría con el español en la pelea por el título en Melbourne. Y es que desde el 1 de noviembre de 2015 las páginas de su rivalidad se mantienen en blanco. Eso sí, la Rod Laver Arena se prepara para ser la cuna de otra edición del cantar de gesta más laureado de la historia de este deporte. Incluso, el propio Federer: “Creo que es un jugador increíble, con golpes que nadie tiene. Cuando tienes eso, eres único y especial”. Admiración mutua y respeto. Durante 34 episodios y una década de batallas para siempre, Roger sabe bien de lo que habla. “Tiene la habilidad mental y física de mantenerse en un alto nivel de juego durante años, horas y semanas. Lo ha demostrado muchas veces. Ha vuelto de muchas lesiones, una y otra vez. Hace que parezca fácil y no lo es”.

Por el camino Federer se ha enfrentado a todo tipo de tretas y desafíos. Tuvo que superar dos duelos a cinco mangas frente a Wawrinka y Nishikori, algo que sólo hizo antes en Roland Garros 2009 para presentarse en una final de Grand Slam. Además, debió derrotar a tres rivales clasificados en el Top 10 por primera vez: Tomas Berdych (No. 10) en tercera ronda, a Kei Nishikori (No. 5) en cuartos de final y a Stan Wawrinka (No. 4) en semifinales. Todo para firmar un récord de longevidad. A sus 35 años y 174 días, será el jugador más veterano en una final de Grand Slam desde que uno de los héroes locales como Ken Rosewall lo hiciera en 1971 con 36 años y 73 días. “Significa mucho para mí haber igualado algo así”, revela sobre uno de sus mitos a seguir.

Pero más allá de los sueños, esperanzas y anhelos, para que todo esto ocurra Nadal tendrá que inclinar este viernes al que muchos apuntaban en sus inicios como un clon del suizo, Grigor Dimitrov. “Ha empezado el año jugando a un nivel altísimo, ganando a muchísimos rivales de alto nivel y está en semifinales. Es un candidato evidentemente a luchar por todo este año”, advierte el manacorense sobre el búlgaro que esta temporada aún no conoce la derrota (10-0). El destino ya los había emparejado tres años antes en el mismo escenario, en los cuartos de final del Abierto de Australia. “Fue en 2014. Yo era número uno del mundo, él estaba jugando un buen torneo, pero eran circunstancias diferentes”, señala el campeón de 14 Grand Slam.

“Antes de este torneo soy el No. 9 del mundo, él está en una clara fase de ascensión. Es un jugador que va a ser Top 10 dentro de nada y que estoy seguro de que va a luchar por las primeras posiciones del ranking este año. Son situaciones y momentos distintos. Es un jugador fantástico. Soy consciente de que tengo que jugar agresivo, muy concentrado, intentándole apretar porque está cometiendo pocos errores y golpeando muy bien con su drive y con su revés”, advierte el español sobre las claves para superar el único peldaño que le separa de la final. De la ansiada cita con Federer.

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