Gestora de emociones

Rafael Plaza desde la ciudad de Nueva York

Sabiendo que pase lo que pase el lunes será la nueva número uno del mundo, Angelique Kerber jugará la final del Abierto de los Estados Unidos ante la checa Pliskova buscando su segundo título de Grand Slam en el mejor año de su vida deportiva. Tras conquistar el pasado mes de enero el Abierto de Australia, la alemana se enfrenta ahora al resto de sumar el segundo título más importante de su carrera manteniendo a raya las emociones que tiene alrededor, algo que ha mejorado sustancialmente durante los últimos años. De la Kerber que destrozaba raquetas, torcía el gesto y miraba con ojos cortantes ya casi no queda rastro.

“He tratado de cambiar eso”, explicó Kerber antes de lanzarse a la conquista de la copa en Flushing Meadows. “He tratado de ser más positiva de lo que era hace unos años. Sé que el lenguaje corporal es muy importante y he perdido muchos partidos por esas cosas, porque estaba frustrada”, prosiguió sobre su comportamiento anterior en la pista. “He entrenado eso. He trabado duro para mirar hacia delante, ir punto a punto. Estoy tratando de ser fuerte mentalmente, de no enseñarle a mi rival que estoy nerviosa. Ahora trato de mantener una actitud positiva”, insistió.

La receta del éxito es sencilla. Kerber es una trabajadora increíble que ha sabido exprimir sus recursos al máximo. Sin tener un tenis espectacular, como por ejemplo el de Garbiñe Muguruza, la alemana ha aprovechado el mal año de Serena para ganarle un grande (Abierto de Australia), discutirle otro (Wimbledon), quitarle el número uno y amenazar con abrir un nuevo período en el tenis femenino, algo que Williams seguramente buscará evitar cuando se reponga de golpe que sufrió al perder con Pliskova en las semifinales del último Grand Slam del año.

Mientras eso ocurre, si es que llega a ocurrir, Kerber tiene por delante un bonito desafío. Una vez asentada, encontrada la recompensa a una ética de trabajo impecable, la nueva número uno deberá demostrar si es más fácil llegar o mantenerse. Ese camino empieza este sábado en la final ante Pliskova. Más que nunca, la alemana necesita que la gestora de emociones acuda al rescate para sacar un cruce bien complicado.

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