Garbiñe se amolda a París

Javier Méndez desde la ciudad de París

París huele a crepes y a gofre. Prácticamente en cada rincón de París un quiosco ambulante ofrece la posibilidad de degustar cualquiera de estos golosos dulces. Y Roland Garros no es una excepción. ¿Cómo sobrevive un jugador profesional a la tentación? “Un croissant al día eso es lo que tengo permitido. Bueno, uno o dos, depende de lo que haya corrido ese día”, se autocorrige Garbiñe Muguruza entre risas. “Lo tengo limitado así, porque es cierto que aquí el olor a mantequilla rebosa en cada esquina”.

La española aseguró su presencia en la tercera ronda por quinto año consecutivo, después de derrotar a la francesa Fiona Ferro por 6-4, 6-3 en una hora y 26 minutos en la Suzanne Lenglen, la pista donde se despidió el pasado año frente a la también local Kristina Mladenovic. “Me he acordado cuando sabía que me tocaba una jugadora francesa y al jugar en la Suzanne Lenglen sabía de la experiencia del año pasado y estaba preparada para cualquier cosa”, señaló la No. 3 del Ranking WTA.

“Aprendí que cuando juegas con una rival que juega casa es importante saber que puede ser un partido más tenso quizás, pero estaba preparada para que nada me afectara hoy”, continuó explicando sobre su adaptación a la tierra batida francesa y la madurez ganada desde entonces hasta hoy, en un período en el que incluso ha copado la posición más alta del ranking. “Yo creo que me estoy haciendo mayor, si te digo la verdad. Me estoy tomando el torneo con mucha seriedad, estoy con hambre de hacerlo bien y quiero irme de aquí con buen sabor de aquí”.

En la tercera ronda se medirá, como en su debut, a una jugadora que sabe lo que es disputar una final en Roland Garros. En este caso, la australiana Samantha Stosur. Pero antes tendrá un día descanso, como en cualquier otro Grand Slam. “Siempre intento despejarme sobre todo aquí que hay un día entremedio, porque en un torneo normal no tienes tiempo absolutamente de nada. El día libre por las tardes sí tienes tiempo. El otro día fui al Louvre para hacer una visita express, porque había mucha gente, mucho calor… no podía estar seis horas que dicen que se tarda en ver el museo”. Pasan los días y Garbiñe demuestra que está perfectamente amoldada a París.

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