Ferrer se redescubre

Marta Mateo desde la ciudad de Nueva York

Los números dirán que este ha sido uno de los años más irregulares e inconsistentes de David Ferrer. Que su garra, ya no araña como antes. Y que el adjetivo correoso se usa menos en el vocabulario que define a un deportista de una carrera impoluta. Después de tres lustros dando el callo, Ferrer implosionó. Él mismo lo definió en Wimbledon, cuando al caer prematuramente confesó tener problemas para mantener la concentración en los partidos. Sabía que había un problema, pero no lograba encontrar la solución. Había cortocircuitado, incapaz de unir de nuevo los cables.

“Es un poco saturación, pero no solo de este año. Es una acumulación. Han sido 15 años de una carrera muy regular, sin apenas lesiones. La única lesión importante fue la del año pasado, de apenas dos meses. Por su estilo de juego, para estar ahí arriba tantos años y para ganar tantos partidos, Ferrer necesita estar al 100%. El año pasado fueron muchos partidos y esta temporada lo ha pagado, tanto a nivel físico como a nivel mental. Quizás, a lo mejor no hemos sabido darnos cuenta o reconocerlo. Creo que el problema era ese”, apunta su entrenador Francisco Fogués. Alguien que es pura calma, equilibrio y posiblemente, el complemento perfecto, la pieza del puzzle hecha a medida, para lo que quede de carrera del número 13 del mundo.

“Hemos parado, hemos sabido descansar un poco y afrontar nuevos objetivos”, continúa Fogués. Ferrer reconoció aquí en Nueva York tras el encuentro ante Fognini que se había notado competitivo de nuevo. El ganar o perder no tiene la misma dimensión del pasado. Ahora lo prioritario es volver a encontrar ese amor propio, competitividad inagotable, que llevaba al límite a los rivales si querían ganar al de Jávea. Y recuperar esa chispa es la gran prioridad de este tramo de carrera.

“Al final, es una etapa nueva. Ferrer tiene mucha experiencia, pero quizás a día de hoy se plantean situaciones diferentes que él desconoce. Le está costando un poco, pero comienza a encontrar el camino y va a volver. Estoy seguro de que volverá el Ferrer de tantos años, conscientes de que quizás la mejor versión suya a los 34 años no la vamos a ver”, reflexiona el técnico.

Y cuestión de suerte o destino, llega un partido que podría acelerar el redescubrimiento. Un duelo de gran carga emocional, pero también uno de aquellos encuentros en los que formar parte es un regalo. “Jugar con Del Potro aquí, sabiendo que ha ganado el torneo y que fue plata en Río, es un partido de los que cualquier jugador querría jugar. Es muy consciente de las opciones que tiene. Ferrer se ve capacitado y confiado. Luego ganará o perderá, pero está listo para hacer un buen partido y ponerle las cosas muy difíciles al argentino. Los partidos que han jugado antes han sido encuentros muy duros”, asevera Fogués.

“El partido viene en el momento perfecto. Del Potro viene de un proceso en el que cualquiera podemos imaginar lo que ha podido sufrir. El calvario solo lo sabe él, pero todo el mundo está feliz de ver al argentino de vuelta, más aún al nivel actual. Es un partido puede ser un punto de inflexión. Ya no se trata de ganar o perder, aunque si gana será una inyección de moral. Si compite, si está cerca, si muestra su mejor versión, también le va a ayudar de cara al futuro. Llámese de cara al futuro o llámese tramo final de su carrera”.

Toca competir, sí. Pero también correr. Sentir. Reír. Y disfrutar como si fuera el último partido

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