“Me falta continuidad”

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

Rafael Nadal abandonó Río de Janeiro con la sensación de competir a bandazos, la misma que le hizo gobernar partidos desde el sufrimiento y terminar cediendo uno aparentemente controlado. “Me falta continuidad en general”. Ese fue su veredicto ante la prensa tras caer derrotado en el albero brasileño y encontrarse en un papel extraño: el de entregar una semifinal en arcilla, inclinarse cuando el cuerpo ya ha sido rodado en el suelo predilecto, algo con un solo precedente en su carrera -ante Carlos Moyà, en Umag 2003- e inédito durante 12 años -había ganado las últimas 52 disputadas-. Por encima de todo, la sensación de rendir a fogonazos. La misma que presentó durante la semana, cerrando partidos con contundencia (6-1 a Bellucci en primera ronda, 6-0 a Cuevas en cuartos de final) pero también rozando quiebres al servir para cerrar sets, debiendo remontar partidos en el suelo que mejor conoce, y siendo finalmente derrotado en un encuentro que dominaba con set y break de ventaja, toda una rareza en arcilla.

“Creo que tuve momentos buenos y momentos malos. Físicamente mezclo momentos buenos con momentos malos. Me falta continuidad física también. No me encontré muy bien físicamente después del segundo set. Es verdad que está haciendo mucha humedad, todo lo que quieras, pero me estoy cansando antes de lo habitual”, sopesó buscando explicación a sus problemas. “Y no he tenido problemas en la ingle, es que estaba con calambres por bastantes lugares del cuerpo. Es extraño porque yo en toda mi carrera casi nunca he tenido ningún tipo de calambres, lo cual me sorprende”, siguió. “Estoy trabajando bien, con la actitud adecuada, intentando mejorar cosas, pero estoy en el camino y creo que estoy más cerca que hace un mes de encontrar el juego y el nivel que busco”.

El balear, que gobernó con contundencia siete de los ocho primeros juegos en la semifinal que le midió al italiano Fognini, llegando a levantar un 6-1 y 1-0 antes que el reloj completara la primera vuelta, fue una sombra de intensidad desde el segundo tramo del encuentro, sufriendo para hilar dos puntos consecutivos y animando la entrada al partido del italiano. “A partir del segundo set tuve un bajón físico muy grande. Al final, estaba en el límite. Me falta continuidad. No entiendo muy bien por qué”, declaró el balear, que pasó a bucear en su pasado para encontrar las claves de sus frenazos.

“Ha habido falta de continuidad en la competición durante muchos meses”, recalcó un hombre cuyas piernas no acumulan ni 20 partidos desde el pasado mes de julio. “Es lógico que esto afecte al físico compitiendo. Aunque uno entrene, es normal que cuando uno compita el físico sea más exigente. Para aguantar las situaciones límite uno necesita pasar por todas estas fases por las que yo estoy pasado en los últimos torneos que estoy jugando””, explicó. “Más que preocuparme, entiendo que son procesos que tengo que pasar. Igualmente me sorprende tener calambres, pero es parte de un camino que tengo que recorrer. Voy a intentar seguir subiendo esta escalera, para llegar arriba de ella y a partir de ahí poder competir al máximo con todos los jugadores. Ése es mi objetivo y en eso voy a trabajar”.

Eso hará desde este lunes en suelo argentino, con el torneo de Buenos Aires como escenario, cuando la clasificación le señale como número cuatro. Porque dejar escapar la corona brasileña permite al escocés Andy Murray arrebatarle el tercer peldaño. “Bajaré al cuarto lugar y creo que bajaré bastante más atrás en los siguientes meses”, declaró el balear, fuera del top-3 ATP este lunes después de 18 meses, siendo consciente de una perspectiva evidente: la realidad de estar tomando velocidad cuando la quinta marcha debiera estar engranada. Mientras él se refugia en la arcilla de Latinoamérica para adquirir el tono, con siguiente reto de Buenos Aires en forma de ATP 250, de la categoría más baja del circuito y donde Rafael es el único de los 15 primeros, las principales raquetas aprietan las fauces en Dubái, todo un ATP 500 con el doble de puntos en juego. Conforme el español adelanta la entrada al polvo de ladrillo, pasando de calentar las piernas en primavera a hacerlo en los últimos tramos del invierno, el sumar de los minutos sobre cemento, ese que presentan Indian Wells y Miami en un puñado de días, es el mismo que ya pisan los más fuertes en las canchas de Oriente Medio.

“(Perder posiciones) es una cosa normal en un ránking de un año cuando uno se lesiona y estás prácticamente siete meses con cero puntos en la computadora”, siguió. “O ganas todo desde el primer torneo que vuelves o te vas abajo que es lo que va a pasar. Es lo lógico. Mi lucha no es por el ranking, sino por la Race”, subrayó el mallorquín, poniendo la atención en la clasificación del año, esa que mide los esfuerzos de temporada y desde la que todos partieron de cero el primero de enero. “Saldré de aquí ocho, nueve, ni idea y a partir de ahí debo trabajar para subir en esa clasificación. Es la única que me debe importar en este momento”.

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