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El sueño de Doña Mafalda

Ángel G. Muñiz desde la ciudad de Madrid

Fue un año extraño. Asciende a general de brigada el coronel de infantería Francisco Franco, el segundo militar más joven de Europa con tamaño rango a sus 33 años (se le adelantó un tal Napoleón Bonaparte). Su futuro hermano de sangre y desvergüenzas, Benito Mussolini, es disparado en la nariz por una mujer desequilibrada. Málaga, Cádiz y Alicante ven la mayor nevada del siglo, con 25 centímetros de polvo blanco en plena playa. Y nacen Norma Jeane Mortenson (Marilyn Monroe), Hugh Hefner (el capo de Playboy), Cayetana Fitz-James Stuart (la Duquesa de Alba), Fidel Alejandro Castro Ruz (Fidel Castro)… y Mafalda Maria Zeni Rasia. Fue 1926.

“Nadal, tengo 88 años y he viajado 1.426 kilómetros para verte!! Suerte”. En plena pista central del Jockey Club Brasileiro de Rio de Janeiro brilla con fuerza un cartel llamativo, amarillo chillón y corazones incorporados. Tras él, una octogenaria emocionada que celebra cada punto de Rafa Nadal como si portase la raqueta su nieto favorito. A su derecha, su verdadera nieta, María Fernanda, que vivió en España y escribió el cartel con los deseos de la abuela. Y a su izquierda, su hija, Maria Jannice, que compró las entradas: “Las compré cuando supe que él vendría, pero no sabíamos qué día iba a jugar. Era posible que no coincidiese con un partido suyo, pero al final todo salió bien”.

Rafa Nadal se enfrenta a Dani Gimeno-Traver. Su partido 800 como profesional. Lo que no sabe es que desde casi el primero tiene una aficionada muy fiel en Brasil. Mafalda Maria Zeni Rasia, Doña Mafalda para todos, es una apasionada del tenis. De Pete Sampras y Guga Kuerten… hasta que apareció Rafa. Desde que cumplió 17 años no se pierde un partido del manacorí. Celebra victorias y títulos, llora derrotas y lesiones, pero sobre todo vibra con cada carrera y cada esfuerzo. “Él tiene una raza impresionante, se entrega completamente cuando juega. Y otra cosa que admiro es la concentración. Para Nadal sólo existe la pelota y la pista. Los otros tenistas levantan los ojos y parecen despistados en algunos momentos. Pero él es diferente. Nunca vi a nadie tan concentrado”, confiesa orgullosa los motivos de su admiración. Ha leído varias veces su autobiografía y cada mañana bucea en internet en busca de noticias sobre su ídolo.

Universo Online (UOL), un portal brasileño, cuenta su historia. De Caixas do Sul a Rio de Janeiro, 1.426 kilómetros en avión. Con 88 años. Animada por su nieta: “Pensé que sería la única forma de encontrar a Nadal y despertar su atención. Era el sueño de su vida tener una foto con él y charlar un momento con su ídolo”. Y lo consiguió: una foto, un saludo… ¡y un beso! “Conseguimos llegar a la puerta del vestuario y Nadal notó nuestra presencia. Me conmovió mucho y él fue muy atento. Sintió un poco de vergüenza, porque aún estaba sudado e iba a tomar una ducha, pero me dijo que no había problema. ¡Y me gané un beso!”.

Doña Mafalda, como Bel, son dos abuelas orgullosas. La segunda es la abuela del guerrero. La primera, su homónima postiza. “Creo que tiene muchas posibilidades de ser campeón aquí, en Rio. Está recuperado de la lesión y jugando bien. Y yo torço [le animo] para que gane. Sería inolvidable”. Deseo de abuela. Sueño de Doña Mafalda.

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