El resorte de Novak

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

“La mejor actuación vino en el momento justo: el domingo ante el rival más grande”. Es la sensación que acompaña a Novak Djokovic al abandonar Miami con destino a Europa. La de haber asestado un puñetazo sobre la mesa en el instante preciso. En un reducto clave en la temporada, por ser culmen de la primera gran gira. Por ser una bisagra de superficies y, por ende, nido de conclusiones. Un depósito de sensaciones hacia el trampolín de la tierra: su gran objetivo de conquista. Un triunfo incontestable ante Rafael Nadal, el más claro desde la temporada 2011 que alzó al techo al de Belgrado, como aval moral previo al polvo de ladrillo. Para el serbio, que comenzó la temporada arrodillado en los cuartos de final de Australia cuando había coronado las últimas tres ediciones, es una reacción inmediata. Una bombona de oxígeno para un hombre que tropezó en Dubái, dejando escapar set y break de ventaja ante un ilusionante Federer que jamás había logrado remontarle una manga en cemento. Una herida que significaba entrar en marzo con la vitrina vacía, algo inédito desde 2006. Pasar del infierno al cielo en apenas unas semanas, tarea de elegidos. Responder a los problemas liberado, con actuación digna de número 1.

Tras sellar un segundo doblete Indian Wells Miami, algo sólo logrado por Roger Federer, subraya su condición de hombre a batir sobre cemento. Consciente de que todo aquel que consiguió semejante hazaña en este siglo (Roger 2005, 2006; el propio Novak en 2011) terminó al cierre de temporada como número 1 del mundo. Y es una ambición que ya ha tomado forma. En las últimas cinco semanas Novak ha recortado más de 4.000 unidades con Rafael Nadal en la clasificación, y las miradas apuntan a una brega sin descanso por la primera plaza durante toda la gira de tierra. Un período donde el mallorquín tiene la perfección como reválida (hasta cuatro títulos -Barcelona, Madrid, Roma, Roland Garros- siendo su allanada morada de Montecarlo la única escena con opción de suma) y Nole, con dos millares menos que proteger, la distancia que ahora les separa, una oportunidad para hundir las manos en el terreno predilecto del balear. Una ambición confesada, y frustrada, temporada tras temporada.

Enzarzados ambos en una simbiosis permanente, una auténtica retroalimentación táctica en búsqueda de mejora, pueblan sin discusión las dos primeras plazas. Hay dos candidatos al trono, pues simplemente doblan en puntaje a cualquier otro. ¿Vuelve a girar la rivalidad a favor de Novak? ¿Son las ya tres victorias anudadas ante el número 1 otro reto del de Belgrado? ¿Es una vuelta a 2011 donde el serbio, con 3 Slam y el mejor arranque de la historia, desafió el orden establecido y, ganando seis finales consecutivas, entró de lleno en la cabeza del mallorquín? “Eso espero” espetó con el brazo aún caliente en Crandon Park. “Pero no tengo la capacidad de predecir el futuro. Sólo puedo enfocar mi atención y energía al momento presente. Y centrarme en hacer lo que mejor sé: prepararme y recuperar”.

La manera de describir el enfoque del partido de Florida muestra con clarividencia la naturaleza de esta colisión. Un pulso donde la resurrección es cuestión de un suspiro de oxígeno. Djokovic voló en Miami, evitando que Rafael se aferrara a dos claves con que volteó la rivalidad meses atrás: una enorme profundidad de pelota y el ‘embudo’, un estrechamiento de pista para atenuar los ángulos del serbio. Nada de eso apareció en Florida. Ni rastro de puños apretados, gritos al cielo ni rallies estirados hasta el infinito. Un Novak predispuesto al ataque. “Novak es mejor que yo en los dos primeros tiros” resumió Nadal y en esa táctica caminó Djokovic. Dictando con una intención vista a cuentagotas en 2013. “No quise perder la concentración siquiera durante un segundo. Sé que Rafa es el tipo de jugador que, si le permites una mínima opción, va a aprovecharla. Va a agarrarse a ella, volverá a tu altura y te arrebatará el control”.

Una rivalidad con tintes peculiares, donde el que va por debajo desprende sensación de competir liberado, quedando la tensión en el líder vigente. Así recuperó Nadal el número 1 tras siete meses de baja. Superando la lesión más dilatada de su carrera y firmando una gesta inédita: retomar por segunda vez el pináculo de la disciplina tras haber cedido el mando. “Sólo Mohammed Alí logró algo semejante” llegó a decir Toni Nadal. A eso aspira Djokovic, a reinar tras ser destronado. Y sus reacciones hacen pensar que la materialización entra dentro de lo posible.

“Los hombres no se hacen a partir de victorias fáciles, sino a base de grandes derrotas” dejó dicho Sir Ernest Shackleton, un explorador irlandés que lideró tres expediciones a la Antártida. Desde esa frialdad de pensamiento camina Djokovic. Que actúa como hombre sin remordimiento ni memoria. Así lo demostró tras el US Open donde entregaba de facto el número 1 a Rafa, para no perder un solo pulso hasta el final de la temporada. Así lo ha subrayado en 2014, donde al golpe moral de Melbourne y al pestañeo inédito de Dubái le han seguido el doblete Indian Wells-Miami y triunfos ante cada miembro del big4 en un arco de 15 días, algo jamás logrado.

Nadal y la arcilla. La arcilla y Nadal. Quizá el reto más elevado de la disciplina. El billete al cielo en manos del de Belgrado. “Definitivamente es la mayor rivalidad de mi carrera. Siempre es un enorme desafío jugar con Rafa en cualquier superficie, especialmente en tierra batida” dejó caer el balcánico antes de salir con destino a Europa. Allí, durante los dos próximos meses, esperan densas polvaredas. Con Montecarlo, ese santuario que nadie salvo Rafa tocó en la última década y él asaltó en 2013, como punto de partida. Con Roland Garros, el único grande nunca alzado por el balcánico, donde la última tentativa, con rotura a favor en el parcial decisivo, fue la mayor amenaza jamás lanzada sobre el templo del mallorquín. Una gira de tierra que se comenzó a jugar en Miami. En el horizonte, una pelea por la eternidad entre dos perfiles de acero. Está en juego el trono del reino. Y dos hombres dispuestos a desfallecer por ello.

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