Djokovic no encuentra freno

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

La victoria es tan habitual que el número 1 se entretuvo en plena final jaleando a una bandada de aves. Novak Djokovic rompió en Miami el récord de Masters 1000 al batir al japonés Kei Nishikori, dispararse hasta la corona número 28 en la categoría y concluir el equilibrio que mantenía con Rafael Nadal al frente de esa lista. Como si de una demostración del relevo se tratase, el balcánico afianzó su dominio al frente del circuito liderando la nómina de campeones en los torneos de la estabilidad – esos que tanto por frecuencia (nueve citas en toda la temporada), por prestigio (un millar de puntos, más que ningún otro evento organizado por ATP) y por margen de error (el formato a tres mangas, algo más afilado que las cinco presentes en Grand Slam) exigen de los jugadores un plus de concentración y nervio.

El triunfo en Crandon Park fue todo un estímulo de crecimiento para el serbio, que no dudó en apuntar hacia la tierra batida de Montecarlo con la ilusión de un principiante, como si no acumulara fatiga y la siguiente gira fuera el plato más apetecible del menú. Si hay un momento en que Novak parece despegado del resto es el momento actual, habiendo pisado la final en los últimos 11 Masters 1000 en que participó (nueve coronas), ganando absolutamente todos los partidos completados en la temporada 2016 (28-0) y marcando distancias ante cualquier rival, siendo capaz de levantar de manera consecutiva la copa en California y Florida cediendo apenas un set entre ambos torneos.

La consecuencia de un arranque de temporada monumental es clara: por segundaocasión en su carrera (lo logró durante el curso 2011 en que abrazó por primera vez el número 1 del ranking masculino) Novak acudirá a la gira de tierra batida sin conocer la derrota en un encuentro entero en la campaña. Todo un estímulo de fe ante el reto de coronar la superficie que reserva el elemento más esquivo de su carrera: la conquista de Roland Garros. Hasta el momento, y a la espera de jugadores que cuestionen una trayectoria en línea recta hacia la historia del deporte, el de Belgrado acudirá al polvo de ladrillo como el evidente hombre a batir. Un peso a cargar sobre los hombros con una misión en el horizonte.

En Miami, la confirmación de una tendencia: con los tres mayores torneos jugados en el curso (Australian Open, Indian Wells, Miami) ya guardados en la misma bolsa, el dominio de Novak Djokovic se expresa en todo su esplendor.

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