Con él volvió a volar

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

La derrota asesta un nuevo golpe en las entretelas de Roger Federer. El francés Gael Monfils, número 42 del mundo, desnuda todas las carencias del suizo cuando le tumba en los octavos de final del Masters 1000 de Shanghái, donde vuelve a competir tras entrenarse dos semanas en Dubai a altas temperaturas preparando el asalto al tramo final de la temporada, al que llega por primera vez en más de una década sin estar clasificado para la Copa de Maestros que reúne a los ocho mejores jugadores del año.

“Estuve irregular. Fue uno de esos partidos que pueden caer de cualquier lado”, analizó Federer con la sangrante herida de la derrota abierta. “No hay tiempo que perder. Estoy deseando que llegue el momento de competir en Basilea. Debo dejar esto atrás, creo que todavía puedo terminar bien la temporada”, resumió. “Normalmente, juego bien en pistas cubiertas y espero que este año suceda igual. Si me clasifico para la Copa de Maestros, será un extra. Si no me clasifico para Londres, preparé la próxima temporada”.

Federer, sin embargo, toma días después de la derrota una decisión pensando en el futuro. Tras tres años y medio escuchando los consejos de Paul Annacone, el ganador de 17 grandes rompe su relación profesional con el técnico estadounidense. “Paul y yo hemos decidido pasar al siguiente capítulo de nuestras vidas profesionales”, anunció el suizo a través de un comunicado en su página web. “Cuando comenzamos a trabajar juntos, ideamos un plan de tres años para tratar de ganar otro Grand Slam y volver al número uno del mundo. Esas dos metas principales se han cumplido, junto a otros objetivos y recuerdos”.

Junto a Annacone, el hombre que pilotó con pericia las carreras de Sampras, Safin y Henman, Federer volvió a ganar en Wimbledon, lo que le permitió recuperar el número uno del ránking, superar la marca de Pete Pistol (286) y establecer el récord en las 302 semanas que ostenta al frente de la clasificación. Para lograr esos dos prestigiosos objetivos, el entrenador de Southampton utilizó primero la palabra. Mediante incontables charlas, Annacone devolvió a Federer la confianza que los rivales y el tiempo le habían arrebatado. Luego, tras convencerle de que podía competir contra los mejores pese a la cercanía de la treintena, ideó una remodelación táctica para potenciar los ilimitados recursos del helvético. Así, por ejemplo, insistió en los cambios de ritmo, fundamentales para destruir las barreras levantadas por los contrarios desde el fondo de la pista, inconfundible insignia del tenis moderno. Así, conocida la perforación en el golpe a una mano, Paul le sugirió emplear el revés cortado con mayor frecuencia y morder más con el liftado, tonificando un flanco en el que los rivales encontraban una diana a la que apuntar continuamente. Y así, como último paso de una maniobra pensada para fortalecer e impulsar su ofensivo planteamiento de siempre, le animó a subir a la red buscando colonizar y ganar la guerra en una zona desahuciada en la era del físico y la fuerza. Annacone, por supuesto, no enseñó ningún tiro a Federer. Su mérito fue restituirle la seguridad, afilando su armamento, para devolverle una habilidad congénita que pocos jugadores han tenido a lo largo de la historia: la capacidad de decidir con sus tiros vencedor y perdedor de cada batalla.

A Wimbledon y al número uno se llegó tras escalar varias montañas. No sólo se obtuvieron los resultados con la raqueta. El trabajo entre ambos también se realizó en los despachos, con papel y bolígrafo. Federer modificó su rutina de entrenamientos, acortando el tiempo de las prácticas, pero aumentando la intensidad de las mismas. También volvió a reformar su calendario, buscando descanso para proteger su coraza de las lesiones, escuchando los quejidos de su maltrecha espalda. El último paso del plan resguardó de heridas a un tenista que jamás se ha retirado de un partido en su carrera, con más de 1100 partidos en las piernas.

Ahora, y tras una temporada irregular donde ha caído hasta el séptimo puesto del ránking, Federer, que ya probó un nuevo modelo de raqueta tras ceder prematuramente en Wimbledon, prescinde de Annacone antes del final de la temporada. Lo hace tras caer en Shanghái, donde buscaba clasificarse para la Copa de Maestros y tras un año que le ha visto inclinarse ante el 3, 39, 6, 5, 16, 5, 8, 116, 114, 55, 3, 22 y 42 del mundo. Él, genio de genios, maestro de maestros, trata de remediar con decisiones lo que sucede cuando pisa una pista. Antes de que se le agote la magia, Federer, con el corazón deseoso de seguir en esta aventura, a la caza de soluciones.

Noticia. Federer rompe con Annacone.

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