Cañones al cielo

Redacción desde la ciudad de Londres

¡Carguen, apunten, fuego! Dos navíos surcan a toda velocidad el Támesis y se han alcanzado. Se encuentran frente a frente. Se miran a las caras, situados en paralelo. Y ya cuentan con toda la munición colocada en sus cañones, preparados para desbordar al rival. Los buques portan en la proa los nombres de Rafael Nadal y Roger Federer. El español y el suizo cruzarán el manto azul del O2 Arena con sus raquetas por 32ª vez en sus carreras. Es el gran clásico del circuito. Los dos colosos que dominaron sin piedad el ránking y los grandes títulos durante un lustro (2005-2010). En esta ocasión, la cita tiene tiene fijada nueva hora y lugar: En Londres, este domingo a las 15h00 (en España). La final de la Copa de Maestros se atisba en el horizonte.

“¡Qué bueno que viniste!”, suspiró una voz desde un fondo albiceleste. De poco importaba que fuese Juan Martín Del Potro, un compatriota, el que caía en el camino frente al suizo. El tenis volvía a sonreír. Contra las cuerdas, pocos contaban con Federer para la antesala de la final. Mucho menos cuando el argentino estaba a un paso de clausurar la temporada del helvético. Pero Roger ha afinado su violín y la melodía suena como siempre. Seduce. Es pura magia. Delicada y armoniosa. El talento nunca desapareció, la muñeca está engrasada y la ambición intacta para limpiar una temporada que necesita un trofeo de este calibre. La Copa espera a su gran maestro, pero antes, en las semifinales de la Copa de Maestros, debe superar a Rafael Nadal. Su antítesis.

“Siempre tienes juegos que te van mejor. Pero aquí te enfrentas contra los mejores y cuando esto ocurre cualquiera te puede ganar”. Eran palabras de Toni Nadal a TENNISTOPIC antes de conocer el rival que enfrentaría Rafael en la semifinal. Y lo cierto es que ante el juego del suizo, el español conoce el antídoto para derribar la muralla. El manacorí es uno de los jugadores que ha conservado en secreto durante más tiempo la receta para derrocarle una y otra vez. 21 victorias de Rafael, por 10 de Roger. La balanza se decanta estrepitosamente del lado del español. Incluso esta temporada: Indian Wells, Roma y Cincinnati. Tres de tres. Sólo en Ohio, Roger hizo daño. Pero no fue suficiente para que su alma antagónica firmara un triplete de victorias consecutivas en 2013. Antes, tanto en el desierto californiano como en la tierra batida del Foro Itálico, el español fue un vendaval sobre la pista. Un visto y no visto.

La diferencia: el físico

Cada capítulo se escribe sobre una hoja en blanco. Apenas importa que Nadal haya martillado una y otra vez con una bola alta el revés del suizo. Poco afecta que Roger haya firmado por victoria los cuatro enfrentamientos que ha cruzado con el español en la Copa de Maestros (2006, 2007, 2010 y 2011), incluida la única final que ha disputado Nadal en este escenario. Pista rápida y bajo techo es territorio Federer. En estas condiciones, el suizo ha conquistado 20 trofeos (sólo en 2009 concluyó una temporada sin sumar un trofeo en superficie cubierta). Nadal, exclusivamente uno (Madrid Open 2005). Pero la historia entre estos dos colosos se reescribe en cada página.

Y con esta óptica la analizaba Juan Martín Del Potro. “Es difícil decir quién va a ganar, hay que ver cómo está Roger físicamente, porque contra Nadal obviamente lo necesita, no basta sólo con el tenis. Pero Federer ya le ha ganado y le puede ganar. Es una superficie que se le da muy bien, creo que el partido va a depender más de Federer que de Nadal. Estamos acostumbrados a la misma forma de juego de Rafa (es muy parejo, muy regular), pero Federer puede tener un gran día y le puede pasar por encima. O puede cometer muchos errores. Va a depender más de cómo se sienta Roger”.

Mientras Federer se batía en una batalla a golpes contra Del Potro, los cañones volaban a la par en una de las pistas de entrenamiento del O2 Arena. Eran Rafael Nadal y Fernando Verdasco. Durante 35 minutos simularon el cruce de fuego que este sábado prevé el español. Por su parte, Roger respira: “Veo luz al final del túnel”. Es el aviso del suizo. Se ha levantado en armas y se despoja de cualquier tipo de presión, su disfraz más peligroso: “No quiero sentirme favorito”. Los cañones miran al cielo y en la pista no valen más palabras. Es momento del ser y renacer. El número uno contra el mejor de todos los tiempos. Un pulso legendario, anclado en los anales de la historia. Nadal y Federer. Federer y Nadal.

Djokovic-Wawrinka, la otra semifinal

Trece derrotas como trece losas. Agudizadas en Melbourne y Nueva York. En el Open de Australia y el Abierto de Estados Unidos la escena rozó el drama. Wawrinka no gana a Novak Djokovic desde 2006 (Viena). Aquella fue la última de las dos ocasiones (de 16 posibles) en la que ha estrechado la mano al serbio como vencedor. Y eso que el suizo lo ha acariciado, sobre todo, esta temporada. En la Rod Laver Arena, el helvético llevó a Nole al límite en uno de los mejores partidos del año. Tras cinco horas y dos minutos de batalla en la pista, el serbio acabaría sumando el triunfo en el quinto set, 12-10. En el último Grand Slam, la historia se repitió. Wawrinka tenía todo de cara. Mandaba dos mangas a una ante el de Belgrado, pero el entonces número uno acabó cerrando el partido en el quinto parcial, después de cuatro horas y nueve minutos. Por tercera vez se verán las caras en un torneo grande. Este domingo (21.00 horas), Stan se aferra al refrán: ‘A la tercera, la vencida’.

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