Asalto al Príncipe para ser Rey

Javier Méndez desde la ciudad de Madrid

Montecarlo se rinde asombrada al nuevo aspirante a Rey. En menos de una hora, el Príncipe acaba de entregar su corona. 55 minutos bastan para que Stan Wawrinka diga adiós a Montecarlo (6-1 y 6-2), uno de sus tres territorios conquistados en 2014. “Me gustaría pensar que fui el culpable de que fallara muchas bolas”, reclama su verdugo. Y es que Grigor vuelve a ser Dimitrov. El de los golpes de mago y la raqueta de acero. El que golpea, daña y mata. El candidato al cetro de la ATP.

Después de un año con más sombras que luces, sin estampas brillantes ni galones, el búlgaro llegó al primer Masters 1000 sobre tierra batida de la temporada con sólo una presencia en los cuartos de final en los seis torneos disputados hasta entonces (Brisbane). En el Monte-Carlo Country Club volvió a colarse entre los ocho mejores. ¿Está en su mejor momento de forma? “Yo diría que sí y no. Si lo miras desde el punto de vista tenístico, tal vez sí”, certifica el actual número 11 del mundo.

“En cierta forma siento que estoy haciendo un buen trabajo. Lo único que podía hacer era hacer mi juego, sólo cometer menos errores. Creo que esto ha dado sus frutos”, explica después de una victoria balsámica. Un triunfo ante una raqueta clasificada entre los diez mejores jugadores del planeta, que le ayuda a creer y retomar sus constantes vitales, y que no ocurría desde el pasado mes de julio de 2014 en los cuartos de final de Wimbledon, precisamente también ante el defensor del título, Andy Murray.

Pero en su historial figuraba, además, un dato poco común en una raqueta que aspira a colgarse la etiqueta de top-10: desde el Masters 1000 de Toronto 2014 no derrotaba a un rival clasificado en el top-30 (Tommy Robredo). “No me he sentido inferior para batir a un jugador con ránking mejor. Si lo piensas, la competencia hoy en día es tan dura y tan grande que no puedes pensarlo. Quiero decir, si ves a un jugador que está, por ejemplo en el top-40, se puede perder fácilmente si no estás haciendo un buen tenis”, apunta. “Si piensas de esa manera vas a perder todos los días”.

Lejos de lo que muchos podrían pronosticar, su tenis ha vuelto sobre tierra batida. “Siempre he sentido que juego bien en cualquier superficie. Por supuesto que la hierba es mi favorita. Y me gusta la pista dura. Pero crecí en pistas de tierra batida. Mis primeros años fueron en polvo de ladrillo. Me siento bastante cómodo”, recuerda Dimitrov. Su estancia en la Academia Sánchez-Casal de Barcelona le ayudó a fortalecer su tenis en la superficie más lenta, a pesar de que sus condiciones le hacían brillar en las pistas más rápidas.

En Montecarlo, el destino está escrito. Gael Monfils evitó que el jugador nacido en Haskovo hace 23 años volviese a mirar a los ojos a su gran referente, Roger Federer. “Siempre es interesante un partido cuando Gael está en la pista. A la vez, estoy muy feliz de salir a jugar. Siempre es complicado. Él consiguió una buena victoria hoy. Obviamente le va a dar mucha confianza. Querrá salir a la cancha y demostrarlo. Pero al mismo tiempo, yo estoy aquí para ganar”. No es una amenaza, es una advertencia. El Príncipe ya lo padeció. Ahora pretende convertirse en Rey.

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