Y de repente, Pouille

Marta Mateo desde la ciudad de Nueva York

Cinco momentos, me quedo con cinco detalles de un domingo en el que la derrota de Rafael Nadal puede considerarse inesperada. Con matices. Cierto es que el partido dio para mucho, que fueron cuatro horas de un thriller en el que en un mundo ideal los dos hubieran pasado ronda, como bien reflejó el marcador: 312 puntos disputados, 156 para cada jugador. Un empate.

Que sí, que hay puntos y puntos. Y que no todos valen igual. Que sí, que Lucas Pouille tiene un potencial y talento increíbles. Pero cuando hay muchos ‘Y si…’ en una reflexión, significa que el escenario no ha sido el previsto. Y que Nadal podría haber ganado el partido, también.

1. Un primer set para la colección

“Es un jugador muy completo”, había definido el español a su rival en su rueda de prensa previa al partido. La sorpresa fue ver que ese repertorio encajó a la perfección ya de entrada. Pouille dominó los intercambios desde cualquier esquina de la pista, se movió tan ágil, que daba saltitos cual bailarín. Su bola sonaba pesada, poderosa y al mismo tiempo volaba y volaba, con descaro y desparpajo.

Tras 28 minutos la pregunta no era otra: ¿Aguantará el ritmo? ¿Pondrá una marcha más Nadal?

2. Nadal nunca se va

El segundo set es ejemplo irrefutable de un tópico que por ser tópico no deja de ser cierto. Si vas a ganar a Nadal, o sudas la gota gorda, o tienes cero opciones. Si bajas la intensidad, si te despistas por unos segundos, no importa lo corto que sea el periodo de lapsus. El ganador de 14 grandes nunca se va. Ahí aguanta, con todo, hasta el final.

Lo positivo del segundo set fue ver que, aún con mucho margen de mejora, Nadal ya puede cambiar de marcha. Ya puede exigirse más con la derecha si es necesario. Ya pega más profundo. Con menos esfuerzo. Y siendo más incisivo. La menos positiva, que si el servicio no está del todo fino, el peso de la mochila es elevado.

3. La señal

A veces hay un instante en el que te das cuenta que esta vez es diferente. Que no tiene por qué cumplirse siempre con lo estipulado. Que los guiones tienen giros, que el argumento puede cambiar. Después de ver cómo Nadal igualaba el encuentro, los aficionados de la Arthur Ashe, respiraban aliviados. Su favorito, el dos veces campeón, había encarrilado el encuentro.

La señal, sin embargo, llegó unos minutos después, cuando, reagrupado, centrado y saltando cual primer bailarín del ballet ruso, Pouille se encontró de nuevo dictando los tiempos. Marcando el ritmo. “Tiene momentos de inspiración en los que llega a hacer magia”, había dicho de él su último rival, Roberto Bautista.

4. La señal II

Ahora ya sí. Si entregas un cuarto set después de recuperar un break para luego entregar de nuevo el saque, sólo puede significar una cosa: te ha podido la presión. No has gestionado bien el escenario. No puedes aguantar el tú a tú ante alguien con mucha más experiencia que tú.

Y así, mil razones más.

Craso error. Tantas elucubraciones sólo llevan a estar reflexionando sobre algo que no significa nada si aún queda todo un set por disputar. La señal II es la que te indica que Pouille puede estar destinado a algo grande: donde otros hubieran dado por perdido el encuentro con break en contra en la quinta manga, él no se quedó anclado en el parcial anterior.

5. La derecha

Con el tie-break decisivo y un 6-6 milagroso, pensar que Nadal iba a dejar escapar la victoria era osado. Tres match points salvados, un Pouille aturdido y el momento idóneo para asestar el golpe definitivo. Una derecha a escasos metros de la red, golpearla con todo, y decir: de aquí no me voy si no es con la victoria.

La visualización era perfecta. Y por unos segundos, ese golpe pareció ser el definitivo, hasta que la derecha que tantas veces hubiera aupado a Nadal, chocó con la malla.

“Más que la derecha del 6-6, no se puede desaprovechar 4-3 y 30-0”, reconoció el balear después. Y aunque tenga razón, ese drive quedará grabado en la retina de aquellos que la celebraron antes de tiempo. Ahí Pouille se supo ganador.

PD. Es muy posible que el desgaste físico del francés, que lleva tres partidos consecutivos a cinco mangas, pase factura. Nadal te lleva al límite. Ganarle pronto puede significar perder antes. Pero a Pouille nadie podrá negarle que su partido hoy fue excelso.

También es cierto que pesan mucho más las conclusiones positivas que negativas en la derrota de Nadal. Hace menos de un mes aún se privaba de golpear la derecha paralela y calentaba una hora al día. Muy mal no le van las cosas.

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