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Victoria de Wawrinka, victoria de Del Potro

Rafael Plaza desde la ciudad de Nueva York

“¡Dale Juan!”. El grito se escuchó pasada la medianoche de Nueva York y llegó desde la parte más alta de la colosal pista central del Abierto de los Estados Unidos para animar a Juan Martín Del Potro a intentar una remontada imposible. En los cuartos de final de último grande de la temporada, Stan Wawrinka derrotó 7-6, 4-6, 6-3 y 6-2 al argentino y se jugará el pase a la final ante Kei Nishikori (1-6, 6-4, 4-6, 6-1 y 7-5 a Andy Murray).

Del Potro, que llegó al torneo siendo el 142 del mundo y el próximo lunes será el 63, pagó el esfuerzo físico tras una carga de partidos a la que todavía no está habituado, acabó desfondado (con problemas en el hombro derecho) y no pudo contener las lágrimas en pleno encuentro, cuando el suizo sacaba por la victoria. Con el partido aún en juego, cuando la victoria de Wawrinka ya era pan comido, la grada se puso a corear el nombre del argentino y el partido se detuvo entre una marea de palmas emocionantes. Del Potro no tuvo más remedio que aplaudir mientras contenía torpemente el llanto. Lo nunca visto.

“Es algo difícil de describir con palabras”, dijo luego el argentino ante la prensa, cerca de las dos de la madrugada. “He perdido el partido, pero nunca lo voy a olvidar. El público me ha hecho sentir increíble”, prosiguió Del Potro, desde 2009 (fue campeón del torneo) uno de los favoritos de la gente en Nueva York. “Necesito mejorar mi estado físico”, apuntó. “La buena noticia es que vuelvo al top-100 y no tendré que pedir más invitaciones”, celebró. “Lo que he vivido en ese último juego es muy difícil que le pase a cualquier otro jugador del circuito. Que yo recuerde nunca pasó algo así. Si uno se guía por la gente, el ganador era yo. Wawrinka va a jugar la semifinal, pero yo me llevo el cariño de la gente”.

Antes, un cruce magnífico. ”¡Piensa!”, se pidió Wawrinka cuando peor lo estaba pasando. El suizo, que se llevó el dedo a la sien una vez tras otra para recordarse lo que tenía que hacer, ganó la primera manga en un tie-break que gestionó con valentía y se encontró con la reacción de su contrario en el segundo. De estacazo en estacazo, con su derecha surcando las líneas de la pista mientras dejaba siempre a su paso una ovación estremecedora, Del Potro empató el duelo y reclamó el pase a las semifinales.

Inteligente como pocos, Wawrinka vio cómo Del Potro corría con la lengua fuera, desgastado tras la paliza que lleva encima. Así, el número tres tomó una decisión lógica: aparcó su idea de ir a saco, se fue atrás a restar los saques del argentino y le obligó a golpear mil bolas, dejando de ser tan agresivo para obligarle a pelear cada punto y hurgar en ese cansancio. Fue una sensata maniobra que le llevó hasta las semifinales, coronando con mérito la victoria. Del Potro, sin embargo, también salió con los brazos en alto: para el argentino, la ovación que se llevó vale lo mismo que ganar un partido.

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