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Siete veces Serena

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

Es un misil que muere en la esquina. Un cohete seguido de un grito que alcanza la playa. Espíritu de supervivencia en grado sumo. Cuando Serena Williams contempló el abismo, cuando la rival cercó su camino mostrándole una pelota de set en el primer parcial como amenaza, salió a borbotones el espíritu de campeona. Ese factor que abre una profunda raya entre su figura y el resto. Li Na maniató a Serena durante cuarenta minutos en el cemento de Florida. Cuando la soga llegó a estrechar el cuello de la americana, sin embargo, destrozó ese cordel hasta convertir sufrimiento en incontestable victoria (7-5 6-1).

“No nos enfrentamos desde hace 3 ó 4 meses, de manera que este encuentro va a mostrar cuánto he mejorado realmente”, indicaba Li en la previa. Reunidas por última vez en la final del último WTA Championships, la asiática miraba al pulso consciente de no haber batido a la estadounidense en el último lustro. Y de contar una única victoria en el expediente cuando el historial estira hasta la doble figura la cuenta de partidos.

Y es que Li Na ejerció de número 2. Siendo contestataria desde el primer momento, sin perder la cara a una mujer que infunde respeto por donde pisa. Así salió al partido, con un plan maduro. Cristalino y decidido. Pelotas centradas para anular la creación de Williams. Anudada a un ritmo de pelota tremendo, la china quiso mantener las cosas sencillas. Si Serena no genera ángulos, y no puede si tiene la pelota centrada, se ahogará en devoluciones que le lleguen a los pies. Cualquier pelota corta o mal ubicada, opción que tiene Li para soltar la mano.

Un plan que sorprende a Williams, con gesto torcido desde el inicio, viendo cómo la asiática quiebra en el primer juego. Li fue un huracán desbocado. Acostumbrada a competir desde la escasez de oxígeno, con un juego fundado en un tremendo trabajo de piernas. Es un juego de riesgo controlado que no cede. Así levanta las dos primeras bolas de set (15-40), después un 0-30. Seleccionando cada apertura, normalmente con ángulos de derecha para poner en movimiento a Williams, quitarle el apoyo y cerrar jugadas sobre el revés de la americana.

Cada situación de peligro es solventada con tiros ganadores. Un amago de reacción de Serena, cuando la estadounidense va tomando temperatura, es neutralizada con una subida a la red -acción en evolución por parte de la china- y un cierre de juego con volea de revés. Es una Li Na suelta, valiente, decidida, que llega a levantar un 5-2 con cierta solvencia. Dos opciones para cerrar al saque el primer set. Ahí aparece Serena.

Creando de la nada. Ante una rival inspirada. Con un plan de juego que le tiene ahogada. La agresividad al resto, clave para entrar en rally y activar el factor creación, entra en marcha. Li, que ya cedió el pasado año una gran renta en Miami ante Williams, empieza a gotear errores con la derecha. La primera rotura del partido empieza a cambiar el color sobre la pista. Serena comienza a comerse el partido a machetazos. Llegando a un 4-5 con intenso aroma a igualada. Cuando Li vuelve a servir por el parcial, ya está dentro de la cueva. Ahí emerge la gran Serena, volando a zambombazos cualquier opción de pelea.

Soportando la tempestad, llega a tener Li bola de set y entonces Williams descarga. Cuando hay tormenta, dicen, los pajaritos se esconden pero los águilas vuelan más alto. Y Serena desplegó las alas para mostrar a todos su enorme envergadura. Un terrorífico revés paralelo cruzó la pista como relámpago que rasga la noche. Fue un tiro majestuoso. De los que bajan caras y silencian estadios. Directo a la esquina. Después, un resto directo de revés cruzado termina por cambiar el rostro al partido. Son dos mazazos bestiales. Serena optando por la línea recta antes de recuperar la segunda rotura.

Es Serena desatada. Vuela su revés. Ya impone desde el principio. No es la misma tenista atada de los primeros juegos. Crea. Quita el apoyo a la china. Camina entre rachas de puntos, salpicando una hilera de tiros ganadores. ¡Ésta es mi casa! ¡Estás en mi casa! Parece gritar cada vez que parte la bola hasta tomar una ventaja (6-5) que ya nunca suelta. Tras el juego más igualado de la primera manga, cinco deuces es el precio que pone Li Na al último hilo de vida, Serena hunde la pala.

Semejante reacción termina por inclinar a Li Na, que no siquiera muestra mal nivel en la primera manga. Se ve desbordada por puro caudal de juego. Fuego enemigo a pleno ritmo. En el segundo parcial, se encuentra un alma hundida ante una líder con las fauces abiertas. Un mal juego, reminiscencia de su antiguo yo voluble termina de cercar el pulso. Un rotura cuando mandaba 40-0, con cinco errores como bulto, entierran a la número 2 en el habitat de la mujer referencia. Con un 6-1 cierra Williams la final, entre gritos, saltos y brazos al cielo.

Li, que ya entregó 12 de los últimos 15 juegos en el último WTA Championships ante Serena, dejó pasar 11 de los 12 que cerraron Florida. Otro capítulo de hechos no consumados a incluir en un expediente de pulsos apretados ante la americana. Williams, que ya remontó cada mnga a Sharapova y respiró en “nivel indigno de tenista profesional” a principio de semana, supo aceptar sufrimiento y responder ante el peligro.

La china, que conserva etiqueta de mejor raqueta del año, cedió en su primer pulso top10 de la temporada. Williams, que se convirtió en la primera heptacampeona de Miami, mérito sin precedentes en ambos circuitos, logró un estímulo moral a subrayar antes de embarcar al corazón de la temporada. Tras un arranque de año tibio, con problemas físicos y cesiones prematuras, un manotazo mental a su principal adversaria. En los dos últimos cursos, Miami sirvió de trampolín para rachas memorables. Subrayada su superioridad ante Sharapova, castigada Li de nuevo, larga vida a la Reina.

El club de las heptacampeonas

Serena Williams se convirtió en la cuarta tenista de la Era Open capaz de ganar, al menos, siete ediciones de un mismo torneo. La pléyade de nombres capaces de lograr semejante hazaña reúne figuras de auténtica leyenda. Pues todas ellas, a diferencia de Williams, firmaron tal durabilidad en torneos del Grand Slam.

Martina Navratilova – 9 títulos de Wimbledon (1978, 1979, 1982, 1983, 1984, 1985, 1986, 1987, 1990)

Chris Evert – 7 títulos de Roland Garros (1974, 1975, 1979, 1980,1983, 1985, 1986)

Steffi Graf – 7 títulos de Wimbledon (1988, 1989, 1991, 1992,1993, 1995, 1996)

Serena Williams – 7 títulos de Miami (2002, 2003, 2004, 2007, 2008, 2013, 2014)

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