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“Si gano el US Open, te juro que hablaré en inglés”

Ángel G. Muñiz desde la ciudad de Nueva York

El tenis es un deporte individual en el que la comunicación es inexistente durante un partido. Ni formas parte de un equipo en el que apoyarte ni tu entrenador puede dirigirte la palabra, ‘gracias’ a esa incongruente regla llamada coaching. Así que hay que recurrir a la disciplina de dobles para escuchar al deporte de la raqueta, esa disciplina en la que los últimos españoles en competición en este Abierto de Estados Unidos ya están en semifinales: Marcel Granollers y Marc López han derrotado a Alexander Peya y Bruno Soares, segundos cabezas de serie, por 7-6 y 6-4.

“Bueno, vamos a empezar a movernos bien para empezar al cien por cien desde el primer punto”. “Eso es. Cada punto a muerte. Esto son hora y media, dos horas, a full. Agresivos y a tope”. Así transcurre un calentamiento cualquiera de los maestros de 2012. Durante el partido, todo serán ánimos, indicaciones acordadas de antemano para los saques y ánimos, muchos ánimos. También alguna broma que otra: “Cañita Brava” o “Guillermo Cañas” si el compañero golpea la pelota con el marco de la raqueta, “bien sacado” o “buen saque” si hace una doble falta.

Dominio claro del primer set. “¡Bravo! ¡Vamos!”, grita Marcel. Saben que están en el buen camino. “The ball, please. The ball, please”. La cantinela que cierra cada saque español es la misma que se repite en cada torneo: Marc pidiendo una bola al recogepelotas para ser él quién la mande al otro lado de la pista. Manías inexplicables que se convierten en costumbres tranquilizadoras.

Se escapan varios puntos de break y el silencio gobierna el descanso entre juegos. El recuerdo de las ocasiones perdidas carcome a ambos. “Mierda, con 0-40…”, dice por fin Marc. “Me cagüen todo”, sentencia Marcel. “Venga, a por otro juego y que no nos afecte”. Esta vez no ha sido necesario que Granollers cante, como sucedió en Cincinnati, para sacar una sonrisa a López. “Yo no podía parar de fallar restos y le cante una canción. Una gilipollez, pero se descojonó”.

Para sonrisas las de Marcel cuando su compañero saca la varita mágica y coloca un globo en la línea. “Joder, qué bueno eres, tío”, se le ha escapado más de una vez. “Pero ya me tiene muy bien acostumbrado. El globo a la línea ya no lo valoro tanto, porque he visto muchos. Es increíble, parece que va teledirigido”. “Me gustaría tener el resto plano de él, y no la mierda de globo”, responde Marc.

Llega un saque importante en el desempate del primer parcial. “Con todo, ¿eh?”, pide López. Obedece Granollers, que consigue el punto. “¡Vamos, Chelo!”, se autoanima. Le sucede otro revés ganador. “¡Bieeeen!”, grita su compañero. El set está cerca, pero hay que rematarlo. “Vamos, ¿eh? Venga, va”. Llega el saque definitivo. “Ponte abajo, saco abierto, amagas y vuelves”. Lo siguiente es un alarido a dos voces. “¡VAMOOOOS!”, al unísono. El aullido de la victoria sobresalta a la ciudad que nunca duerme.

El segundo parcial arranca con el punto más raro, y quizá más decisivo, del día. Pelota de rotura a favor de Peya-Soares y el brasileño detiene el punto. Ha visto que la bola se ha ido fuera claramente. Marcel y Marc se van hacia su silla, convencidos por la seguridad de Bruno. “Yo pensaba que había sido mala clara”. El ojo de halcón les lleva la contraria a todos. “IN”, se lee en el video marcador. El juego acabará del lado español, aunque los nuestros siguen sin creérselo. “Había una marca fuera, pero, claro, a lo mejor no es esa. Hay 50 marcas”.

“¿Quién va?”. Esa pregunta no augura nada bueno en un duelo de dobles. El uno por el otro, la pista sin barrer. Reacciona Marcel con un gran saque. “Muy bien, muy bien”, atestigua Marc. Ya están otra vez enchufados. “¡VAMOOOOS!”, vuelve a gritar al salvar otro punto de rotura con una potente derecha, rivalizando en decibelios con el bramido que sucedió al set inicial.

Peya falla un remate claro. “Gracias”. Se acerca el momento decisivo del duelo. “No, no, a cambiar. Marca”, pide López a su compañero, ya en la red. “¿Esta?”, pregunta Granollers. “Sí”. Bien cambiado, chicos: punto y 5-4. Resto que vale un triunfo y otras semifinales del US Open.

0-15 y Marc falla una derecha muy favorable a media pista. “Lo siento, pero me he cagado”. Más sincero, imposible. “Es mi mejor golpe. De derecha, aquí (señalando a la altura del hombro). A huevo. Y me he cagado. Hostia, era un punto importantísimo para 0-30, pero bueno, mira, después…”.

Después llegan los puntos de partido, aunque el primero se escape. “Estamos a dos bolas. A dos bolas”. Efectivamente. Nuevo match point. “Hostia, ¿dónde me saca?”. “Creo que te vuelve a sacar a la derecha. Si te tira a la derecha, apriétala”. Dicho y hecho. Resto duro de Marc. Paralelo. Derecha potente de Marcel. Ganadora. “¡VAMOOOOS!”, el tercer y definitivo grito. “Imagínate, un subidón de alegría…”.

Las semifinales esperan. “No, venga, vas tú”. Sólo queda que Marc López se escaquée, como siempre, de la entrevista en inglés a pie de pista. “Yo me niego. Estoy en mi derecho de negarme. Yo tengo que jugar al tenis, no hablar”. “Sí que puedes contestar. Cuatro palabras sabes”. “Si gano el US Open, te juro que hablaré en inglés”. ¿La primera pregunta en la entrevista como campeón para la Cadena COPE, en inglés? “Y las que quieras”. “Pero complicada, ¿eh?”, apostilla Marcel Granollers. Su compañero. Su amigo. “¿Enfadarnos en la pista? Nunca. Nunca en la vida. Pero jamás de los jamases”. Su pareja rumbo a su primer título del Grand Slam. Faltan dos pasos. Dos “¡VAMOOOOS!” más.

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