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Pennetta, bautizo y retirada

Rafael Plaza desde la ciudad de Nueva York

Hola a la historia, adiós al tenis. En la final del Abierto de los Estados Unidos, Flavia Pennetta ganó 7-6 y 6-2 su primer Grand Slam a Roberta Vinci e inmediatamente después anunció que se retirará como jugadora a final de temporada. Si hay una forma de despedirse a lo grande, no existe una mejor que esa. Al final de la tarde, una imagen resume la fiesta italiana que se celebra en Nueva York y retrata los últimos días de la número 26 como tenista, con coraje para explicar al mundo entero durante su día más importante que se marcha tras 15 temporadas en la élite. Después de ganar el encuentro, Pennetta se sienta junto a Vinci a charlar y reír tranquilamente como dos amigas que han decidido salir a dar una vuelta y no como dos enemigas que acaban de pelear por un un título de los que cambian una carrera. La escena explica por qué es un día gigante para Italia, por primera vez con dos tenistas en el encuentro decisivo de un grande, y prepara a la campeona para lo que va a decir a continuación, meditado desde hace semanas. Después de convertirse en la jugadora de mayor edad en celebrar su primer Grand Slam (33 años), Pennetta se lleva las manos a la cabeza y nada le impide ya que las lágrimas tomen el control de la situación. Entonces, confiesa su decisión, que es la de irse en lo más alto. Es un bautizo y una retirada que llegan de la mano.

“A veces, tenemos miedo de tomar una decisión porque no sabemos qué va a suceder después”, reflexiona luego la italiana, con la copa de campeona a su lado. “¿Cómo va a ser mi vida ahora?”, se pregunta en voz alta. “Creo que será una buena vida. Estoy orgullosa de mí misma. Hice mucho más de lo que esperaba”, sigue sobre su carrera, marcada por la irregularidad y las lesiones. “Ganar o perder hoy no cambiaba nada porque la decisión ya estaba tomada desde Toronto. Se hace difícil para mí competir durante 24 semanas al año. Hay que luchar siempre y no me siento con energías para seguir haciéndolo”, asegura. “Así que este es el momento perfecto. Es la mejor forma de terminar. Si tengo que elegir la forma perfecta de dejarlo, es sin ninguna duda de esta manera”.

En Nueva York, una final entre debutantes. En el arranque, Pennetta y Vinci juegan atenazadas por los nervios, impresionadas ante la oportunidad de entrar con los dos pies en la historia. El miedo a ganar un Grand Slam es tan profundo como adentrarse en un bosque en mitad de la madrugada sin llevar ni una inofensiva linterna. No ha descontado el reloj 15 minutos de juego y las contrarias ya suman 20 errores no forzados entre ambas, un disparate. A Vinci, que necesita casi media hora para conectar su primer golpe ganador, le cuesta horrores digerir su victoria ante Serena en el primer tramo del encuentro. Después de frenar a la campeona de 21 grandes en su camino hacia el Grand Slam, la número 43 pierde la claridad de ideas exhibida el día anterior, que su contraria aprovecha para abrirse paso hacia la copa.

La estrategia de la número 26 es clara. Pennetta carga una vez tras otra sus golpes sobre el revés a una mano de Vinci, que se protege usando su fabuloso cortado, un golpe maravilloso que sigue en vías de extinción. Según avanza el partido, ese tiro pasa de ser un escudo a una daga. De repente, es la número 43 la que manda en el encuentro: remonta un break (de 2-4 a 4-4), se suelta de la presión y desquicia a Pennetta, que ya no compite con el convencimiento de que el título será suyo. Así, con las dos contrarias jugando el partido con la cabeza, aparcando la vía de la fuerza y la potencia, se llega a un tie-break que vale media copa. Los imprevisibles efectos que el revés de Vinci provoca en la bola desconciertan a Pennetta, un punto más agresiva que su oponente. Ella, sin embargo, es la dueña del desempate porque su fabuloso revés destruye la reacción de Vinci y la aleja para siempre del trofeo.

El partido se acaba tras la primera manga, pese al intento de remontada de Vinci cuando pierde 0-4 en el segundo parcial. Pennetta afronta la recta final sin nervios, aunque olfatea el título y eso significa que también se enfrenta a la retirada, un cóctel de sentimientos enfrentados. Antes de que llegue la lluvia a Nueva York para descargar con fuerza, la número 26 tiene tiempo de levantar la copa, poner el punto y final a su carrera y mezclar un puñado de emociones contrapuestas en el mejor día de toda su vida. Para enmarcar.

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