Número uno a lo grande

Javier Méndez desde la ciudad de Nueva York

En la ciudad de las alturas, Rafael Nadal no tiene vértigo. Ya había coronado la cima en Nueva York en 2010 y 2013. Y también logró repetir en 2017. Esta vez, el techo que se levantaba al otro lado de la red se elevaba sobre los 2,03 m. de Kevin Anderson, pero no fueron suficientes para evitar que el número uno defendiese su condición de mejor raqueta del mundo, conquistando el decimosexto título de Grand Slam de su carrera en el US Open (6-3, 6-3, 6-4).

Como si de una profecía se tratase, 16 banderas custodiaban el piano que, sobre la alfombra roja que protegía la Arthur Ashe, acompañaba la interpretación del ‘God Bless America’ a cargo de Corey Hawkins, mientras se desplegaban las barras y estrellas sobre la pista. Una por cada uno de los títulos de Grand Slam que Nadal conserva ya en su vitrina.

En Flushing Meadows todo es color, luces, gritos y aplausos. Es la cuna del espectáculo. Y el manacorense conecta como pocos con un público que enloquece con sólo visualizar su figura en las pantallas del estadio, aún en el túnel de vestuarios, cuando supera a su rival con un passing imposible o un ¡Vamos! precede un golpe de puño al viento. Desata la locura. Y en ese ambiente de fiesta, Nadal trabajó su tercera gran corona americana.

El español apenas tardó un juego en desvelar su propuesta. Buscar profundidad, ser agresivo en su primer tiro, cambiar los ritmos y mover al sudafricano desde el fondo. Sólo fue un intercambio, pero suficiente para que Anderson entendiese que su rival estaba dispuesto a presionarle en cada uno de sus saques, su principal arma. El sudafricano fue resistiendo a las amenazas, salvando hasta cuatro opciones de break.

Anderson con la tensión de su primera final, Nadal con la responsabilidad de recoger un título en el que partía como favorito, apretó la primera media hora de partido (3-3). El desenlace del primer set se hizo esperar prácticamente una hora. El manacorense consiguió firmar, al menos, el deuce en cada uno de los juegos con el servicio que el sudafricano puso en juego en la primera manga. Hasta que en el séptimo juego recogió el premio a la insistencia.

La cabeza del de Johannesburgo no resistió más, cuando Nadal encontró su quinta oportunidad de break. Una doble falta y una derecha al pasillo inclinaron la balanza del lado del español, que enlazó dos juegos más para cerrar el set (6-3) e iniciar su candidatura firme hacia su primer título en pista dura desde Doha 2014, después de 34 torneos disputados sobre cemento.

El español, con tres finales de Grand Slam esta temporada, impuso su experiencia ante el sudafricano, que afrontaba la primera posibilidad de su carrera de ascender al olimpo. Y en el segundo set, con un 94% de puntos con su primer saque, aderezados con 15 golpes y un break en la segunda oportunidad que dispuso, sirvió para dejar el duelo a un solo paso de su tercer US Open (6-3).

Para entonces la figura de Nadal se había convertido en el mayor rascacielos de Nueva York para Kevin Anderson, que vio cómo el manacorense apenas tardó un juego –el primero del tercer set– en arrebatarle su servicio. El español, sin puntos de break que afrontar en contra, con 16/16 puntos en la red y un 84% de puntos con su primer servicio culminó una actuación impecable para escribir el capítulo de una leyenda mayúscula.

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