Nadal, también en tierra de Federer

Rafael Plaza desde la ciudad de Londres

La azulada pista de la Copa de Maestros vive un partido entre leyendas, un episodio más de la historia del deporte que se escribe en el presente, una oda para degustar detenidamente en el futuro. Rafael Nadal cierra el puño porque acaba de tumbar por primera vez en este torneo a Roger Federer (7-5 y 6-3) y peleará mañana en la final ante el ganador del partido entre Djokovic y Wawrinka por el único gran trofeo que no tiene en su laureado currículo. El español, protagonista de una temporada mágica, tira otra barrera antes de prepararse para saltar la última: inclinar al maestro de maestros en cemento bajo techo, un entorno hecho a su medida, la única fortaleza que Federer mantenía virgen frente a las manos del balear.

Esta semifinal es una fiesta. “¡Vamos Rafa!”, gritan unos en la grada. “¡Allez Roger!”, responden otros. Federer, mientras tanto, engulle el partido a toda velocidad. Mandan los servicios, como él quiere (nueve puntos ganados al resto entre ambos en los ocho primeros juegos del encuentro). Se compite a dos tiros, sin intercambios, como él quiere. Además, arrincona a Nadal en la zona del revés con su derecha buscando una bola corta como respuesta, huyendo de la derecha como la liebre del fuego, como él quiere. Así se procura las tres primeras bolas de rotura de la semifinal (con 2-3 en el marcador) mientras se dice a sí mismo que es posible, que el orgullo de un corazón indomable le va a llevar donde las piernas no le alcanzan. El mallorquín, sin embargo, le recuerda por qué desea tanto este título: de ese 2-3 y bola de rotura se pasa a 5-4 y saque para Nadal, que lo entrega (5-5), e inmediatamente vuelve a romper a Federer para gobernar el primer asalto.

Nadal, que por momentos utiliza la vieja táctica de buscar el revés del suizo con su derecha combada, reducida aquí la efectividad de ese tiro porque la pelota no salta tanto como al aire libre, anula las tres opciones de break enseñando el colmillo. En tierra de Federer, las armas de Federer. Si el suizo busca las líneas, Nadal no se arruga y acepta el reto (acaba el partido con 15 ganadores por los 17 de su rival cuando ni de lejos es tan agresivo). Si Federer exprime su saque (sirve un 66% de primeros servicios y gana el 69% de los puntos), el mallorquín multiplica la eficacia del suyo (se eleva hasta un 77% de primeros saques y gana el 74% de los intercambios que se disputan sobre ese servicio, su mejor marca de lejos en el torneo). Si el campeón de 17 grandes planta sus pies sobre la línea de fondo, porque ceder terreno vale oro y los espacios son vitales, el de 13 majors le replica y se obliga a jugar dentro de la pista, a golpear sin especular, a encender el cemento azul zafiro con sus disparos color fuego.

El número uno mundial, que con su derecha plana araña una y otra vez el revés de Federer mientras varía ritmos, alturas y velocidades, explota como nadie las carencias de Federer: le gana el 60% de los puntos cuando el suizo compite con su segundo saque (12 de 20, una barbaridad) y le niega tres bolas de rotura, cuando él convierte las cuatro que posee. Ese, claro, es uno de los grandes abismos que les separan, una forma de encontrar explicación al claro cara a cara favorable a Nadal por 22-10. Ante escenario (5-7, 2-2 y bola de break), Federer, que lleva tres días seguidos compitiendo, baja los brazos. Se acabó, parece decir, porque su espíritu quiere, pero su cabeza, tantos golpes ha sufrido contra el mallorquín, tantas bofetadas, y sus piernas, tan magulladas están por el desgaste final, le vuelven el rostro dejándole solo ante la hazaña: destruir la confianza del primer hombre del ránking.

En cualquier caso, el partido radiografía la evolución de la rivalidad más importante del deporte en la última década y deja algo claro: ni este es el Nadal que se inclina cuatro veces en la Copa de Maestros ante el suizo ni este es el Federer que gobierna entonces con contundencia (a 3 juegos le reduce en 2011). Al mallorquín, de 27 años, es imposible marcarle límites porque su temporada ha rebasado los pensamientos de los más optimistas. A Federer, de 32, le queda magia a ratos, chispazos de colores, pero no tiene energías en el cuerpo para afrontar la exigencia de varios días seguidos luchando contra los mejores. Ante Nadal, su némesis de siempre, una nueva derrota en su última alcazaba inexpugnable: el cemento bajo techo.

Así está la Copa de Maestros

Semifinales

Rafael Nadal a Roger Federer por 7-5 y 6-3

Hoy, no antes de las 21.00 horas: Novak Djokovic-Stanislas Wawrinka

  • lola del castillo

    Nadal jugó correctamente , nada más . El inefable suizo está en declive, aunque lentamente, y no consigue mantener un nivel suficiente a lo largo de varios días.
    En 2010 Nadal jugó mucho mejor, pero perdió en la final contra el inefable suizo porque la semifinal contra Murray duró más de tres horas y aún así llegó al tercer set.

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