Nadal ya ha llegado

Rafael Plaza desde la ciudad de Londres

Si esta no es la mejor versión de Rafael Nadal, poco le falta. En su segundo partido en la Copa de Maestros de Londres, el mallorquín derrotó 6-4 y 6-1 a Andy Murray (en 1h31m) y dio un paso gigante para estar en las semifinales del próximo sábado (a falta de ver qué ocurre en el Wawrinka-Ferrer), que ayer alcanzó Roger Federer (7-5 y 6-2 a Novak Djokovic). Pese a sacar mal (por debajo del 42% de primeros casi toda la tarde, elevado al final hasta el 51%), el campeón de 14 grandes completó un cruce lleno de buenas noticias: para ganar al número dos del mundo con ese pírrico porcentaje al servicio hacen falta muchos argumentos irrebatibles, más aún en pista cubierta (67,9% de victorias por el 77,3% de su rival). Murray, uno de los mejores restadores del planeta, terminó desangrado en errores (29), fue incapaz de seguir el ritmo infernal que planteó su rival y decidió que lo mejor era cortarse un mechón de pelo con unas tijeras durante un descanso. Cuando se apagaron las luces, Nadal solo pudo reconocer lo evidente: “A día de hoy, estoy jugando otra liga”.

El partido se cocina a fuego lento. Pasan 35 minutos y los contrarios (que se rompen el saque de entrada) solo han disputado seis juegos, tal es la igualdad en cada intercambio. Durante esa primera media hora, Nadal no quiere ver el revés de Murray ni en pintura. El mallorquín lo tiene claro: su única diana es la derecha del número dos, que sufre más por esa zona de la pista. El español, en cualquier caso, juega suelto y se atreve con todo. Es Nadal disparando paralelos, un termómetro que demuestra cómo está su confianza. Es Nadal combando la bola con profundidad, obligando a Murray a dar dos pasos atrás, empujándole contra la valla. Es Nadal defendiéndose con maestría, usando el cortado para quitarle velocidad a la pelota y corriendo como si todavía fuera un chaval. Finalmente, es Nadal a cuerpo completo.

Murray va sobreviviendo como puede, recomponiéndose según avanza el reloj. Hasta en dos ocasiones salva un 15-40 (con 2-3 y 3-4), agarrándose al partido con las agallas que tiene, unas que lleva en el ADN. Nadal no pierde la calma, algo habitual en su 2015. Aunque deja escapar todas esas oportunidades para tomarle el pulso al marcador, el español llega intacto al 5-4, donde se procura otras tres bolas de rotura (0-40). Cuando convierte la primera, se acaba el encuentro. Adiós Murray, nos vemos en la siguiente porque aunque aún debamos disputar el segundo set este partido lo acabo de ganar yo.

El mallorquín, que rompe de entrada al número dos en ese segundo set y le maniata hasta que cierra la victoria final (con Murray desesperado, desencajada, casi desaparecido), se enfrentará el viernes con David Ferrer. En estos momentos, su juego no miente: la recuperación del campeón de 14 grandes se acerca a toda velocidad a sus etapas finales. Cuidado, Nadal ya ha llegado.

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