Nadal explota la altura

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

Es la segunda ronda del torneo de Río de Janeiro y Rafael Nadal está en problemas: Pablo Carreño, el aspirante a la victoria, tiene un plan que le funciona tan bien como un coche recién salido del concesionario. El número tres del mundo acaba de perder el saque y compite con los colmillos fuera intentando recuperarlo. A su rival le da lo mismo. El joven de 23 años, que viajó este invierno a entrenar con el campeón de 14 grandes en Manacor, no se deja impresionar por la leyenda de su oponente sobre tierra batida, suficiente para dejar de piedra a cualquiera que se cruce en su camino. Carreño pelea descarado. Sin respeto. Con el miedo bien lejos de su brazo. Ataca a tumba abierta y tiene una madurez que su cara de niño se empeña en negar. Nadal, por momentos atrapado, a ratos amordazo, encuentra en la altura la solución para encarrilar el triunfo: sus tiros combados, tan altos que parecen chocar la mano con la luna, empujan a su enemigo hacia atrás. Esa parábola disuelve lentamente el brío del número 55 y abre una puerta que el número tres cruza para llegar con vida al viernes. El mallorquín, a un triunfo de convertirse en el décimo jugador de siempre con más victorias, gana 7-5 y 6-3 en en 2h01m para citarse con el uruguayo Pablo Cuevas por el pase a las semifinales de su primer torneo en arcilla desde Roland Garros 2014.

Carreño jugó la primera media hora con una inspiración difícil de mantener. Tutelado por Javier Duarte, protagonista en la conquista de la primera Ensaladera (2000) y técnico de Àlex Corretja, el joven de 23 años compitió sin arrugarse. El número 55 se quitó con arrojo toda la presión que debería haber sentido, porque él es la única esperanza para que la siguiente generación de La Armada no caiga en picado después de tantos años de gloria y galones colgados en el pecho. En consecuencia, fue un duelo generacional. Cruzado con el mejor representante de esa era dorada, el gijonés combatió con soltura, libre de ataduras. Fue su quinto partido ante un top-10 (tercero frente a un exnúmero uno después de cruzarse con Federer y Djokovic) y la mejor demostración de que tiene potencial para no quedarse parado en la mitad del ránking, donde está ahora mismo.

1h13m consumieron los dos oponentes en la primera manga, que se discutió con intensidad, ritmo y golpes salvajes, un esfuerzo que dejó secos a ambos. Carreño atacó la victoria de línea en línea y castigó cada titubeo de su rival con un guantazo de realidad. Suyo fue el primer break del encuentro (3-2), suyo el coraje (salvó cuatro bolas de set antes de inclinarse en una exhibición de pundonor) y suya la juventud, que posiblemente le nubló la vista en los peloteos decisivos donde se decidió el triunfo, que fueron cinco porque el favorito ganó 76 puntos y el candidato 71, una estrecha diferencia donde el primero puso experiencia y el segundo un torrente de lozanía.

Nadal reaccionó como un perro viejo. El mallorquín sacudió el partido con golpes imposibles: aquí un pasante lleno de magia, allí una derecha escupida desde las entrañas del volcán. Las piernas como el primer día, rebosantes de energía. Como eso no bastó, tanta fue la rebeldía con la que batalló su rival, el número tres explotó uno sus planes de toda la vida, llevado al extremo en la noche de Río. El campeón de 14 grandes envolvió la pelota hasta que su contrario dio un paso atrás. Y luego dos. Y luego tres. Su bola cruzó la red con un margen de seguridad altísimo y botó a la altura del hombro del número 55, que no tuvo otro remedio que recular. Así, el número tres pasó de defenderse constantemente a buscar la vía para ganarse una posición en la pista que le permitiese gobernar, lo que sucedió en la segunda manga.

En cualquier caso, Carreño hizo todo lo que pudo para ganar: solventó varios de sus turnos de saque en blanco, presionó al resto continuamente, casi dobló en ganadores a Nadal (30 por 22), cometió menos errores no forzados que el mallorquín (19 por 20) e incluso siguió peleando con fiereza después de entregar la primera manga, cuando podría haber sacado bandera blanca tras la titánica brega de la primera hora y… perdió. Acabó marchándose entre los aplausos del campeón, que celebró la victoria como un paso más de la recuperación que emprendió cuando regresó al circuito en Doha.

Ahora, Nadal jugará los cuartos de final ante Cuevas con una certeza. El mallorquín se marchó a descansar siendo consciente de lo mucho que le puede haber ayudado superar un pulso cocinado en el sufrimiento. Eso tendría que servirle para evitar situaciones como las que sufrió de nuevo frente a Carreño. Cuando sacaba por el partido, después de mil vaivenes, encaró una bola de rotura tras dos errores impropios, fabricados por los nervios. Fue un diagnóstico que no necesitó ser firmado por el doctor: la huella de la falta de competición, esa que tanto se ha esforzado por borrar, se asomó tímidamente en la arcilla brasileña.

  • Miguel Angel Semper

    Mal cliente Cuevas para jugarse unas semis en arcilla. Bravo por Rafa y bravo por Carreño, gran partido ofrecieron. Nadal tiene que ganar esos automatismos pronto o puede saltar la sorpresa ante el uruguayo, que está muy fuerte. Para mí, la final anticipada: Nadal-Cuevas.

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