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Nadal doma dos partidos en uno

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

Un partido de exigencia ascendente necesitó superar Rafael Nadal para plantarse en los cuartos de final de Pekín. El español, que ha coronado el torneo en una ocasión (2005) y lo rozó en otras dos ediciones (subcampeón en 2013 y 2015), desbordó al francés Adrian Mannarino (6-1 7-6(6) en un choque con dos caras para volver a encontrar la vía hacia las rondas decisivas. Así, y tras solventar los dos primeros choques sobre la capital china medirá este viernes al búlgaro Grigor Dimitrov (vencedor por 6-7(3) 7-6(0) 6-4 ante Lucas Pouille) buscando un lugar en las semifinales.

En una línea de continuidad con el nivel mostrado en los Juegos Olímpicos y el Abierto de los Estados Unidos, el semblante del mallorquín no pudo ser más claro durante la primera manga. En consonancia con el primer partido ante Lorenzi, e hilando tres mangas notables (6-1, 6-1, 6-1) para tomar voz en el torneo, el español marcó el terreno como pocas veces en toda la temporada. Rápido de piernas, con un revés preciso y variado y una voluntad permanente por inculcar curva en su golpe de derecha, Nadal gobernó con comodidad el arranque del partido. Mostrando la altura del techo antes de que el rival pudiera presentar batalla.

Su capacidad de ataque encontró el tino (13 tiros ganadores) sin perder la precisión (seis errores no forzados), reduciendo a Mannarino sin remisión en el fondo de pista, entregado ante la intensidad del español, que tuvo opciones de quiebre en todos sus juegos al resto y cedió apenas cuatro puntos al colocar la pelota en juego.

Lejos de ofrecer un partido plano, Mannarino elevó el nivel en la segunda manga hasta ofrecer una batalla pareja. Fue el punto de inflexión en un choque de dos caras: de la sumisión a la rebeldía; de la inferioridad a la valentía; del confort al estrés. Ante eso, la tranquilidad del español para aceptar a un rival tan imprevisible como creciente. Las manos rapidísimas de Nadal contuvieron el empuje del francés, dispuesto a atacar la mitad de pista y acelerar el ritmo del partido con el revés como alternativa al desequilibrio del inicio.

Ante los colmillos, la autoridad de Nadal: si Mannarino quiso morder el partido, Rafa enseñó la dureza de la misión. Tras un primer juego al servicio que exigió hasta cuatro deuce al español para salir adelante, el galo pagó las consecuencias perdiendo su saque. Fue un capítulo asilado del partido, pero suficientemente significativo para calar en la psicología del choque. Una tónica habitual en el de Manacor: pedir el máximo al rival hasta romper su voluntad.

En un partido controlado ante los fogonazos del oponente durante el parcial (Mannarino recuperaría un break, pasando del 1-2 al 3-3) y los últimos coletazos en el tiebreak (Nadal necesitó levantar un 0-2 y ver dos minibreaks perdidos antes de agarrar la victoria), el español se probó ante el test de dos escenarios diferentes: el viento a favor del inicio y una pelea abierta en el desenlace, mostrando su capacidad para apretar la mano en partidos blancos y negros.

Con la voluntad de seguir acumulando partidos y acomodando el cuerpo para el final de la temporada, la misión de Nadal sigue adelante en Pekín: ir ganando peso con el paso de los encuentros.

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