Nadal desgasta a Mayer

Javier Méndez desde la ciudad de Nueva York

El murmullo de la Arthur Ashe, testigo de tantas sorpresas durante este US Open huérfano de favoritos a estas alturas de competición, cuchicheó durante las dos primeras horas la posibilidad de despedirse del principal favorito -por ranking- a levantar la corona en Nueva York. Pero en la batalla de desgaste Rafael Nadal es indestructible. Inmortal. Probablemente, el mejor de la historia. Leonardo Mayer propuso una nueva prueba de resistencia, física pero sobre todo mental, de la que el español volvió a escapar reforzado (6-7[3], 6-3, 6-1, 6-4), directo a los octavos de final del US Open.

“Me preocuparía si estuviera de camino a casa”, señala Nadal que completa una primera semana en Flushing Meadows sin el brillo de Roland Garros, ni la autoridad durante la primavera en arcilla o la chispa de Australia. Pero mantiene una seña de identidad constante no sólo durante esta temporada, también sobre su carrera: carácter y oficio. “Claro que podría haber jugado mejor, pero también es verdad que en estos dos partidos, decir que eres mejor que el rival cuando pierdes el primer set queda extraño”, continúa explicando. “Si no aprovechas las oportunidades parece que todo se complica mucho, pero tampoco vamos a decir mentiras y obviar que si gano uno de estos puntos, tanto hoy como uno de estos días, el partido hubiese cambiado por completo”.

De poco importó que viese escapar una tras otra hasta seis opciones de break para adelantarse en la primera manga. Todas se esfumaron dejando como único destino el tie-break. “Claro que hay nervios, cuando dejas pasar oportunidades de break. Van pasando oportunidades, pero mantienes esperanzas de que por suerte o por descarte vas a ganar a alguna”. Pero al manacorense le faltaba veneno en los golpes, Mayer mordía cada uno de los tiros cortos desde el otro lado de la red. Y en el laberinto de oportunidades perdidas, Nadal dejó escapar la primera manga.

Los errores devoraron cualquier candidatura para decantar la balanza de su lado en el desempate durante la primera hora de partido. La muñeca de Nadal fue subiendo la temperatura, activó las piernas y despejó la cabeza después de resolver su primer break con éxito.

–No sé cuantos puntos de quiebre tuve…
–14 –interrumpió en el micrófono de la ESPN de Pam Shriver a pie de pista.
–Desde luego no es un buen resultado –sonrió el español.

Hasta el octavo juego de la segunda manga, el número uno del mundo no logró abrazar su oportunidad dos horas después de golpear la primera bola al inicio del partido. “No he estado resolutivo de la manera en la que tenía que estarlo en estos dos partidos. Creo que hoy he jugado mucho mejor que el otro día, he generado más oportunidades ante un rival de nivel. Producir 25 pelotas de break también es una gran noticia, quiere decir que algo has hecho bien. Estoy feliz por dos cosas: no haberme desesperado y soltarme cuando hice el break”, valora.

Pero cuando lo hizo, después de dejar escapar 13 opciones antes, recuperó la confianza para empujar al argentino detrás de la línea, tomar el mando con la derecha e igualar el partido. A partir de entonces recuperó la fluidez en su juego, mientras Mayer fue apagando su inspiración. “Confío en que el partido de hoy sea un punto de inflexión. Puede haber sido un buen punto de partida. Después del break creo que mi drive ha empezado a funcionar bien. Lo único que se tiene que apuntalar es la confianza con el drive, me moveré más rápido y seré capaz de producir esa sensación de rodillo”.

En prácticamente una hora más encadenó dos sets para avanzar a la cuarta ronda del US Open, con un total de 39 golpes ganadores y 26 errores no forzados, la mitad que el de Corrientes (52). Nadal aseguró su presencia en la segunda semana de todos los Grand Slam este año, algo que no ocurría desde 2011.

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