Maestro suizo

Javier Méndez desde la ciudad de Madrid

Durante toda su carrera ha exhibido una capacidad sobrenatural para materializar lo que nadie creía posible. Cuando prácticamente nadie vaticinaba que Roger Federer pudiera regresar a la primera línea mundial, respondió con la misma máxima que ha distinguido su carrera. En Indian Wells confirmó que su raqueta sigue conservando el hambre de siempre, pero ahora con más experiencia que nunca. Y este domingo conquistó frente a su compatriota Stan Wawrinka el segundo título de la temporada (6-4, 7-5) confirmándose como el mejor jugador de 2017.

Federer ya sólo juega para ganar. Aunque el talento es imperecedero, a sus 35 años ha consolidado sus cimientos para recuperar su espíritu ganador. Y precisamente en el desierto del Valle Coachella se estableció como el hombre de más edad en colocarse una corona Masters 1000, superando a Agassi que guardaba el récord en Cincinnati 2004 con 34 años y 3 meses. Si bien el suizo está recogiendo trofeos en casi la totalidad de sus participaciones durante este curso (Abierto de Australia e Indian Wells), la respuesta a su éxito se remonta hasta el pasado 26 de julio.

Aquella fue fecha señalada en rojo en el calendario del jugador que hoy añadió el título 90 a su vitrina. Decidió que no jugaría más durante toda la temporada, que había llegado el momento de resetear, detener por primera vez una rutina diaria implantada durante más de veinte años para descansar, disfrutar de su vida familiar y reconstruir los pilares de su carrera junto a su equipo. El cóctel a todo o nada fue perfecto. Seis meses lejos de las pistas limpiaron una cabeza saturada y revitalizaron las piernas de un veterano con ambición de aspirante.

Y Wawrinka pagó la sed de su compatriota. Federer se desliza como una pluma, baila con sus rivales una melodía que imponen las cuerdas de su raqueta. Suena la música, les seduce y sentencia. A su ritmo y antojo. Y todo aderezado con una confianza infinita. El de Lausana padeció el mismo guión que antes sufrieron Nadal, Sock o Johnson: solidez con el servicio y la agresividad desde el primer tiro al resto para tomar el control. Así, con un 83% de éxito con su saque y transformando su única oportunidad de break en el set ató la primera manga (6-4).

En el segundo set le obligó a resistir a una situación poco común en este arranque de año –sólo ha cedido uno de sus 14 partidos– jugar en desventaja desde el inicio. Pero reaccionó de inmediato y manteniendo las mismas constantes vitales, sin miedo a subir a la red y con 23 golpes ganadores cerró el título 25 de Masters 1000.

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