Goffin aguanta más que Nadal

Javier Méndez desde la ciudad de Londres

Eran dos baterías prácticamente agotadas al final de esta temporada. Tanto Rafael Nadal como David Goffin se presentaron en Londres con el depósito en la reserva, después de una larga campaña en la que el físico les obligó a desembolsar un excesivo peaje en el último suspiro del año. El español, que tuvo que retirarse en París-Bercy debido a una carga de estrés en la rodilla derecha, apuró sus opciones para saltar al O2 este lunes, por su parte el belga tras un agónico sprint en el tramo final del curso, apenas tenía oxígeno en la recámara y una protección en la rodilla izquierda. Pero el duelo inaugural de las ATP Finals cayó del lado del más fresco e inspirado: Goffin 7-6(5), 6-7(4), 6-4.

En este contexto el partido careció de brillo, sobre todo, en el primer set, donde los errores –acumularon 35 entre ambos en este parcial– se impusieron a los aciertos. Y eso que el belga trató de mandar con el revés y encontró en el saque un aliado para firmar puntos gratis (7 aces en la manga inicial). Así trabajó la primera ventaja del partido, con un break que le permitió escaparse 3-1. En apenas 15 minutos, con un 86% de éxito con el primer saque, Goffin parecía tenerlo todo bajo control.

Pero más allá del acierto de la muñeca y de la fluidez de piernas, Nadal obligó a su rival a conectar siempre una bola más. Y recogió premio. En la primera opción de break que disfrutó no dejó escapar la oportunidad para igualar 3-3. Pero Goffin volvió a insistir sobre el endeble porcentaje del español con el saque (55%) y arañó un nuevo quiebre (6-5) para cerrar el set con su servicio. Sin embargo, el No. 1 del mundo sacó sus galones para estirar el set hasta un desempate, donde imperó una vez más la locura de una ruleta que sentenció al manacorense (7-5).

A partir de entonces empezó la exhibición de corazón. Nadal resistió con el único arma que le quedaba en la mochila: resistir, agarrase y pelear hasta el final. Hasta donde su físico le permitiera y su muñeca le espolease. La actitud nunca se discute. Y así lo hizo. Una vez más. Primero, cuando con 5-3 restaba para mantenerse con vida en el partido, devolviendo un break; luego, salvando un punto de partido antes de igualar 5-5; y, finalmente, defendiendo tres match points más (5-6, 0-40) para llevar el set al tie-break.

A Goffin no parecieron pasarle factura las oportunidades perdidas. El belga apenas tardó en adelantarse 2-0 en el desempate. Pero el español brilló como no lo había hecho hasta entonces. Passing de revés, derechas afiladas y talento en la red desmontaron al No. 8 del mundo, que careció del corazón que sobró al otro lado de la red para estirar el encuentro hasta la tercera manga.

El belga aceleró, entonces, activó un rodillo que atropelló a Nadal con un 4-1 inicial. Pero la historia volvió a repetirse. El español remó a contracorriente, cuando estaba con el agua al cuello y prácticamente cada apoyo expresaba el dolor de la agonía. Un quiero y no puedo. Y en ese querer, el campeón de 16 Grand Slam recortó un break para colocarse 4-3, y en ese no puedo, ya era demasiado tarde. El partido ya había escrito el nombre de un ganador, Goffin, y el de un gladiador eterno, Nadal.

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