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Garbiñe es el fuego

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

Si así se marca el territorio, fue una lección para tomar apuntes. Garbiñe Muguruza volvió a deslumbrar en las WTA Finals de Singapur, sumando su segunda victoria en la fase de grupos al derrotar a la alemana Angelique Kerber (6-4 6-4), tomando en solitario el liderato del grupo, toda una prueba de madurez siendo una debutante, y siguió perfilando ese aspecto de candidata a todo bajo la cubierta asiática. La caraqueña, que alimenta día a día su impulso ante el orden establecido -acumuladas ya nueve victorias ante el top10 en 2015, nadie golpeó más a la élite esta temporada-, aparta tenistas de élite como quien se seca el sudor en verano. Así, y tras volver a imponer su juego convencido en Singapur, sin ceder un solo set en sus dos primeros partidos, se jugará este viernes -un set sellaría el billete sin depender de terceras- el pase a semifinales ante la checa Kvitova, todo un espejo al que mirarse al ser la última jugadora que logró alzar el título de maestra en su debut.

Antes de pensar en ello, un choque eléctrico de los que dejan huella. Ante la zurda Kerber, una rival con la moral roída tras perder todas la batallas de 2015 ante Muguruza (Roland Garros, Wimbledon y Wuhan), Garbiñe superó un partido donde los nervios podían quedar al desnudo. Para plantar cara a un ritmo de pelota referente en el circuito, el de una atleta que goza en labores de remolque, altísimo ritmo y desgaste, Garbiñe tomó el partido desde la concentración y el orden creciente -36 golpes ganadores por apenas 28 errores no forzados-, con más tino que imprecisiones, alejando cada vez más de su sistema guarismos de tenista al todo o nada. En un partido que pudo dar mil vueltas con el transcurso de los juegos, Garbiñe fue la calma. Y pese a romper de entrada a su rival (1-0) aceptó ver cómo el muelle que es Kerber pudo equilibrar de inmediato el encuentro (2-2) y se arrojó a un partido competido al límite.

Entre lo frenético del choque, con dos tenistas de transición tremenda, muy hábiles para convertir en ataque casi cualquier fase defensiva, una táctica predominante. Ambas pujaron por encontrar el revés rival con la derecha cruzada, abrir la pista y soltar el golpe paralelo a campo abierto. Zurda. Diestra. Toda una pelea por controlar el centro de pista y girar a la rival desde el dominio. Un baile acompasado, buscando horadar el flanco menos imponente de la contraria. En esas Garbiñe, que golpeó con barbarie, concentrando hasta 19 tiros ganadores en un solo set, una cifra monumental ante una de las tenistas con mejor cobertura del circuito, terminó cercando un primer set que dejó a Kerber desgañitada tras volver a ceder su saque en un momento crítico (5-4), perdida a gritos con su entrenador al vislumbrar de nuevo a su bestia negra.

Si algo demostró la de Bremen, un sello personal, fue la resistencia ante los miedos. En un arranque de segundo set vibrante, con tres pelotas de quiebre que pudieron lanzar a Muguruza, Angelique aguantó a puro pulmón, sin temor a lanzarse con tiros planos en paralelo cuando la oportunidad así lo quiso. También demostró tenacidad Garbiñe, capaz de generarse opciones de quiebre en todos los juegos al resto del segundo set. Así, con una presión tremenda y buscando romper el ritmo del juego con golpes cortados,  una rareza de emergencia, la alemana cedió el saque mediado el set. La alemana, acorralada por el marcador, ofreció entonces un abanico de dejadas y pelotas cortas buscando las grietas de la caraqueña en una mitad de pista no siempre controlada. Allí, donde debe coordinar las piernas y torcer el corpachón, Garbiñe se marcha con decisión. ‘¡Aquí tampoco está la llave!’ parece decir la número 3, que recoge una y otra pelota a dos palmos del suelo rompiendo en mil pedazos cualquier atisbo de amenaza.

Allí pareció descoserse el encuentro a la zurda de Bremen, perdida entre un patrón de fondo superado en potencia y agobiada cuando improvisó buscando aire cerca de la red. Con el coraje por bandera, sin embargo, Angelique buscó un último resquicio cuando el partido parecía decir adiós: una acertada revisión evitó el 5-2 cuando Garbiñe ya marchaba a la silla y remó hasta colocar el 4-4, resistiendo en un choque donde la normal sería bajar los brazos.

Entonces, con una nueva vida en las manos, el partido alcanzó al clímax. Eso no era tenis, ya no hay táctica, sino puro instinto con una raqueta en la mano. Con terroríficas defensas, con las rodillas en el suelo para quitarse pelotas de los pies, Kerber remó para sobrevivir al fuego. Exigió la vida en cada punto, corriendo kilómetros, levantando el puño, gritando al aire. Todo un intercambio de virtudes ante Garbiñe, que atacó la pelota sin cerrar los ojos. Tú proteges, yo desbordo . Puro deporte de poder a poder. Un arreón final en el que Muguruza probó estar lista para ir al límite si ir al límite es lo que se precisa.

En Singapur, donde las más fuertes plantan cara, otro mensaje: el convencimiento de Garbiñe para batirse contra todas.

Kvitova reacciona a tiempo

La campeona de 2011 tomó el testigo para mantener intactas sus opciones de clasificación. La checa Petra Kvitova se impuso (7-5 7-5) en un cruce de compatriotas ante la debutante Lucie Safarova y tomó cierta velocidad en indoor un tipo de escenario donde tiende a multiplicar su peligro. Ahora, tras colocar el equilibrio en su balance de resultados durante la fase de grupos, deberá buscar el pase a las semifinales del torneo ante la española Garbiñe Muguruza.
Consulta las clasificaciones de la fase de grupos de las WTA Finals de Singapur.
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